
Sin dinero, sin trabajo y sin casa, solo, viviendo en las calles y pidiendo una moneda a los transeúntes. Efectivamente, se trata de un personaje, una historia que se repite en las miles de urbes que componen este mundo. El protagonista, no casualmente llamado Ulises, el vagabundo de este relato, es el resultado, o acaso el desecho, de un sistema político y económico, el que vivimos, en donde priva la explotación y la desigualdad social.
Por otro lado, esta narración de Toni Cucarella, que obtuvo el premio de narrativa juvenil Benvingut Oliver en 2006, no sólo nos hace entrever una realidad sociológica contemporánea. El autor también nos entretiene con una serie de tribulaciones que Ulises vive por, y al lado de, Aquiles; un fantasma que añora su terruño, su familia y sus recuerdos. De hecho, Cucarella juega con sus lecturas y nos remite a los personajes de Homero en diversos momentos, de tal modo que al mismo tiempo hay una invitación escondida para leer o releer las obras del mítico autor griego.
Sin embargo, no sólo se puede encontrar una clara referencia a otro escritor clásico, Christian Andersen, sino que inspirado en un cuento suyo, Cucarella concluye el relato de Ulises con un final fúnebre que mezcla la realidad y los sueños, la vida y la muerte.