“Me tengo que hacer rico…, tengo
que ganar mucho dinero, me hace
falta mucho dinero para vivir”, decía
Eduardo Zaplana en 1990, durante
una de las conversaciones telefónicas
recogidas en el llamado
Caso Naseiro, que dejaba al descubierto
una trama de financiación
ilegal del PP. Zaplana, con 33 años,
empezaba entonces a tomar posiciones
en el partido derechista, refundado
bajo la batuta de Aznar.
El recién nombrado ‘embajador’
de Telefónica en Europa se ha mantenido
siempre fiel a aquella elocuente
declaración de intenciones:
todas sus actuaciones han estado
animadas por la búsqueda del enriquecimiento.
Con el apoyo de los
personajes subalternos de su entorno
político fiel ,ha constituido un
pozo negro en el que se han sumergido
ingentes cantidades de dinero
público: en el Ayuntamiento de Benidorm,
en Terra Mítica o en sobredimensionadas
adjudicaciones de
contratas a amiguetes desde el Ministerio
de Educación. Varios de sus
más estrechos colaboradores están
procesados por estos trajines continuados,
pero Zaplana ha conseguido
que, hasta ahora, la cosa sólo llegue
hasta su cordón de seguridad.
Ya se sabe que la Justicia está para
perseguir a los pobres y los insumisos.
Ni los banqueros, ni los políticos corruptos, ni los amigos del rey acaban entre rejas. Cuando vino a Madrid para incorporarse al Gobierno de Aznar, Zaplana, con su característico estilo de nuevo rico, adquirió un piso en el Paseo de la Castellana de más de 500 metros cuadrados. El recibo mensual de la hipoteca era superior a sus ingresos como ministro, pero la política institucional permite reeditar a diario el milagro de los panes y los peces. Ahora, como gran ejecutivo de Telefónica, podrá llegar más holgadito a fin de mes y sin que se sospeche tanto de sus cuentas. La antigua empresa pública se ha convertido en un INEM de lujo para políticos en excedencia.
El socialista Luis Solana inició su proceso de privatización y fue Villalonga, el compañero de pupitre de Aznar, quien lo culminó. Desde entonces, se han hecho multimillonarios a costa de ella unos cuantos personajes vinculados al Clan de Valladolid, con el que Zaplana ha mantenido siempre una estrecha relación. Incluso el propio Manuel Pizarro fue cariñosamente acogido en el seno de Telefónica como consejero tras dejar la presidencia de otra empresa pública privatizada, Endesa, con una indemnización de sólo 14 millones de euros. De este peculiar INEM se benefician, sobre todo, personajes ligados al PP –el PSOE tiene su propia red–, pero no falta alguna guinda del partido gubernamental en el pastel telefónico, como el ex secretario general de las Juventudes Socialistas, Javier de Paz, consejero de la entidad. Parece que Paz ha contribuido a acelerar el fichaje de Zaplana. Se dice que el ex presidente de la Generalitat puede ayudar a la expansión de la empresa en Italia, dada su buena relación con Berlusconi, una especie de gran Zaplana enfangado en numerosos pleitos judiciales que nunca se resuelven. El político cartagenero no habla italiano, francés ni inglés. Tampoco valenciano, a pesar de que es una lengua romance hermana del castellano y de que tuvo incluso un profesor particular cuando era presidente de la Generalitat. Pero no cabe duda de que sí conoce a la perfección el lenguaje de Berlusconi.