A principios del mes de julio la Unión Europea tomaba otra controvertida decisión en torno a su política sobre Organismos Modificados Genéticamente (OMG). Así, la variedad de maíz transgénico Mon 810, prohibido en ocho países miembros, era autorizada de nuevo mediante un informe de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, en sus siglas en inglés), institución perteneciente a la UE que, tras revisar la documentación disponible y las pruebas científicas realizadas, ha concluido que el maíz Mon 810 es tan seguro como el tradicional, no existiendo indicio alguno sobre efectos adversos en la alimentación humana o en el medio ambiente.
Esta agencia ha sido ampliamente cuestionada por grupos ecologistas por su dudosa independencia y por su falta de capacidad para realizar un análisis continuado sobre los impactos de los transgénicos. “Como respuesta frente a esta decisión, 12 países comunitarios han publicado un escrito para cuestionar el informe de la EFSA, alegando que faltan aún puntos por resolver antes de autorizar el cultivo”.
Dudosa resolución
“La propia EFSA reconoció recientemente
que no es capaz de evaluar
los impactos de los transgénicos a
largo plazo por que no tiene recursos
suficientes”, declaraba a DIAGONAL
Juan Felipe Carrasco, portavoz
de la campaña sobre transgénicos
de Greenpeace. Pese a todo,
la Agencia ha renovado los permisos
de comercialización del maíz
transgénico, cuya autorización había
expirado recientemente. Y lo
ha realizado en un contexto de críticas
generalizadas, tras la reciente
prohibición alemana de cultivar este
tipo de maíz a raíz de varios estudios
que evidenciaban riesgos
para el medio ambiente. “Este maíz
está diseñado para resistir frente a
un insecto. Pero existe un estudio
que demuestra que este cultivo
emite una toxina que además elimina
a microorganismos del suelo
que se encargan de fertilizar el sustrato.
Por tanto, el cultivo está dañando a la biodiversidad en general, y lo que se vende como la solución al hambre del mundo está contribuyendo a que empeore la situación en este sentido”, explicaba Carrasco. De hecho, fruto de los resultados de este estudio, en Francia se aplicó el principio de precaución y este país formalizó la prohibición de cultivar maíz Mon 810.