El 1 de diciembre se inauguraban en Barcelona y Madrid sendas exposiciones sobre los movimientos vecinales que reflejan sus 40 años de actividad. En alguna de estas fotografías se podrá reconocer la imagen de algún líder que cambió a los movimientos sociales por los aparatos del PSOE. Una historia de abandono que también sienten en su lucha las organizaciones en apoyo al pueblo saharaui. Hasta la trigésima edición han llegado ya las Vacaciones en Paz y amargamente lo han celebrado en Sevilla. Una iniciativa que permite que miles de niños saharauis de los campamentos de refugiados pasen los meses de julio y agosto en el Estado español.
Familias de Andalucía, Castilla- La Mancha, Catalunya o Canarias, entre otras, los acogen. Los pequeños no sólo evitan el periodo de más calor en el desierto, sino que se benefician de un programa sanitario organizado por las Comunidades Autónomas. Tampoco han cesado las campañas de recogida de alimentos en favor del Sáhara. Organizadas por las asociaciones de solidaridad con el pueblo saharaui desperdigadas a lo largo de todo el Estado, miles y miles de kilos de comida no perecedera son enviados a los campamentos de refugiados.
Capacidad asociativa
Una de las claves para entender el
apoyo que en el Estado español se
brinda al Sáhara es la capacidad
asociativa de los saharauis y la
presencia de estos grupos de apoyo.
Omar Abed Jali, miembro de
la Asociación Canaria de Solidaridad
con el Puebo Saharaui, explica
las circunstancias. “Hemos
conseguido que prácticamente en
cada una de las 52 provincias de
España se haya fundado una asociación
de apoyo”, afirma. Estas
asociaciones se agrupan en torno
a la Coordinadora Estatal de
Asociaciones de Solidaridad con
el Sáhara (CEAS-Sáhara).
A pesar del olvido, nuevas iniciativas no han dejado de surgir en los últimos años. Por ejemplo, La Columna de los Mil, en torno a la Semana Santa cristiana, cuando miles de personas acuden hasta las inmediaciones del muro más cercano a los campamentos de Argelia. Su objetivo es denunciar la falta de derechos de los exiliados y exigir la expulsión de las tropas marroquíes del territorio ocupado. En su última edición uno de los manifestantes perdió un pie al pisar una mina antipersona.
En realidad los actos de apoyo al pueblo saharaui son incontables. Desde exposiciones fotográficas o filatélicas, hasta proyectos de construcción de centros médicos en el desierto. O la clásica manifestación estatal en torno al 14 de noviembre en Madrid, fecha del aniversario de los Acuerdos de Madrid, y que este año coincidía con la denegación de entrada de Aminetu Haidar a El Aaiún . Salem Kaid, antiguo miembro presidencial del Consejo Mundial de la Paz y tío de Aminetu Haidar, señala la importancia de visualizar el problema, no sólo en el aspecto humanitario sino también en el político. “El pueblo saharaui cuenta con un aliado en la sociedad civil española, pero la única solidaridad que puede llevar a una solución en el conflicto del Sáhara es la solidaridad política”, señaló Said. El tío de Haidar también avisa de lo siguiente: “El Frente Polisario ha aceptado su parte en el plan de arreglo de la ONU, pero Marruecos incumple los acuerdos. De no dar salida a esta vía pacífica, existe la posibilidad de que se encuentre otra salida”, advierte Kaid.
Una reacción justificada
La huelga de hambre de Haidar
ha demostrado la capacidad de
movilización en defensa de la
causa saharui. Por el aeropuerto
de Lanzarote han pasado decenas
de activistas, se ha creado
una plataforma en su apoyo que
ha facilitado su presencia mediática
desde el primer día. Esto se
ha traducido en manifestaciones,
conciertos, recogidas de firmas,
huelgas de hambre temporales o
encierros simbólicos, como los
vividos en una haima en la Plaza
de España de Madrid.