Para empezar podíamos hacerlo
citando algunos nombres destacables
del jazz estatal actual...
Por grupos es algo muy relativo,
porque igual quien tiene un
grupo tiene una actuación cada
seis meses y entre medias se gana
la vida como puede con otras
formaciones. Destacaría cada
vez que se junta Jorge Pardo con
Carles Benavent y Tino Di Geraldo.
También está la pianista Marta Sánchez, o el grupo Renaissance en Catalunya, con un repertorio original espléndido dirigido por Ramón Quadrada. Otros serían Javier Colina, Ximo Tebar y Jorge Pardo, que además empezó en los ‘70 y es uno de los pilares. Hay bastante actividad, aunque no tanta como debería haber teniendo en cuenta la calidad de los músicos que hay gracias a las nuevas promociones que salen de jóvenes de conservatorios y escuelas especializadas.
Es muy gratificante ver cómo gente joven se está dedicando a algo tan positivo como la música creativa.
Y por estilos, ¿qué destacarías?
Creo que nuestros músicos están
al día, aparte de ser la gran
mayoría compositores originales.
Me refiero a gente como
Chano Domínguez, Perico Sambeat,
Javier Colina, Antonio Serrano
o Abe Rábade. Este último
es un pianista maravilloso, que
compone que te mueres, dirige
grupos con un saber espléndido
y tiene una forma de componer
y de entender el jazz absolutamente
de hoy. También quedan
media docena de grupos que
practican ese jazz antiguo de
Nueva Orleans, Dixieland, que
es muy divertido y que también
tiene su capilla. Quitando eso, el
jazz que tocan nuestros músicos
es absolutamente actual.
¿Es difícil ser profesional del
jazz en la actualidad?
Ser músico de jazz en este país
es ser un superviviente, en el
sentido de ver todos los días
por dónde te va a caer el tema
y por dónde vas a poder ir.
Muchas veces la salvación es
que te llame un Alejandro Sanz
o una Chenoa para ir de gira, y
te vas con ellos a aburrirte hasta
hartarte, pero cuando vuelves
te has ganado una pasta
que no ganas con el jazz.
Es evidente que el músico de jazz ha de ser un buen músico. Tú no puedes ser músico de jazz sin haber pasado por el conservatorio, carrera de piano, de saxo, etc., saber armonía, solfeo, y una vez que no te peleas con el instrumento te puedes meter en una escuela e incluso buscar becas para aprender más sobre armonía jazzística, composición, improvisación... vamos, lo que es el idioma. Un músico de jazz no puede competir en la escena si no tiene una preparación envidiable.
La escena del jazz en directo es tradicionalmente más reducida que, por ejemplo, la del rock. Comparado con las movidas de estadios de grupos de rock pues sí, pero ahora público para el jazz hay, lo que pasa es que no es tan numeroso, ni tampoco interesa porque cuando intentaron que el jazz llegara a los estadios en la época de Woodstock o Wight casi la fastidian para siempre. El jazz no se puede masificar, es un arte y se practica con ello una selección natural. Si el jazz lo masificas, pierde. No digo que con eso haya que condenarlo a ser minoritario porque puede ser una minoría abultada. En resumen, el panorama es muy bonito en el sentido en que tenemos muy buenos músicos y la parte oscura de la medalla es que no hay ni apoyo, ni ayuda, ni infraestructura para que puedan tocar todos como deberían poder tocar.
Existe un gran respeto con el jazz que no se corresponde con el tratamiento que recibe. El jazz es algo que sigue siendo para los responsables nacionales o autonómicos de la cultura algo que no entienden y que no saben por dónde coger, luego dicen: “¡Ah sí, el jazz!”. Es algo que viste mucho pero de lo que no tienen ni idea, y a la hora de apoyarlo desde el punto de vista financiero o de facilitar las cosas te encuentras con eso.
¿Se nota el descenso general de
ventas de la industria musical?
Todavía se sigue vendiendo normal,
e incluso se siguen reeditando
cosas, porque es una cosa
de coleccionistas y bajarte cosas
de jazz de internet, para mí, y
creo que para los aficionados al
jazz en general, no tiene ninguna
gracia porque lo que nos gusta
es tener el disco, con el valor
que le da la portada original con
esa foto que viste en el catálogo,
o el disco que tuviste y perdiste.
El jazz es otra historia y seguirá vendiéndose, lo que pasa es que en las cantidades que ya se saben, que no son tantas, aunque haya discos millonarios como el Kind of Blue de Miles Davis, pero ésa es la gran excepción.
Respecto a la edición, ¿la llevan
sellos pequeños o es exclusiva
de multinacionales?
El jazz en este país funciona
sobre todo por los sellos pequeños,
con alguna excepción como
que un sello como Universal de
vez en cuando publique cosas de
músicos como Perico Sambeat.
Chano Domínguez ha estado
grabando para Nuba, Abe Rábade
también ha grabado para
ellos, o con un sello local en Galicia [Xingra]. Algunos de ellos, no
sólo son pequeños sino que además
son locales. El que más se
ha movido siempre ha sido el sello
catalán Fresh Sound, que a veces
ha apostado valientemente
por cosas por las que nadie apostaría
y le ha salido bien.
Comparando el momento actual
con el pasado, ¿ha habido
tiempos mejores?
No ha habido tiempos, antes no
había músicos de jazz en España,
quitando a Tete Montoliu y
Pedro Iturralde, de los que vivíamos.
De pronto en 1985 empieza
a salir toda una generación
de músicos y es cuando aparecen
Chano, Perico, Colina, Ramón
Cardo o Carlos Gonzálbez.
De pronto de la nada vemos aparecer a un montón de gente. No es que haya habido un pasado, estamos viviendo el primer tiempo. El pasado del jazz en España se limita a orquestas que tocaban foxtrot en los años ‘30 en las boîtes de la Rambla de Barcelona, que aporta poco porque es anecdótico. En los años del franquismo no se podía tocar jazz porque estaba prohibido por lascivo.
No estamos viviendo un buen momento, pero es el primer momento, que está durando desde el año 85, con lo cual estamos en la primera generación todavía, la segunda está formándose. Este tiempo es el bueno de momento y a ver si vienen mejores porque esto promete.
El Estado de los
festivales y las
salas de conciertos
“Hay festivales asentados y son los
macrofestivales en este país, por ejemplo
en el de Donosti el jazz se ve diluido
cada vez más en otras músicas no
tan jazzistas o no jazzistas a secas y
para asistir a un buen concierto de
jazz igual te tienes antes que tragar
otras actuaciones que no te apetecen
en ese momento. El de Vitoria a menudo
también hace concesiones comerciales
que no todos aprobamos y en
cuanto al jazz que programa, tiene tendencia
a repetir los mismos artistas
con demasiada frecuencia. Las veces
que han venido a actuar Wynton Marsalis
o Pat Metheny ya no se cuentan.
El de Ezcaray, que ya lleva 14 años, es uno que merece la pena, suele llevar a gente de primerísimo nivel con un presupuesto ridículo comparado con cualquier de los anteriores. Con cuatro duros consigue hacer encaje de bolillos y además es gratuito, comenta Cifu. “Respecto a las salas, lo de Madrid es vergonzoso, un ejemplo de ello es el cierre del club Bogui. No sé que pasará, pero la preocupación es que no hay sitios para tocar porque tenemos unas autoridades y una Administración a las que les gusta muy poco el arte y la cultura, pero muy poco, dudo mucho que sepan dónde está la cultura o qué cultura hay que aplicar. Estamos de pena”.
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