Periódico Diagonal

ANÁLISIS / LA PUERTA DEL ÁFRICA NEGRA

Senegal:la riqueza invisible

Jordi Tomás , doctor en Antropología,es investigador del Centro de Estudios Africanos del Iscte (Lisboa). Este artículo ha sido posible gracias a la Fundação para a Ciência e a Tecnologia.
Jueves 15 de febrero de 2007. Número 48
África sólo aparece en nuestro televisor por su cara más amarga: pobreza, hambruna, muerte, exilio... Aunque estas desgracias humanitarias existan, es simplista definir un continente de 800 millones de personas sólo con esas características.
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SAINT LOUIS. Una gran parte de los habitantes de Senegal vive de la pesca./tj.haslam / flickr.com

Afortunadamente, cada día tenemos más información sobre África y vemos un universo fecundo que esconde una gran riqueza humana, cultural y económica.

Considerado por motivos geográficos e históricos la puerta de África Negra, Senegal es un país de diez millones de habitantes, mayoritariamente de fe musulmana, eminentemente agrícola y constituido en república desde su independencia de Francia en 1960. Como en toda África, la diversidad de pueblos -cada uno con su lengua, costumbres y creencias- es una de sus principales virtudes. Más de 30 grupos pueblan Senegal, siendo wólof, serer, mandingas, tukolor, pular y joola los mayoritarios. Quien quiera descubrir qué es el multiculturalismo que viaje a Senegal: allí verá cómo niños de quince años hablan cuatro lenguas, cómo los musulmanes invitan a católicos y a practicantes de religión tradicional a sus fiestas -y viceversa-, y cómo mucha gente conoce tres o cuatro culturas diferentes. Esta riqueza cotidiana ha sido uno de los motores que ha caracterizado a los numerosos senegaleses cuya obra ha gozado de fama internacional. Sin olvidar sus costumbres, muchos artistas comprometidos con su país han bebido de influencias foráneas. Leopold Sedar Senghor, su primer presidente (1960-1980), fue un reconocido poeta que admiró tanto su cultura como la de la metrópolis, Francia. Sus músicos han seducido el planeta: Youssou Ndour, Cheick Lô, Orquesta Baobab, Omar Pène... Sus escritores y escritoras han ganado numerosos premios: Mariama Bâ, Ken Bugul, Aminata Sow, Cheick Hamidou Kane... Sus cineastas han deslumbrado con sus películas: Ousman Sembène, Momar Thiom, Djibril Diop Mambéty o Safi Faye (la primera cineasta africana que hizo un largometraje). La lista de senegaleses universales es infinita: el arquitecto Pierre Goudiaby, que ideó la sede de la Banque Centrale de l’Afrique de l’Ouest en Dakar o el aeropuerto de Banjul (Gambia); el politólogo Pierre Sané, secretario general de Amnistía Internacional (1992- 2001); el agrónomo Jacques Diouf, director de la FAO desde 1994... Todo ello sin olvidar aquellos que ya nos dejaron, como el potente científico Cheick Anta Diop, historiador que descolonizó la historia africana.

Virtudes políticas

Además de la riqueza de las culturas senegalesas y de aquella gestada por sus hijos ilustres, Senegal también tiene virtudes políticas. A diferencia de otros Estados africanos -o europeos, como España-, la República de Senegal ha tenido una mujer con el cargo de primera ministra, Mame Boye, en 2001; no ha sufrido ningún golpe de Estado desde que en 1978 se legalizó el multipartidismo; y ha sido gobernado entre 2000 y 2007 por una vasta coalición formada por varios partidos bajo el nombre de Alternancia-2000, cuyo lema electoral fue Sopi (“cambio” en wólof). Aunque dicha coalición ha funcionado con no pocos problemas, el caso es que Senegal necesitaba un “cambio” tras 40 años de Partido Socialista en el poder (1960-2000). El mandato durante los últimos siete años del hoy octogenario maître Abdoulaye Wade -en el pasado el eterno opositor- del Partido Democrático Senegalés (PDS), de tendencia liberal, ha frustrado a muchos senegaleses que confiaban en un verdadero cambio tras el período del socialista Abdou Diouf (1980-2000). Lo acusan de no acabar con la corrupción, de perseguir a periodistas críticos, de no mejorar la situación laboral de los jóvenes, de no saber gestionar la mayor tragedia naviera del continente africano, el hundimiento del barco Le Joola con el dramático resultado de más de 1.900 muertos... Pero también ha fascinado a sus seguidores por la mejora de las infraestructuras, por la pluralidad de los componentes del Gobierno -partidos liberales y de izquierdas-, por la progresión de las inversiones extranjeras. El 25 de febrero veremos, en una primera vuelta, cómo los votantes senegaleses valoran cada uno de los partidos que ha formado la coalición del Sopi; veremos si creen que no merecía la pena expulsar al PS en el 2000 o si algo ha cambiado y es posible una redición parecida a la de la Alternancia- 2000. En este sentido veremos el papel que jugarán el antiguo primer ministro Moustapha Niasse de l’Alliance des Forces de Progrès (AFP) y el líder de la Ligue Démocratique /Mouvement pour le Parti du Travail (LD/MPT) Abdoulaye Bathily.

Los retos

Como en otros lugares, la vigilia electoral llega llena de crispación: la tensión entre Wade y el antiguo primer ministro Idrissa Seck; la dura lucha por el liderazgo del PS, que finalmente cayó en manos del controvertido Ousmane Tanor Dieng; el anuncio de un posible retraso de la primera vuelta de las elecciones; la represión ejercida contra ciertos opositores... Veremos si en este contexto los políticos senegaleses saben defender la riqueza invisible de Senegal: la pacífica pluralidad ideológica, cultural y religiosa que caracteriza a una buena mayoría de senegaleses.

Aquellos que creen en la clase política, deberán estar atentos a los retos del nuevo Gobierno: la verdadera integración regional y la consolidación del frágil proceso de paz en la sureña región de Casamance, firmado de forma no unánime en 2004, y que cuelga de un hilo tras la muerte en enero de 2007 del histórico líder independentista del Movimiento de Fuerzas Democráticas de Casamance (MFDC) Augustin Diamacoune; la fuga de mano de obra joven- que se añade a la de cerebros- hacia Europa y EE UU; la dinamización de la industria senegalesa (fosfatos, cemento, ácido fosfórico, tejidos); el papel de la omnipresente Francia, la influencia de los países árabes, la lluvia descontrolada del capital de la cooperación, la consolidación de una libertad de prensa real...

Sí. Senegal tiene retos difíciles, como cualquier Estado del mundo. Aunque el afropesimismo empieza a estar pasado de moda, la visión general sobre África continúa siendo negativa. Pero, teniendo en cuenta su agitado pasado, y sobre todo escuchando las brillantes iniciativas de sus habitantes y sus colectivos, uno no puede más que pensar que si algún continente vive un milagro, éste es el africano. África no tiene fama por el ya caduco sueño americano, no es un tigre agresivo como Asia, y no se parece para nada a la Unión Europea. Por suerte hace mucho tiempo que, contra viento y marea, África hace su propio camino.

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Portada número 174
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