Adiós a la incertidumbre. Después de meses de conflicto, el arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, anunció a los tres curas de San Carlos Borromeo, Enrique Castro, José Díaz y Javier Baeza, que la iglesia de Entrevías no se iba a cerrar. La cena durante la cual tuvo lugar el encuentro se celebró el 4 de noviembre. Los párrocos llevaban varios meses solicitando un encuentro con el Arzobispado y sin lograr avance alguno. Finalmente, señala Díaz, “Varela decidió venir. Fue iniciativa suya y mostró una actitud distinta a la percepción que teníamos de él”.
El único cambio se ha quedado en el nombre. La parroquia se constituye como Centro Pastoral San Carlos Borromeo, aunque José Díaz informa de que, “en la práctica, no implica ningún cambio”. El problema, explica, venía arrastrándose desde hace años. Las parroquias son divisiones administrativas que reparten el territorio para atender de manera más directa a un número de vecinos que están dentro de la marcación asignada. “El cura Enrique de Castro hace alrededor de 30 años ya estaba aquí y empezó a acercarse al mundo marginal. Entonces de manera verbal se llegó a un acuerdo con el Arzobispado, el cual propuso que en lugar de dedicarnos al aspecto territorial continuáramos con los sectores excluidos. Para que no hubiera problema, los bautizos, bodas y otros sacramentos los realizarían las otras parroquias, pero en la práctica se han estado realizando todas estas ceremonias sin problema alguno”.
Continuidad
A partir de ahora tienen vía libre para
continuar con la labor que siempre
han desempeñado con éxito:
apoyo a sectores marginados como
ex presos, drogodependientes o menores
en situación de exclusión.
Tampoco se verá afectado el estilo
propio y cercano que los párrocos
tienen de ofrecer la liturgia.
Cuando en abril el Arzobispado
anunció que San Carlos Borromeo
se cerraba como parroquia, que el
edificio pasaría a depender de Cáritas
y que la iglesia se transformaría
en un centro social dedicado a
atender a las personas en situación
de exclusión, la reacción fue inmediata.
Miles de personas, tanto vecinos
del barrio como personas de diversos
países del mundo, mostraron
su solidaridad y se manifestaron
contra el cierre, llegándose a recoger
más de 30.000 firmas. Gracias a
la amplia difusión mediática del
conflicto entre la pequeña parroquia
de San Carlos Borromeo y el Arzobispado
de Madrid, la repercusión
ha sido mundial.
“Estamos muy agradecidos por todo el apoyo que nos habéis prestado”, continúa Díaz. “Esto ha servido para conocer a muchísima gente que pensaba como nosotros y que está de acuerdo con la línea crítica que seguimos y nuestra forma de dar la liturgia. Algunos han venido a visitarnos y esto nos ha servido para fortalecernos mutuamente y compartir experiencias. Por ejemplo, señala, “nos han llamado misioneros africanos para contarnos que ellos en lugar de utilizar vino ofrecen una bebida de mezcla de frutas”. O desde Japón: “nos escribió una religiosa que luego pasó por Madrid, nos visitó y estuvo con nosotros en dos ceremonias al menos. Fue una sorpresa cuando nos dijo que también hacían la eucaristía así en su país”.
En la parroquia el debate y la participación activa es algo fundamental. “Creemos que la liturgia es una especie de lenguaje con el que tienes que saber transmitir los valores del Evangelio, y para eso es necesario adaptarte al público al que te diriges, para que puedan entender. Nuestro día a día es con personas marginadas y tratamos de hacerlo todo de forma más sencilla y cercana”.