
La generación de Pablo Cobollo es inmediatamente posterior a la de “la movida” madrileña. La pregunta que toca es introductoria: ¿se puede hablar de una generación en el caso de la tuya?
Yo comencé algo tarde en el tema de la música. Monté, digamos “en serio”, mi primer grupo, Los Calambres, en 1987, cuando tenía 20 años. Los grupos que surgieron a finales de los ‘80 y principios de los ‘90 nos encontramos con un panorama realmente árido; el mundillo underground, de bandas y sellos independientes, que en la llamada “movida” había tenido una vitalidad desbordante, se había reducido a un pequeño círculo de artistas consagrados y compañías discográficas con los mismos planteamientos que las multinacionales.
Lo que se heredó fue precisamente la resaca de toda aquella fiesta punk, que en gran parte fue “la movida”, y, sobre todo, cierto desengaño hacia lo que pretendiese presentarse como “independiente”, “alternativo”, “underground”, y cosas así. A mi modo de ver, los más interesantes de aquella generación, en España, fueron Demonios Tus Ojos, Corcobado y los Chatarreros de Sangre y Cielo, Vamos a Morir y 713’avo Amor, que daba la coincidencia que cantaban todos en castellano.
Y luego había otra serie de bandas, también un tanto inclasificables y extemporáneas, como por ejemplo Patrullero Mancuso, El Niño Gusano y, el grupo en el que yo cantaba y tocaba, Soul Bisontes, con unos planteamientos menos oscuros, pero igualmente originales.
¿Teníais algún referente generacional?
Creo que el “referente generacional” de aquella generación era precisamente la ausencia de referentes… Creo que por eso se la llamó “generación x”, ¿no? (risas).
¿En quién te fijabas?
A finales de los ‘80 me sentía igual de cerca del “sonido Manchester”, nada oscuro, que de la música punkabilly, claramente siniestra, pero luego, en los ‘90, me inspiré sobre todo en el rock psicodélico de los ‘60. Y este estilo también influenció, por ejemplo, al grunge, pero nada más; cada cual lo interpretaba a su manera, no había más coincidencia.
¿Persiste todavía alguna sensación de pertenencia a algo?
Cuando en el mundo del espectáculo no se “triunfa”, es decir, cuando, después de 25 años, uno no se ha profesionalizado, es muy difícil sentir la pertenencia a una generación de músicos.
Desde que no tocas con Soul Bisontes parece que tu banda la componen objetos, pequeños cacharritos que te hacen los coros. ¿Qué bichos son esos?
Se trata de “doo rags”, juguetes de niños tuneados como sintetizadores aberrantes. Y también me sirvo de una máquina de hacer “loops”.
¿Echas en falta hacer música en directo con banda humana?
Tocar con otros músicos es muy divertido, sobre todo para improvisar, pero también puede ser muy complicado cuando tienes muy claro qué clase de arreglo tiene que sonar. Pero produciendo Rumbo a peor pude tener todo el control.
También se te requiere para festivales de “spokenword” (de “palabra hablada”; aunque parece que todavía no ha cuajado el palabro español). ¿Acaso las letras de tus canciones podrían prescindir de la música?
Primero escribo, dijéramos, poemas, y luego de ese material extraigo las letras de las canciones. Así que sí, tienen cierta autonomía…
Decir que hay algo de Samuel Beckett en tus piezas es relacionarte con la alta cultura, pesada y espesa, pero ¿qué significa Beckett en tu creación?
No considero a Samuel Beckett pesado y espeso, al contrario, sus obras están llenas de un humor corrosivo y disparatado, un poco en la línea de Swift, aunque en el caso de Beckett ese humor es mucho más desolador, es cierto... Y éste es un rasgo que, salvando las distancias, creo compartir con él.
¿Otras influencias literarias...?
Son innumerables, e igualmente importantes, Rimbaud, Boris Vian,W.S. Burroughs, Kafka, la Biblia, el Surrealismo, etc.
También, según se lee en algunos fanzines como Vacaciones en Polonia, escribes poemas que no forman parte de ninguna canción. ¿Es diferente el pulso entre una cosa y otra?
Creo que sólo una canción (música y palabra) es una verdadera creación poética, algo pleno y vivo, mientras que un poema en un papel no es más que un cadáver a la espera de ser resucitado por la música, aunque ésta sólo sea, como mínimo, la de la voz hablada...
Ya para acabar de exprimir tus razones, ¿y los cortos que proyectas en tus actuaciones?
Al abandonar Soul Bisontes me planteé crear un espectáculo que fuese atrayente para el público, y a la vez cómodo y divertido de interpretar, y como tenía mucho material escrito empecé a filmar en super 8 una especie de historias basadas en los poemas, a los que llamo “textículos”. Se trata de pequeñas piezas mudas a las que doy vida en directo y que se van mezclando con las canciones... //