Periódico Diagonal

TERREMOTO DE LORCA

“Todos los españoles se han ido”

TEXTO: María Fernanda Ampuero.
FOTOS: Olmo Calvo.
Viernes 3 de junio de 2011.  Número 151

El 11 de mayo, los 92.000 habitantes de Lorca hacían su vida normal ignorando que dos terremotos iban a cambiarlo todo. El primero llegó a las 17:05h (de 4,5 grados en la escala de Richter) y sacó a muchísimos vecinos a la calle.

“Ay como se movía esa casa”, recuerda Elsa Barzola, de Milagro, una ciudad de la costa de Ecuador, frente a la carpa naranja en donde pasa las noches junto a otras 16 personas, todas inmigrantes, sus vecinas de desgracia.

Elsa no quiere volver a su piso porque aunque está ‘verde’ (habitable en la terminología del sismo), ella vio cómo las paredes se abrían y resquebrajaban ante sus ojos. Le tiene miedo. Aún así, como tantos, se permite una risa amarga. Bromea sobre su ciudad de origen: “aquí estamos muchos de Milagro”.

El segundo terremoto llegó a las 18:47h y llegó con más hambre de destrucción (5,1 grados en la escala de Richter). El epicentro, muy superficial, hizo mover la tierra como arenas movedizas. Desde entonces, muchos de los más de mil damnificados del campamento de La Torrecilla no han vuelto a dormir a su casa. Allí, en esa pequeña ciudad de carpas, se juntan razas, creencias, orígenes y lenguas bajo una misma pregunta: “¿Y ahora qué hacemos?”.

Caminar por los barrios más afectados como el de La Viña es desolador: parece un escenario post apocalíptico, con la única diferencia de que en mitad de la calle hay gente mirando hacia los edificios. Algunos lloran. Otros simplemente mueven la cabeza.

Ahí en La Viña, el ecuatoriano Martín Suárez tiene su locutorio. “Todos los españoles se fueron al campo, sólo quedamos los que no tenemos a dónde ir. De los 12 pisos de mi edificio sólo queda una familia, ecuatoriana. Hay sólo cuatro vecinos en esta calle”, narra mientras las grietas amenazan con partir su local. “Tengo un niño de mes y medio y no puedo cerrar, aunque esto esté como está”. “Hacía 300 euros diarios y ahora hago 40, pero si no abro, no comemos y yo soy de los que ha tenido suerte: el resto no puede ni trabajar”.



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Portada número 174
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Boletín radiofónico Diagonal 150
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