Ya han pasado muchos
años, pero estos sucesos no se han
conocido hasta hoy...
No han tenido repercusión
porque se ha jugado con el miedo de
las personas. Primero, a las consecuencias
legales. Además, al estar
involucradas personas íntimamente
ligadas al Estado, Iglesia, política,
medicina, abogacía y otras profesiones,
que por su calibre verían comprometido
su buen nombre, ha hecho
que se intente parar cualquier
investigación o reclamación.
Por ejemplo, individualmente muchas
personas hemos ido a buscar a
la Diputación de Bilbao para exigir
que se encontrara a nuestros hijos.
La primera vez, en 1978. Continué
hasta 1994, sin conseguir que me escuchasen.
Me miraban como si estuviese
loca o cometiera algún pecado,
jamás admitieron a trámite ninguna
reclamación oficial. Ni las de las personas
que sé que lo han intentado.
Incluso el juez Garzón ha llegado
a afirmar que esto ha sido más grave
que lo ocurrido en Argentina. ¿Tú lo
corroborarías?
Si no más grave, se podrían
equiparar perfectamente. Al igual
que muchos niños fueron adoptados
dentro y fuera de Argentina,
aquí pasó lo mismo. Por ejemplo,
hay un afamado arquitecto a nivel
mundial de unos 34 o 36 años, que
fue dado en adopción fuera de España
a través de Mercedes Herrán
de Grass. Al igual que muchos
otros anónimos.
Las madres biológicas nos enteramos porque vivimos la situación desde el epicentro, la mayoría de los hijos adoptivos lo han sabido tras haber cumplido 26 o 30 años. En el caso de las madres biológicas hubo de todo, desde la jovencita que no podía cuidar al hijo y tuvo que darlo en adopción, a quienes sí querían a sus hijos, pero eran obligadas por la familia a ir a casa de Mercedes para pasar el embarazo; otras que por falta de medios y una familia que las quisiese ayudar terminaban pidiendo ayuda a sacerdotes y monjas. Unas sabían a lo que iban, aunque no querían, y otras sin saberlo, cuando se enteraban allí, tampoco querían dejar a su hijo. Tras la Transición fue lo mismo, pero barnizado.
Otra cuestión que pocas veces se menciona son las menores que firmaron la adopción de su hijo, otras ni eso. Pero nadie se ha parado a reflexionar qué valor puede tener la firma de una menor cuando ha sido presionada y obligada a firmar. También es posible que en representación de la menor firmaran los padres. ¿Es legal eso?
Al intentar recomponer tu vida
privada, ¿con qué trabas te has encontrado?
¿Alguna vez crees que se
encontrarán las pruebas que demuestren
todo lo que denunciáis?
¿Recomponer la vida privada? En
algunos casos se puede; generalmente,
no. Sólo vives pensando en
llegar a la mayoría de edad para buscar
al hijo que te quitaron. Sólo te
mantiene la esperanza de que una
vez adulta, porque la ley así lo dice,
recuperarás a tu hijo. Craso error.
Intentas conservar alguna prueba,
yo dejé constancia de mi embarazo
(no voy a decir cómo). Intentas
mantener algún tipo de contacto
con el entorno en el que estabas. Te
vuelves desconfiada, mal pensada,
te relacionas con los demás en función
de las aportaciones que te hagan
para poder entrar en ciertos círculos
que te podrían introducir en
la tela de araña indicada (ni se pueden
imaginar hasta dónde pude llegar).
Buscas en tu mente cosas que
podías haber hecho para estar con
tu hijo, pero la maquinaria estaba
diseñada para precisamente privarte
de cualquier tipo de recurso. Lo
tuve en mis brazos y me lo arrancaron.
Después te duermen y al despertar
ya no está, se valen de tu vulnerabilidad
física y emocional para
hacer lo que quieren.
Dejando a un lado las vivencias de ese momento, lo primero de todo es ir al sitio de donde saliste vacía. Tocas a la puerta para hablar y reclamar a tu hijo, te encuentras con palabras como éstas: “Aquí no has estado nunca”; “te lo advierto, todo está borrado. No existes. No hay nada, estás loca. Te expones a una denuncia y no podrás probar nada”. Visitas al cura que hacía de ‘consejero espiritual’ en el piso, te da una charla sobre la vida: la verdadera prueba de fe está en aceptar los designios de Dios, pero intentas no quemar ese contacto para seguir insistiendo de otras maneras. Todo inútil. También buscas a alguna compañera de convivencia en el ‘piso’, pero no sabe nada. Una conversación tensa de la que no sacas nada en claro. Al fin y al cabo también pasó desasosiegos parecidos, aunque a lo mejor de manera diferente. Encargas pesquisas a algún detective, pero las pequeñas pistas terminan desvaneciéndose.
Pero sigues, no te explicas que no te crean, que no te ayuden. No te puedes creer que todo esté tan bien organizado para el olvido, pero sigues. A nivel institucional nada. Mejor dicho, las personas que forman parte de nuestras instituciones oficiales y privadas ni saben ni quieren saber. Aunque a veces se ponen muy nerviosos, las puertas siguen cerradas.
Según avancen las investigaciones
iniciadas, se podrían conocer
nuevos datos. ¿Esto puede ser muy
duro anímicamente?
Sólo se van a conocer algunos datos;
los reales, no. En primer lugar,
porque a los médicos y personal sanitario
involucrado no les interesa,
además de a los abogados, notarios y
personal funcionario de aquella época.
¿Duro anímicamente? No, no será
más de lo que ha sido hasta ahora.
Más bien creo que se sentirá alivio.
En los últimos años, para continuar
tus investigaciones has recurrido
a las nuevas redes sociales y a algunos
foros de internet.
Mis pesquisas estaban en un callejón
sin salida. Además, tenía que
viajar mucho para continuar, llegó
un momento en que estaba ahogada
económicamente y tenía que compaginar
trabajo, hijos, investigación,
estudio. Hacer todo sola ha sido
complicado, pero, como me ha sido
imposible dormir con normalidad,
tampoco lo echaba de menos.
Al menos, me ha servido para encontrar multitud de adoptados que quieren saber qué pasó y por qué les adoptaron. Son personas normales, que quieren mucho a sus padres adoptivos y los consideran sus verdaderos padres; otros que se quedaron huérfanos siendo pequeños; otros a quienes les fue mal. He encontrado todo tipo de situaciones.