Periódico Diagonal

BOLIVIA | ZENÓN CERVANTES, LÍDER COMUNITARIO QUE LIDERÓ LA GUERRA CONTRA LA PRIVATIZACIÓN DEL AGUA EN COCHABAMBA

“Sacamos a todas las transnacionales de allí y el agua fue un bien público de nuevo”

Zenón Cervantes explica cómo los movimientos de base se organizaron para impedir que una multinacional privatizara el agua en Cochabamba en el año 2000.

- Guerra del agua en Bolivia: ABENGOA S.A. El mix energético español


R.M.C / Madrid
Viernes 15 de abril de 2011.  Número 148
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Foto: Luca Piergiovanni

Líder comunitario de la Guerra del Agua en Cochabamba (Bolivia) y en cuya figura se inspira la galardonada película Y también la lluvia, de Icíar Bollaín, Zenón Cervantes vive en Madrid “como un emigrante más”. Dejó su país y sacó a sus hijos de su ciudad natal para sentirse más seguro. Cervantes recuerda que aquellas movilizaciones (que casi se convirtieron en guerra civil) fueron una batalla ganada por el pueblo y significaron un antes y un después para Bolivia y las transnacionales que llegaban al país con intención de saquearlo con el beneplácito de la Organización Mundial del Trabajo y el Banco Mundial. Algunos de sus dirigentes, una vez terminada la “guerra” siguieron sufriendo amenazas, y decidieron marcharse, como Zenón. Lo entrevistamos en la sede de la Asociación de Cooperación al Desarrollo Integral de los Pueblos (Acodip), un día después de que asistiera al acto celebrado en el Círculo de Bellas Artes junto al actor boliviano Juan Carlos Aduviri, que lo interpreta en la película.

D.: ¿Cómo se hace un líder comunitario?

Z.C.: No hay que ser un letrado. Tampoco se puede pagar para ser líder. Lo importante es ser transparente.

Tras la guerra del agua todos los dirigentes hemos sido amedrentados con llamadas telefónicas anónimas

D.: Decidió hacer unos pozos para abastecer su barrio, uno de los más pobres.

Z.C.: Una ONG confió en mí. En mi zona, la más pobre, la gente no tenía trabajo ni recursos. Vivían de la artesanía de la cestería. Había una iglesia pequeña, Jennifer, y a esta iglesia, que tenía personalidad jurídica, les pedí que me avalaran para poder captar una ayuda extranjera, de Europa, de Visión Mundial, y de esta manera, también con el dinero de la gente, sacamos pozos en los barrios más pobres. El 30% lo ponía la gente, las bases, y el 70% Visión Mundial. Así trabajamos durante seis años. Como aquí no se les votaba en las elecciones municipales, no nos ayudaban. Así hicimos dos pozos, después un tanque elevado, redes de distribución domiciliaria, después una escuela, todo…

D.: ¿Cómo se entera de los planes del Servicio Municipal de Agua Potable de Cochabamba (SEMAPA) para privatizar el agua?

Z.C.: Tenía contactos en la alcaldía de Villacol. Vino Rubén Poma, ministro de Vivienda y Servicios Básicos, a La Paz. Trajo una documentación sobre sus planes. Llevé esta documentación a unos abogados y me explicaron que era una trampa de profesionales bolivianos y otras empresas transnacionales que tenían intención de privatizar el agua. Venían directamente a poner a cada casa – éramos 300 afiliados– medidores con una ley que iban a promulgar para cobrarnos el agua, que pasó a costar tres veces más.

D.: ¿Estaban seguros de que era la mejor opción, tomar las calles e iniciar la guerra?

Z.C.: Hicimos muchas reuniones, muchos análisis para no equivocarnos. Ni siquiera el periodismo nos ayudaba porque estaba pagado por el FMI. ¿Dónde está la ética profesional de los profesionales de la información? Entonces, decidimos hacer nosotros nuestros carteles y salir en contra de la privatización del agua. Fuimos los primeros, los de zona Cercado. Llevamos palos, estandartes, carteles... Salimos un lunes a mediodía pero hasta el jueves fue tranquilo.

Las 300 familias afiliadas dormíamos turnándonos. A la semana, la policía nacional empezó a gasificarnos. Querían atrapar a todos los dirigentes. Allá la ultraderecha siempre los ha matado. El domingo convocamos un cabildo abierto en Vinto, en una escuelita. De ahí sacamos una resolución con firmas de todos los dirigentes, asociaciones de todo tipo... Después la Manaco [la empresa más grande de Bolivia, de calzados] secundó la huelga así como la alcaldía de Zipe Zipe y el partido Unidad Cívica Solidaridad, entre otros.

