
Desde que, a finales de noviembre, las protestas contra la Ley de las Libertades y las Responsabilidades de las Universidades (LRU), que desarrolla los fundamentos del Espacio Europeo de Educación Superior, alcanzaran su punto más álgido, junto a las movilizaciones del transporte, se ha visto reducida su incidencia en el día a día de las aulas. Protestas que se convirtieron en más de 40 universidades bloqueadas por toda Francia.
Mientras, Sarkozy resume el espíritu de esta reforma al decir que el Estado debe poner “límites a la financiación de las carreras sin salidas. Que los estudiantes quieran persistir en esos estudios es su derecho, al fin y al cabo. Pero la función de la colectividad no es financiarles, ni aún menos incitarles”.
Junto a los bloqueos de facultades que se extendieron por todo el país, se generalizó una contundente respuesta en las intervenciones de las fuerzas del orden. Como comenta un estudiante del comité de movilización de la Universidad de Grenoble “nunca habíamos visto una represión policial similar en la Universidad”. Casi todas la universidades movilizadas han sufrido intentos de desalojo por la fuerza, muchos con éxito. La última conocida al cierre de esta edición fue el 17 de diciembre en el desalojo de la Facultad de Letras de Grenoble, que terminó con cuatro detenciones. Junto a la intervención de las fuerzas del orden, los estudiantes denuncian la impunidad con la que han actuado los servicios privados de seguridad, algunas organizaciones de extrema derecha que han atacado a piquetes e, incluso, algunos decanos, como el de la Facultad de Estudios Políticos de Grenoble, Olivier Ihl, que agredió a varios estudiantes con una barra metálica ante las cámaras de televisión.
Pero estas acciones han ido un paso más allá. En Perpignan, dos estudiantes que formaron parte del Comité de Huelga de la Universidad “fueron detenidos en su casa el pasado 19 de diciembre acusados de desórdenes públicos, robos y amenazas de muerte. Durante la ocupación, el rector les amenazó con denunciarlos. 15 días después de finalizar el bloqueo han sido detenidos”, explica Lluc Salellas, del Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans.
Otro de los ataques que las protestas han sufrido ha sido el de los medios de comunicación, en una defensa del derecho individual al estudio, como han sido abordadas el resto de movilizaciones sociales que Francia está sufriendo, sin profundizar en el contenido de la ley. Además, los estudiantes se han visto en cierta forma abandonados por los sindicatos de profesores, que mostraron su apoyo a la movilización, pero exigían el fin de los bloqueos en los centros.
Debido a esta situación, las semanas previas a las vacaciones de Navidad fueron decisivas para la continuidad del movimiento, intentando extender las protestas fuera de las facultades. Por ejemplo, el 16 de diciembre se ocupó un edificio abandonado del centro de Lyon, desalojado dos días más tarde. Por otro lado, se han comenzado a realizar manifestaciones en las que se escenifica la muerte de la Universidad o las falsas manifestaciones de la derecha en favor de la privatización de la Universidad.
Igualmente, se apela a la necesidad de unidad de acción, de convergencia con el resto de los movimientos críticos con las reformas de Sarkozy. En este sentido, universidades como las de Grenoble o Tolbiac Paris I han decidido seguir con la movilización tras las vacaciones. En particular, esta última llama a todo el personal y a los estudiantes a una huelga indefinida después de las navidades.
La LRU aprobada en pleno verano, ya con la oposición de los sindicatos de estudiantes, entrará en aplicación a partir de enero de 2008, lo que dificultará aún más si cabe el movimiento, ya que refuerza los poderes de los directores de universidad y reduce el número de miembros del consejo de administración pues, en opinión de Sarkozy, actualmente “el gobierno de las universidades es complejo y por lo tanto ineficaz”.
Sin embargo, en este corto espacio de tiempo las universidades han dado muestra de la capacidad de organización y de acción de un movimiento complejo. Casi sin apoyo de las estructuras universitarias, una facultad como la de Grenoble ha conseguido mantener tres meses de bloqueo, organizar todas las mañanas el bloqueo de algunas escuelas, escribir y distribuir hojas informativas, realizar acciones en la ciudad y organizar una Universidad Popular.