Parece estar todo preparado para que, aprovechando el próximo aniversario del segundo centenario de la que pudo ser y no fue en España, la Constitución más liberal en la Europa de aquellos años (La Pepa, 1812-1814). Se nos acumulan tantos y tan arraigados despropósitos como los que en la actualidad, y además de la crisis, estamos padeciendo los muchos ciudadanos de este país que todavía tenemos sentido de la vergüenza, ante acontecimientos que pondrían colorados a algunos de los países que aquí llamamos, despectivamente, tercermundistas. Estamos asistiendo, sin inmutarnos, a situaciones más propias de guiones cinematográficos para Santiago Segura con su personaje “Torrente”, que a la realidad de un país serio, como debería ser España. Solo en unos cuantos días, nos encontramos con situaciones tan rocambolescas como las que a continuación comentaré, haciendo un gran esfuerzo para no molestar a los asiduos tertulianos que, a través de prensa, radio y televisión, añoran la España más cutre y oscura de la que todavía se sienten nostálgicos.
Desde finales del pasado año, asistimos impasibles a la imputación judicial de, nada menos, el yerno del Rey y duque de Palma, D. Iñaki Urdangarín, acusado de presuntas irregularidades y apropiación de fondos públicos, situación que se agrava con la posible complicidad de la infanta Dña. Cristina. Coincidiendo con esta situación, nos encontramos, con televisión casi en directo, las inenarrables conversaciones telefónicas entre Álvaro Pérez (El Bigotes), afamado y ”emprendedor” empresario, y los Srs. Camps, ex presidente de la Comunidad Valenciana por el Partido Popular, y Costa, exportavoz del mismo partido en las Cortes, y ambos imputados por cohecho impropio, al haber, presuntamente, recibido regalos de la trama Gürtel. También estamos expectantes ante el asunto de los “ERES” de Andalucia, y “CAMPEÓN” en la gasolinera, donde, presuntamente, pueden estar implicados en casos de corrupción, dos altos cargos del Partido Socialista Obrero Español: el Sr. Chaves, expresidente de la Comunidad de Andalucía, y el Sr. Blanco, exministro de Fomento en el último gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero. De Carlos Fabra, ciudadano y político ejemplar, según altos cargos del Partido Popular, pero seguramente más conocido por los ciudadanos como el gran afortunado de la Lotería Nacional, con la “milagrosa suerte” de haber sido agraciado con varios premios gordos en muy poco tiempo. Sobre este último ciudadano ejemplar también hay noticias en los últimos días. El juez del juzgado de instrucción número 1 de Nules, decide abrir juicio contra el expresidente de la Diputación de Castellón y líder del PP en esta provincia, acusado de tráfico de influencias, cohecho y fraude fiscal y se solicita para él una fianza de 4,2 millones de euros. Posiblemente quiera batir el record de su compañero de partido, Jaume Matas, brillante defensor de los intereses de Baleares que cumplirá con sus objetivos (dijo Rajoy, 18-06-1996).
También, y como queriéndose apuntar a la “fiesta” de lo que pudo ser y no fue y darnos un ejemplo de lo que, algunos, sí quieren que sea: El Magistrado español Baltasar Garzón, conocido internacionalmente como defensor de causas en defensa de los derechos humanos, se sienta en el banquillo ante siete magistrados del Tribunal Supremo, acusado de prevaricación por ordenar escuchas telefónicas entre abogados y los principales acusados en la trama Gürtel. Es decir, juzgan a un juez por intentar acabar judicialmente con la corrupción que, históricamente, ha llegado a formar parte de nuestra ya de por sí complicada idiosincrasia. En los próximos días volverá a sentarse en el banquillo de los acusados, donde, para vergüenza de la memoria histórica de este complicado país, defenderse de las acusaciones de prevaricación por declararse competente para investigar y aclarar, de una puñetera vez, los crímenes del franquismo. El sindicato ultraderechista Manos Limpias y la “asociación” Libertad e Identidad, piden 20 años de inhabilitación para el juez. Por último, también será juzgado por presuntos cobros a través del Banco Santander, por unos cursos realizados en la Universidad de Nueva York entre 2005 y 2006. No deja de ser curioso que en esta ocasión, la rapidez sea un ejemplo de lo que debería ser la justicia, aunque solo sea en lo relativo a los tiempos. Para lo demás, haría falta un milagro. Un milagro como Dios manda.
Dejamos pasar “La Pepa”. Dejamos pasar la Segunda República. Dejamos pasar la Transición.
Y así nos va.