Más de mil personas ya han muerto en esta ofensiva bautizada con el cinismo habitual del Ejército israelí como operación ‘Plomo fundido’. Quizás queriendo anunciar el uso de armas ilegales como las bombas de racimo y el fósforo blanco. Quizás también dando a entender que Israel aplastaría las vidas indefensas de miles de civiles en unos ataques descritos por el enviado de la ONU Richard Falk como “crimen contra la humanidad”.
Insostenible, insoportable e intolerable. Son tres adjetivos que definen bien la masacre en Gaza. Insostenible ha sido el bloqueo impuesto por Israel a la población civil de la Franja durante 18 meses. Además de un castigo colectivo tipificado como crimen de guerra, este bloqueo ha constituido un incumplimiento sistemático de una de las condiciones básicas de la tregua acordada entre Israel y Hamás, una tregua cuya declaración de ruptura por Hamás fue el motivo que Israel alegó para justificar su ofensiva. Las carencias acumuladas han menguado las capacidades de reacción y debilitado fuertemente las estrategias de supervivencia de la población civil ante unos ataques cuya desproporción ya no cuestiona ni el Consejo de Seguridad de la ONU.
Esta masacre en Gaza también es insoportable. Para las miles de personas que perdieron a su pareja, a sus hijos, sus padres, sus amigos, parientes o vecinos... No hay –como describe Manal Awwad, la ex directora del Women Empowerment Program, atrapada en Rafah–, “nadie que pueda soportar la sensación de inseguridad que se vive en Gaza. No hay en toda la Franja un lugar donde sentirse seguro”.
De la misma forma resulta intolerable ver cómo los equipos de emergencia son disparados por tanques que operan en clara violación de los principios básicos del derecho humanitario. El ataque dirigido al Hospital Al Awda de la Union of Health Work Committees, las ambulancias del Creciente Rojo despiadadamente bombardeadas, el asesinato de 33 personas en un centro de la agencia de refugiados de la ONU (UNRWA) o el posterior bombardeo de la sede de la UNRWA el 15 de enero, son sólo algunos ejemplos de esta intolerable crueldad. Si queremos evitar que algún día despertemos descubriéndonos corresponsables del exterminio del pueblo palestino, nuestra prioridad tiene que consistir en parar este genocidio de forma inmediata, suspender las relaciones preferenciales con el Estado de Israel y llevar a los autores de estos crímenes de guerra ante la justicia.