Periódico Diagonal

ENTORNO | SE CELEBRA LA II SEMANA DE LUCHA CONTRA LOS OGM

Siete días para dar un ‘no’ rotundo a los transgénicos

Los grupos ecologistas confluyen para alertar de los riesgos para la diversidad, sobre la salud, y los costes socioeconómicos del cultivo de Organismos Genéticamente Modificados.

Sara Plaza / Madrid
Viernes 16 de abril de 2010.  Número 124

El 12 de abril comenzó la II Semana de Lucha contra los Transgénicos, en la que se realizaron diferentes actos reivindicativos por todo el territorio español. Para culminar las jornadas de protesta, los principales colectivos ecologistas y sociales del país unirán sus voces en Madrid, el día 17 de abril, en una manifestación que reivindicará “una agricultura y una alimentación libre de transgénicos”.

Los transgénicos u Organismos Genéticamente Modificados (OMG) son organismos creados o alterados de forma artificial, en la mayoría de los casos para obtener especies más resistentes a las condiciones ambientales adversas, y que, por tanto, suponen una manipulación del hombre sobre el medio natural. La organización Amigos de la Tierra los define como “un experimento a gran escala con una tecnología llena de efectos imprevistos y no deseados”. Y, por tanto, como cualquier manipulación antrópica, su propagación acarrea una serie de impactos.

IMPACTO SOBRE LA DIVERSIDAD
El primero y más directo, es un impacto sobre la biodiversidad, ya que con la alteración o introducción de nuevos organismos en los ecosistemas se desestabiliza el equilibrio ecológico. Por el lado de las plantas, se puede llegar incluso a la extinción de algunas especies, pues al introducir nuevos cultivos más resistentes pueden propagarse con facilidad y convertirse en una plaga que destruye plantas nativas, que tienen las de perder en la lucha por el espacio y los nutrientes. Por el lado de los animales, los insectos asociados a los cultivos transgénicos pueden ver alterado su metabolismo, y, en algunos casos, algunos insectos ‘beneficiosos’ pueden desaparecer. Según un estudio de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) la Bacteria thurigiensis (Bt), presente en muchas variedades vegetales resistentes a plagas, puede resultar tóxica para insectos beneficiosos o protegidos, como ocurrió en el envenenamiento de las larvas de la mariposa Monarca a causa del polen del maíz BT. Además, la introducción de cultivos transgénicos, puede generar el desarrollo de resistencia en los insectos y las “malas hierbas” perjudiciales para la producción agrícola.

RIESGOS PARA LA SALUD
Para Greenpeace, los riesgos sanitarios a largo plazo de los OMG, presentes en nuestra alimentación o en la de los animales cuyos productos consumimos, no se están evaluando correctamente y su alcance sigue siendo desconocido. Como riesgos, se entienden nuevas alergias, aparición de nuevos tóxicos y efectos inesperados. No en vano, la Unión Europea mantuvo una moratoria durante seis años para el comercio de transgénicos, dado que no estaban analizadas debidamente las consecuencias sobre la salud de estos organismos. De hecho, recientemente, un nuevo estudio de finales de 2009 desarrollado por científicos franceses de las Universidades de Caen y Rouen, analizaba los riesgos para la salud asociados a tres variedades distintas de maíz modificado genéticamente. Los autores encontraron evidencias de daños en hígado o riñones, y muestras de problemas en el sistema metabólico en mamíferos.

IMPACTO SOCIOECONÓMICO
Por último, desde el punto de vista socioeconómico, los transgénicos provocan un grave impacto sobre la agricultura tradicional y la soberanía alimentaria. Según Amigos de la Tierra, sólo cuatro empresas biotecnológicas controlan el 90% del mercado de los transgénicos. Por tanto, los agricultores se vuelven dependientes de grandes multinacionales como Monsanto o Syngenta que venden tanto la semilla como el producto químico asociado, y, que, además, les obligan a comprar material nuevo para cada cosecha.

Por otro lado, se hace inviable la coexistencia de la agricultura sostenible con la agricultura transgénica, pues los cultivos modificados contaminan los cultivos ecológicos a través de la transferencia de genes, lo que provoca graves pérdidas para el agricultor tradicional.

Tal y como denuncia Greenpeace, los países que han adoptado masivamente el uso de cultivos transgénicos son claros ejemplos de una agricultura no sostenible. Un exponente claro de dicha afirmación sería Argentina, donde la entrada masiva de soja transgénica provocó una gran crisis agrícola que generó el desplazamiento de campesinos y trabajadores rurales y una grave sustitución de la producción de alimentos para consumo local.

Así, a partir del 12 de abril, las asociaciones ecologistas han convocado siete días para alertar sobre todos estos impactos; una semana en la que se intentará desenmascarar los daños de este tipo de organismos, que los gigantes del sector agroalimentario se afanan en esconder.

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Portada número 174
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Boletín radiofónico Diagonal 150
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