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ARTES ESCÉNICAS

Un siglo de encuentros

Desde la primera película sonora hasta la actualidad, el jazz ha sido un acompañante privilegiado del cine. Bandas sonoras, apariciones estelares, argumentos y hasta películas rodadas a ritmo de jazz. Hacemos un repaso a las más interesantes.

PAULA CASTILLEJOS
Miércoles 11 de noviembre de 2009.  Número 112  Número 113

De la relación entre cine y jazz podría decirse que nacieron a un mismo tiempo –finales del siglo XIX–, desde muy jóvenes se les vio coquetear juntos y que todavía hoy, tantos años después, se les puede ver cogidos de la mano en muchas ocasiones. Aun así, no fue hasta la llegada del sonoro cuando se formalizó su unión. La primera película hablada fue El cantor de jazz (1927, Alan Crosland) en la que el protagonista, Al Jolson, debido al racismo de la época y a la imposibilidad de tener un actor negro, aparecía con el rostro tiznado con carbón. De 1929 es el corto St. Louis Blues (1929, Dudley Murphy), una película mucho más interesante que la anterior, protagonizada por Bessie Smith, ‘la Emperatriz del blues’, junto a la orquesta de Fletcher Henderson y mucho humo, alcohol y músicos negros, compañeros que el jazz siempre ha agradecido a su lado. A partir de ahí, cine y jazz han tenido numerosos encuentros y sus relaciones han adoptado formas muy diversas: como soporte musical de las imágenes, con auténticos grupos de jazz apareciendo en alguna secuencia, recreando la vida de algún artista o bien en formato documental.

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‘Shadows’ La película de John Cassavettes fue rodado con un tempo jazzístico

Jazz y género negro

Durante los ‘30 y los ‘40, muchas canciones del género pueden escucharse en musicales como Birth of the blues (1940, Schertzinger) o Stormy Weather (1943, Andrew Stone). Pero, sobre todo, destaca el cine negro que es, por atmósfera y ambiente, el género más jazzístico. Algunas muestras son Scarface (1932, Howard Hawks), El abrazo de la muerte (1948, Robert Siodmak) o La jungla de asfalto (1950, John Huston). A partir de mediados de los ‘40 la vida de algunos músicos de jazz pasa a ser el argumento principal: The fabulous Dorsey (1947, Alfred E. Green) sobre los hermanos Dorsey o The young man with a horn (1950, Michael Curtiz), que trata sobre el gran cornetista Bix Beiderbecke, con Lauren Bacall y Kirk Douglas como protagonistas; cine aséptico protagonizado por músicos blancos. Cuando los protagonistas eran negros las cosas cambiaban y se cometían ciertos atropellos. Un ejemplo es New Orleans (1946, Arthur Lubin) en la que aparecen artistas tan Desde la primera película sonora hasta la actualidad, el jazz ha sido un acompañante privilegiado del cine. Bandas sonoras, apariciones estelares, argumentos y hasta películas rodadas a ritmo de jazz. Hacemos un repaso a las más interesantes. grandes como Louis Armstrong y Billie Holiday, en papeles de mozo de cuadra y sirvienta. A principios de los ‘50 el cine americano realizó una serie de largos en los que aparecen artistas del momento: The blue gardenia (1953, Fritz Lang), con Nat King Cole, o Pete Kelly’s (1955, Jack Webb) con Peggy Lee. En 1959 destaca la indispensable Shadows, ópera prima de John Cassavettes, uno de los padres del cine independiente, con música de Charles Mingus, de la que se podría decir que posee estructura de jazz, pues su trama está abierta a la improvisación de sus intérpretes. De ese mismo año es la banda sonora que compuso Duke Ellington para Anatomía de un asesinato (1959, Otto Preminger). En la vieja Europa se están sentando las bases de la nouvelle vague, cuyo espíritu tiene grandes conexiones con el mundo del jazz. Uno de los mejores ejemplos es Ascensor para el cadalso (1957, Louis Malle) con música de Miles Davis, uno de los grandes discos del siglo XX; y las partituras jazzísticas de Al final de la escapada (1959, Goddard) o Disparen sobre el pianista (1960, Truffaut). De 1958 data la primera película española con banda sonora de jazz. Se trata de Un vaso de whisky, de Julio Coll, que había dirigido esa pieza de cine negro patrio llamada Apartado de correos 1001 y que en 1971 publicó Variaciones sobre el jazz.

Bandas sonoras

A partir de los ‘60, con la consolidación del cine de autor, el jazz empieza a ser música natural en muchas bandas sonoras. Destacan la de Las relaciones peligrosas (1960, Roger Vadim) con música de los Jazz Messengers de Art Blakey; y Blow-up (1966, Antonioni) basada en un cuento de Julio Cortázar, que cuenta con Herbie Hancock. A principios de los ‘70, superado ya el complejo de inferioridad del cine americano frente al cine de autor europeo, el jazz aparece en unas cuantas películas que merecen especial atención. Play misty for me (1971, Clint Eastwood) cuenta la historia de un locutor de radio que programa con asiduidad música del pianista Erroll Garner. En Lady sings the blues (1972, Sidney J. Furie) Diana Ross encarnó a Billie Holiday, cuya figura y música se merecían una película mejor. Si realmente se quiere ver a la dama del jazz en toda su grandeza hay que verla en los diez gloriosos minutos de Fine & Mellow (1957, The sound of jazz, Jack Smight). Por entonces Woody Allen conocerá el éxito con Annie Hall (1977), Manhattan (1979) o Zelig (1983) en las que no faltan temas de jazz. En 1999, con Acordes y desacuerdos, rendirá su particular homenaje a uno de los grandes guitarristas del género, Django Reinhardt. Y así, dejándonos intoxicar por esta música que Juan Claudio Cifuentes definió como “el humo del tabaco”, hemos llegado a nuestros días, más de cien años después de que el jazz entablara su particular relación con el cinematógrafo y juntos protagonizaran, al igual que las parejas de otro tiempo, muchos momentos inolvidables de su existencia.


Los ‘80 y los ‘90, de Spike Lee a Clint Eastwood

A mediados de los ‘80, otro cineasta que ha maridado a la perfección cine y jazz, Spike Lee, dirigió su ópera prima, Nola Darling (1986), con banda sonora compuesta por su progenitor, contrabajista de jazz. En esta línea continuaría con Haz lo que debas (1988) o Cuanto más mejor (1990) basada en la vida de Wynton Marsalis. En 1986, Bertrand Tavernier firmó Alrededor de la medianoche, interpretada por el saxofonista Dexter Gordon. La banda sonora, compuesta de nuevo por Herbie Hancock, es otro disco más que recomendable. Al año siguiente se hizo un documental imprescindible, Straight no chaser (1987, Charlotte Zwerin) sobre Thelonious Monk financiado por Clint Eastwood, en el que se muestra su particular universo lleno, a partes iguales, de música y soledad. Un año después el propio Eastwood se puso al otro lado de la cámara para dirigir Bird, una reconstrucción de la biografía de Charlie Parker. En su banda sonora pueden oírse los solos originales del gran saxo alto ‘acompañado’ por famosos músicos del jazz actual. Ese mismo año Bruce Weber realiza Let’s get lost, un documental sobre Chet Baker del que el crítico Jordi Costa dijo que “ofrece un privilegiado testimonio de ese feroz pulso entre turbulencia y fragilidad que Baker destiló en belleza perdurable”. Los ‘80 y los ‘90, de Spike Lee a Clint Eastwood

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