
El 12 de abril comenzó la II Semana de Lucha contra los Transgénicos, en la que se realizaron diferentes actos reivindicativos por todo el territorio español. Para culminar las jornadas de protesta, los principales colectivos ecologistas y sociales del país unirán sus voces en Madrid, el día 17 de abril, en una manifestación que reivindicará “una agricultura y una alimentación libre de transgénicos”.
Los transgénicos u Organismos Genéticamente Modificados (OMG) son organismos creados o alterados de forma artificial, en la mayoría de los casos para obtener especies más resistentes a las condiciones ambientales adversas, y que, por tanto, suponen una manipulación del hombre sobre el medio natural. La organización Amigos de la Tierra los define como “un experimento a gran escala con una tecnología llena de efectos imprevistos y no deseados”. Y, por tanto, como cualquier manipulación antrópica, su propagación acarrea una serie de impactos.
IMPACTO SOBRE LA DIVERSIDAD
El primero y más directo, es un impacto
sobre la biodiversidad, ya que
con la alteración o introducción de
nuevos organismos en los ecosistemas
se desestabiliza el equilibrio ecológico.
Por el lado de las plantas, se
puede llegar incluso a la extinción de
algunas especies, pues al introducir
nuevos cultivos más resistentes pueden
propagarse con facilidad y convertirse
en una plaga que destruye
plantas nativas, que tienen las de perder
en la lucha por el espacio y los
nutrientes. Por el lado de los animales,
los insectos asociados a los cultivos
transgénicos pueden ver alterado
su metabolismo, y, en algunos casos,
algunos insectos ‘beneficiosos’
pueden desaparecer. Según un estudio
de la Agencia de Protección
Ambiental de los Estados Unidos
(EPA) la Bacteria thurigiensis (Bt),
presente en muchas variedades vegetales
resistentes a plagas, puede
resultar tóxica para insectos beneficiosos
o protegidos, como ocurrió en
el envenenamiento de las larvas de
la mariposa Monarca a causa del polen
del maíz BT. Además, la introducción
de cultivos transgénicos,
puede generar el desarrollo de resistencia
en los insectos y las “malas
hierbas” perjudiciales para la producción
agrícola.
RIESGOS PARA LA SALUD
Para Greenpeace, los riesgos sanitarios
a largo plazo de los OMG,
presentes en nuestra alimentación
o en la de los animales cuyos productos
consumimos, no se están
evaluando correctamente y su alcance
sigue siendo desconocido.
Como riesgos, se entienden nuevas
alergias, aparición de nuevos tóxicos
y efectos inesperados. No en vano,
la Unión Europea mantuvo una
moratoria durante seis años para el
comercio de transgénicos, dado que
no estaban analizadas debidamente
las consecuencias sobre la salud de
estos organismos. De hecho, recientemente,
un nuevo estudio de finales
de 2009
desarrollado por científicos franceses
de las Universidades de Caen y
Rouen, analizaba los riesgos para la
salud asociados a tres variedades
distintas de maíz modificado genéticamente.
Los autores encontraron
evidencias de daños en hígado
o riñones, y muestras de problemas
en el sistema metabólico en
mamíferos.
IMPACTO SOCIOECONÓMICO
Por último, desde el punto de vista
socioeconómico, los transgénicos
provocan un grave impacto sobre
la agricultura tradicional y la soberanía
alimentaria. Según Amigos
de la Tierra, sólo cuatro empresas
biotecnológicas controlan el 90%
del mercado de los transgénicos.
Por tanto, los agricultores se vuelven
dependientes de grandes multinacionales
como Monsanto o
Syngenta que venden tanto la semilla
como el producto químico
asociado, y, que, además, les obligan
a comprar material nuevo para
cada cosecha.
Por otro lado, se hace inviable la coexistencia de la agricultura sostenible con la agricultura transgénica, pues los cultivos modificados contaminan los cultivos ecológicos a través de la transferencia de genes, lo que provoca graves pérdidas para el agricultor tradicional.
Tal y como denuncia Greenpeace, los países que han adoptado masivamente el uso de cultivos transgénicos son claros ejemplos de una agricultura no sostenible. Un exponente claro de dicha afirmación sería Argentina, donde la entrada masiva de soja transgénica provocó una gran crisis agrícola que generó el desplazamiento de campesinos y trabajadores rurales y una grave sustitución de la producción de alimentos para consumo local.
Así, a partir del 12 de abril, las asociaciones ecologistas han convocado siete días para alertar sobre todos estos impactos; una semana en la que se intentará desenmascarar los daños de este tipo de organismos, que los gigantes del sector agroalimentario se afanan en esconder.