Estos cuatro años van a ser de desgaste sin duda para el PP, pues ni los más optimistas dicen que se pueda mejorar la economía antes de 2016. Los hoy electores triunfantes deberán aprender en carne propia lo que les va a significar una gestión aún más neoliberal. Lo cual no es para alegrase: indica que hay aún un 40% de electorado –si sumamos otros partidos de derechas– que no ven otras salidas. Los votos registrados también indican que el segundo “partido” es la abstención, aunque es difícil suponer qué significa esto pues hay mucha de tipo técnico –dificultades para votar, etc.–.
El PP sube en escaños sobre todo por la caída en picado del PSOE, cuyos votos se han dispersado entre UPyD, la abstención, otros partidos locales, y en menor medida IU. La subida de UPyD ha sido espectacular, no tuvo televisión pero ha sabido jugar en el campo electoral mejor que IU o Equo por ejemplo. Las previsiones de las peleas dentro del PSOE, donde se ha agotado la generación que venía de la Transición, no les da muchas esperanzas de una recuperación creíble.
IU parece estar muy contenta con sus 11 diputados, pero apenas ha subido sus votos un 1,5%, teniendo todo a favor con la caída del PSOE y las manifestaciones de los indignados. Lo de Equo está más claro: solo ha sacado resultados significativos en Valencia, Baleares y Tenerife, y siempre en coalición con fuerzas locales. Esto corrobora para Aragón y Valencia el interés de presentar unos frentes comunes a la izquierda y desde la base. El caso de Valencia es significativo: UPyD multiplica por ocho sus votos, Compromís-Equo por cuatro, y EU por dos.
La mayor parte del voto PSOE y exPsoe se queda en un “centro” muy desorientado por la crisis, y se pierde entre la dispersión del sistema electoral por provincias, y la división de las candidaturas llamadas de izquierdas que no permite una actuación unitaria desde la base. En estas situaciones, el incremento del voto nulo y en blanco es muy significativo también. Los votos en blanco no han crecido mucho, pero sí los 97.000 del voto a los escaños en blanco. Y el crecimiento del voto nulo multiplicándose por dos –más de 300.000– parece también una consecuencia de los indignados pues esta consigna fue lanzada por Anonymus y otros grupos. Si juntamos los nulos y los votos en blanco puede significar una 6a fuerza política, pero siendo conscientes de que en este terreno electoral son otras las formas de hacer –no favorables a estas manifestaciones críticas–.
En el mejor de los casos el sistema de votaciones no favorece a los partidarios de las democracias participativas, que no alcanzamos a ser un tercio de los votantes. Hay dos tercios o más que siguen apoyando las formas tradicionales de los partidos. Los defensores de las democracias desde la base debemos convivir con esta situación haciendo demostraciones prácticas que den buenos resultados, y sólo desde ahí se podrá ir construyendo que otros mundos son posibles. Como en el fútbol, podemos jugar en campo propio con las democracias de base, pero toca salir también a jugar en campo contrario con la democracia representativa. Hay otros dos tercios en este sentido, que pueden entender que se compatibilicen democracias de base y representativas.