Ahora, en Bolivia, la batalla que hay que librar es la del litio: quiero que todo lo que se haga sea por el bien común

D.: Y os fuisteis expandiendo…

Z.C.: Como un solo hombre, como un gigante. Ya no era un movimiento social pequeño, era a nivel departamental de Cochabamba “Por el agua y por la vida”. Pero a pesar de eso, el entonces presidente, Gonzalo Sánchez de Lozada, mandó a los Dálmatas de la Paz [el ejército] y vinieron para esperar una orden. Nosotros estábamos armados ya. Habíamos ido al cuartel. Enterramos cajas de dinamita en los cerros y por ahí pasaba la carretera. Teníamos que defendernos. Ya no era una movilización, era una guerra civil. Si los Dálmatas hubieran atacado, hubiera sido una carnicería.

D.: ¿Qué ocurrió cuándo ganasteis?

Z. C.: Sacamos a todas las transnacionales de ahí y el agua fue un bien público de nuevo. El Gobierno desistió de firmar el contrato con este monstruo y después todos los dirigentes hemos sido amedrentados con llamadas telefónicas anónimas… Son los que roban a mi pueblo pero siempre ocultos. El dinero pasa bajo la mesa y ellos votan en el Senado y así llevan 50 años. Quieren apoderarse de todo el territorio boliviano, casi el doble de España, y sólo somos ocho millones de habitantes, pero han tomado nuestras tierras. Hay que tirar del ovillo.

D.: ¿Cómo actuaban las multinacionales en Bolivia entonces?

Z.C.: Como una mafia mundial. Puedo demostrar con documentos cómo era la estructura. Cuando he visto este ‘pulpo’, he visto que he luchado contra una trama mundial. ¡Son mafias! Me he dado cuenta de que son millonarios que se enriquecen a costa de países latinoamericanos y africanos.

D.: Hablas de transnacionales españolas, italianas, de EE UU…

Z.C.: La empresa que se llamaba Aguas del Tunari (ADT) tomó el nombre de un cerro del valle para confundir a la gente (un lobo con piel de cordero). La formaban Internacional Water Holding B.V., de Holanda, con un 55%, a su vez formada por Bechtel (EEUU) con el 50%; Edison (Italia), 50%; y un 25% de Abengoa Servicios Urbanos (España) y socios bolivianos: ICE Agua y Energía SA, 5%; Compañía Boliviana de Ingeniería, SRL; 5%; Sociedad Boliviana de Cemento, 5% y Constructora Petricevic SA, 5%.

D.: Y usted está aquí como uno más.

Z.C.: Exacto. Ahora lo único que pienso es volver a mi país en dos años (si es que aún no me deportan). Soy ebanista, no un delincuente, un ciudadano que se adecua y respeta sus leyes. Ahora allí la batalla es el litio: quiero que todo lo que se haga sea por el bien común.

“HAY QUE FORMARSE PARA QUE LA GENTE NOS ENTIENDA”

DIAGONAL: ¿Siempre ha sentido la responsabilidad de defender a los más humildes?

ZENÓN CERVANTES: Soy uno de ellos. Nací en el año 1959 en Quillacollo, Vinto, Bolivia, a 15 kilómetros de Cochabamba. Soy huérfano. Estudié en el Colegio Nacional Calama en Quillacollo, con mucho esfuerzo. Todo el mundo dice que por falta de recursos no se puede estudiar, pero yo lo hice, sin nada. Hay que formarse para que la gente nos entienda. He salido adelante gracias a los trabajos más humildes y he estudiado en la Escuela de Bellas Artes Plásticas en Cochabamba como alumno libre.

D.: Su contacto con algunos líderes le inspiró, cuando era aún joven...

Z.C.: Cuando vino Marcelo Quiroga Santacruz [escritor y político que fundó el Partido Socialista en Bolivia] a Cochabamba, yo era muy jovencito y en el Colegio Nacional Calama hubo una reunión de todos los estudiantes para escucharlo. Cuando Quiroga murió, me sentí huérfano de líder. Después he estado buscando una persona que me inspirase y conocí a Max Fernández, un empresario cochabambino que también salió adelante de abajo, vendiendo cerveza, pero que ayudó a la gente pobre haciendo colegios y escuelas. Empecé a tomar conciencia de que siempre han estado entre medias el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Y desde el momento en que tuve uso de razón, he visto cómo mataron primero a Juan José Torres, después a René Barrientos Ortuño, Marcelo Quiroga Santacruz, al padre Luis Espinar y luego a Max Fernández… Todos los que estaban cerca de los trabajadores, de los mineros bolivianos, han tenido accidentes, percances que han acabado con sus vidas.

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Portada número 174
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Boletín radiofónico Diagonal 150
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