Durante este curso ha quedado a la vista la agenda oculta de Bolonia, algo que no se podía producir en peor momento. La crisis económica y la falta de un proyecto de universidad alternativo abre, de hecho, una perspectiva funesta para nuestra educación superior. El Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) es una estrategia de transformación de la Universidad en una institución al servicio del ‘flexi(in)seguro’ mercado laboral y de los intereses privados, y no, como dicen, la mera adaptación de carreras y títulos a nivel europeo.
Para los poderes económicos es el negocio perfecto: la externalización de los servicios de formación profesional, recursos humanos e investigación de las empresas a las universidades. Todo ello a precio de saldo, ya que los presupuestos públicos costearán gran parte del funcionamiento de la universidad.
En la primera fase de Bolonia se fundamentaban las bases de la reforma de las titulaciones como elemento indispensable para adaptar la universidad a las necesidades del mercado laboral y de los ‘empleadores’. Ahora nos encontramos ante la segunda ola del proceso, resumida en la siguiente tríada: financiación competitiva, gobernanza corporativa y transferencia de los resultados de la investigación al entorno productivo. La configuración de la universidad-empresa. Se podrá pensar que esto es una exageración o una fabulación. Sobre la mesa, sin ir más lejos, la Estrategia 2015.
Conocimiento y Desarrollo
Es en este diseño donde aparece la
última propuesta, encargada por
los rectorados a la Fundación Conocimiento
y Desarrollo. En ella se
apuesta por un modelo de gobierno
y gestión de las universidades que,
textualmente, tiene su “inspiración
en el modelo USA”. El rector es designado
y despedido por una Junta
de Gobierno, con especial influencia
de los miembros externos a ella.
De esta forma, la figura del rector
sería la de un “simple” consejero
delegado. Además, este informe
pretende “otorgar a los consejos
sociales la función de designar al
rector, diseñar junto a él las líneas
estratégicas para el futuro de la institución,
velar por su cumplimiento
y destituirle si los resultados de su
gestión no son los esperados”. Es
decir, el mandato no tendría límite
temporal, sino que dependería de
su eficacia. Mientras, las personas
que conforman el Consejo serán designadas
por el Claustro, mayoritariamente
entre gente del mundo de
la empresa, la cultura... O lo que es
lo mismo, ajenas a la institución.
Estas aplicaciones prácticas del “espíritu empresarial” condensan y ponen en circulación toda una filosofía del individuo y de la organización social basada en conceptos como la financiación y la gestión, y sus términos fetiche son la excelencia, la profesionalización de la gestión y la financiación competitiva.
Rendir cuentas a la sociedad
Según estos técnicos, y su neolengua,
es necesario cambiar la gestión
pública por un modelo mixto
profesionalizado. Propiedad pública
más gestión privada, igual a
Nueva Gestión Pública. Una tendencia
que lleva años intrincándose
en el tuétano de los servicios públicos.
Sin embargo, basta reflexionar
sobre los últimos ejemplos de ‘excelencia’
en la gestión privada en el
mundo de la empresa, ya sea el caso
de Lehman Brothers o el plan de
rescate a la banca española, que ha
supuesto una inyección de capital
público 17 veces superior al presupuesto
de Educación para 2010, para
desmontar la falacia.
Por último, tenemos el punto fundamental del nuevo asalto: la financiación, pero, ésta no tiene que ser necesariamente pública. De hecho, cuantos más fondos privados mejor. Ésta es una lógica que provoca que de la cooperación entre centros universitarios se pase a la competencia por la captación de estos recursos. Una competencia que será estimulada por las instituciones públicas en una especie de cuadratura del círculo: a más dinero privado recaudado, más dinero público a invertir. Es decir, financiación por objetivos. Una financiación por objetivos que también se pretende aplicar al estudiantado: un aumento en la asignación de costes por matrícula a (‘los malos’) estudiantes.
Joseba Fernández, Carlos Sevilla y Miguel Urban, autores de varios libros sobre el EEES.
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“Se facilita el aprobado sin facilitar el aprendizaje”
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