La izquierda social, la que luchó
contra la esclavitud y la
explotación, contra el fortalecimiento
de la estructura
militar de la OTAN, la que se alimentó
de la potencia de los movimientos
sociales contra la construcción europea
del modelo Maastricht, contra la
mercantilización de los derechos, la
liberalización sin fronteras... no ceja
en sus afanes de supervivencia.
Tampoco se arredra la hoy minoritaria izquierda institucional. Una y otra, pese a tanto viento contrario, emplazan a los poderosos, inventan fórmulas, buscan compañías. Una férrea voluntad que entronca con tantos que, durante siglos, resistieron a la construcción de un sistema destructor, mantiene vivo este esfuerzo que requiere grandes dosis de esperanza...Toda la que es necesaria para salvar la gran sima de incomunicación y ruptura entre las jerarquías de las organizaciones sindicales y sus bases. Una sima que crece a medida que van cuajando los acuerdos síndico-patronales de efectos sangrantes.
Sueñan, unas y otras izquierdas, que los pueblos volverán a dirigir sus luchas. Creen que existen los milagros y que uno de ellos puede producirse el 29-S cuando las masas enfervorizadas paralicen toda actividad. Será difícil si no se regenera la voluntad de lucha, la fuerza de la resistencia al clima general de compadreo y clientelismo.
Falta de pedagogía política
Muchas son las sombras que se ciernen
sobre esta convocatoria. Ni los
convocantes ni los convocados parecen
muy convencidos. Los sindicatos
mayoritarios no han luchado
contra los abusos que se han multiplicado
durante las dos últimas décadas
sacudiendo a los y las trabajadoras.
Millones de hombres y mujeres
asalariados, mal asalariados, mal
contratados, muy amenazados, son
presa de la incapacidad movilizadora.
Ni hay tampoco un trabajo de pedagogía política, de animación social, que despierte la conciencia de sujeto, de clase sometida, alienada. La izquierda que sobrevive a tantos avatares, se aloja en espacios sociales diversos. Los sindicatos predominantes recogen a una buena parte de esa izquierda aunque, ¡ay!, les sobra docilidad y sumisión. Quizás por eso no fraguaron las propuestas transformadoras de otros tiempos. Hay ejemplos que no pueden esfumarse como fue, por ejemplo, la creación del observatorio contra las privatizaciones, que avanzan en todos los ámbitos desde 1990. No dio los resultados esperados porque no ha continuado el trabajo comenzado.
Tampoco la izquierda institucional, Izquierda Unida (IU), ha continuado con ese empeño para detener la entrega de actividades productivas y servicios en manos de empresas que practican el expolio social. O la propuesta de Iniciativa Legislativa para el reparto del empleo, iniciativa de IU, con una amplia red de movimientos sociales y sindicatos, ‘deconstruida’ finalmente con total eficacia. Una iniciativa que consiguió sumar 700.000 firmas y movilizara un importante contingente de ciudadanos y ciudadanas.
Y otras resistencias, arrastradas por la falsa ilusión de la pacificación social, como fueron las luchas contra las empresas de trabajo temporal que continúan arrebatando el salario y la vida de una gran parte de nuestra juventud; las movilizaciones por el derecho a la vivienda; las más recientes contra la elitización de la educación superior, universitaria, apoyada sin embargo por los sindicatos mayoritarios...
La huelga general del 29-S podría ser una oportunidad de recuperación de debates, propuestas, inclusiones. Podría intentar algo más que detener las medidas asociales de este Gobierno liberal-conservador. ¿Renacerán las izquierdas, para recuperar el fuerte impulso inesperado que alcanzó a mediados de los ‘80? Refundar exige también recordar más allá de las víctimas de la guerra civil y el franquismo. Hay que recoger también la historia inmediata de quienes, rechazando los pactos de la transición, trabajaron para refundar una democracia radical, desde Convocatoria por Andalucía primero, desde IU después.
Quienes iniciaron la andadura de IU, lo hicieron para recuperar el espíritu de la izquierda republicana, los ideales revolucionarios. Quienes continuaron durante los tiempos de éxitos electorales, luchaban todavía por materializar los principios fundadores de la democracia participativa: la elaboración colectiva, la participación profunda en la toma de decisiones, la limitación inflexible de los mandatos representativos y orgánicos, la transparencia y claridad en los procesos de elaboración de programas, listas..., con la claridad y transparencia, la democracia económica que no se ha dado tampoco en la historia de IU.
Siguieron los que soportaron los tiempos de confrontación interna, los cantos esperanzadores del partido gobernante, el PSOE, con el que no fue posible avanzar en acuerdos a pesar de tantos intentos. Vieron como se iban diluyendo los elementos para construir una alternativa a la democracia formal, falsamente representativa. Sufrieron, no en silencio, el desmantelamiento de la elaboración colectiva, la progresiva jerarquización que se imponía a los órganos colegiados. Un proceso de autodestrucción en el que destacaron algunos de los que hoy diagnostican el agotamiento de IU y reclaman la refundación genérica de una nueva izquierda.
Todo ello cristalizó duramente a comienzos del siglo XXI. Una fiebre que acompañó a la enfermedad de las urnas condicionadas por la exigencia de ingentes recursos económicos y mediáticos e infectadas con los virus de las circunscripciones provinciales y el truco D’Hondt.
No es nostalgia, es esperanza. Confianza en que la razón se impondrá. Es un clamor para que los refundadores –requetefundadores, podría decirse– no sean los mismos que antes primero demolieron, empujados por la imposición de sus pensamientos solipsistas y por la necesidad de seguridades innombrables. Y para que las calles y las plazas amplíen el espacio de lucha meramente virtual en el que ya está una parte reducida de la sociedad existente.
Saldrá por fin la huelga adelante el día 29, tarde, más o menos general. Saldrá lastrada por abundantes dejaciones. Habrá que compararla con la del 1985 contra la reforma de las pensiones, el 14-D de 1988 contra el plan de empleo juvenil, el 28 de mayo de 1992 contra la reforma de las prestaciones por desempleo, el 27 de enero de 1994 contra la segunda reforma laboral, 20 de junio 2002 contra la segunda reforma de las prestaciones por desempleo... (Ver El Movimiento antiglobalización en su laberinto). Habrá que compararla con otras anteriores, también con las históricas. Para que alguna vez la historia ayude de verdad a superar los errores del pasado.
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (IX)
La huelga y las municipales
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (VIII)
(Re) Construir la izquierda. Ideas
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (VII)
Refundar la izquierda: una propuesta abierta
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (VI)
Los pilares de la izquierda (alternativa)
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (V)
Refundación de la izquierda y grupos motores
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (IV)
Copenhague, anunciado final de la ilusión reformista
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (III)
¿Refundar lo irrefundable? El escepticismo
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (II)
¿Foros para programas o movimientos?
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (I)
Hacia la refundación ciudadana de la izquierda