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SUDESTE ASIÁTICO | CONVULSIONES EN EL GOBIERNO TAILANDÉS

Tailandia, revolución armada con palos de golf

Daniel Iriarte (periodista residente en Tailaindia)
Jueves 2 de octubre de 2008. Número 86
Las protestas lideradas por el partido aliado de la monarquía terminan con el efímero Gobierno de Samak Sundaravej, acusado de corrupción y de querer acabar con la Casa Real.
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EL COLOR DEL DINERO. Acampada de Acción del Pueblo por la Democracia (PAD).

Los recientes sucesos en Tailandia podían parecer una revuelta popular contra un Gobierno ilegítimo, pero en realidad son todo lo contrario. Los militantes del Acción del Pueblo por la Democracia (PAD) visten de amarillo –el color de la monarquía– y proclaman su rechazo a Samak Sundaravej, primer ministro hasta el pasado 9 de septiembre, a cuyo Gobierno acusan de pretender derrocar a la familia real. Y muchos están armados con palos de golf, que, como comentan algunos analistas con ironía, “no son precisamente hoces campesinas”.

“Estamos contra el Partido del Poder del Pueblo (PPP, la formación gubernamental) por su intención de cambiar la Constitución”, explica a DIAGONAL Boonchan W., estudiante de Económicas. Esa constitución –un detalle que Boonchan olvida mencionar– es la que se promulgó a raíz de que en 2006, un golpe militar derrocase al anterior primer ministro Thaksin Shinawatra. Su partido, el Thai Rak Thai, fue disuelto, y se prohibió a sus 111 miembros principales participar en política durante cinco años.

Pero, desde su exilio en Londres, Thaksin reorganizó a los militantes no vetados en un nuevo partido, el PPP, liderado por Samak Sundaravej, que obtuvo una aplastante mayoría en las últimas elecciones. Desde entonces, casi todas las iniciativas de este Gobierno han estado encaminadas a permitir el regreso de Thaksin a la política. Pero desde finales de agosto, el promonárquico PAD ocupa la Casa de Gobierno, donde se celebran conciertos y mítines contra Samak y lo que representa. Ao bpai! (¡Márchate!), gritan los militantes. Durante este tiempo, el que hasta hace unas semanas era el primer ministro se ha mantenido cauto: una reacción policial contundente podría provocar un golpe de Estado “para evitar un baño de sangre entre tailandeses”, el motivo esgrimido durante la última asonada.

Al final, Samak ha tenido que irse, pero por una razón inesperada: el cobro de una factura de 3.000 dólares por su aparición en un programa de cocina, lo que suponía una incompatibilidad con su cargo. Él afirmaba que ese dinero “era para ingredientes”, algo que nadie ha creído.

Una legislatura difícil
El Gobierno del PPP se ha visto sacudido por los problemas desde el principio: dimisión de tres ministros acusados de corrupción o ineptitud, una moción de censura, una acusación de compra de votos, a la par que la campaña del PAD. Esta coalición ha intentado forzar el enfrentamiento civil para motivar un nuevo golpe, primero mediante la toma de la Casa de Gobierno, y más tarde intentando asaltar una comisaría. El PPP ha evitado cuidadosamente el envío de antidisturbios, pero durante las últimas semanas, los choques entre militantes pro y antigubernamentales han producido varios muertos y más de una decena de heridos.

Mientras, Thaksin se enfrenta a una docena de acusaciones de corrupción, de las que ha escapado huyendo de nuevo a Londres. Samak tuvo que dimitir por el asunto de la factura. El Parlamento podía devolverle su cargo, pero en el último momento ha decidido nombrar a otro primer ministro con la esperanza de cerrar la crisis: Somchai Wongsawat, el cuñado de Thaksin.

Ni siquiera esto ha apaciguado al PAD. Ahora, sus líderes han declarado que “el sistema de un hombre, un voto no funciona en Tailandia” porque “otorga demasiado poder a la mayoría rural”. Proponen cambiar el sistema político, de forma que sólo el 30% de los parlamentarios sea elegido por votación popular, y que el resto sea promovido desde arriba. De conseguirlo, sería el fin de la frágil democracia tailandesa.


La sombra de Thaksin

No es posible entender la política tailandesa sin la figura del anterior primer ministro derrocado, Thaksin Shinawatra. Magnate de las telecomunicaciones, nacionalista (su partido se llamaba Thai Rak Thai: “Los tailandeses aman lo tailandés”), se ganó el apoyo de los campesinos con programas de salud pública a bajo coste y créditos financieros que endeudaron a muchos agricultores. Lanzó una “guerra contra las drogas”, en la que al menos 2.000 personas fueron ejecutadas de forma extrajudicial por la policía, y cambió las leyes antitrust, evitando pagar más de 1.000 millones de dólares de impuestos por la fusión de dos grandes grupos de comunicaciones que pertenecían a su familia. Esto le granjeó una amplia oposición, desde la derecha tradicionalista (que le tildaba de republicano, en un país que reverencia profundamente la monarquía) hasta las organizaciones civiles y los activistas de derechos humanos, que en 2005 se integraron en una primera versión del PAD. Cuando el golpe derrocó a Thaksin, estos militantes se mostraron divididos, debido a que muchos se consideraban “instrumentalizados”. Supinya Klangnarong, todo un icono pro democracia, declaró que “quería que Thaksin se fuera, pero no así”. Tal vez por ello, los representantes de la sociedad civil y los sectores de la izquierda se desligaron desde el principio de esta segunda reencarnación del PAD, sin que eso signifique que apoyan al gobierno del PPP.

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