Actualmente, debido al interés social y político que ha suscitado el tema, se pueden encontrar propuestas muy variadas de subsidios públicos a los que algunos denominan Renta Básica (RB). Hay muchas y se pueden hacer distintas lecturas, así como son muchos y variados los modelos que se pueden aplicar a cada una de las versiones. No obstante, según los objetivos que se persiguen y las ventajas que se quiere obtener con su implantación, se requiere un determinado modelo de RB. Por tanto, todo el contenido de implantación puede variar de acuerdo con las opciones específicas, que serán diferentes según los criterios de selección de los modelos que se elijan. Transformación social Para nosotros, la RB no es una propuesta de modificación marginal de los sistemas de protección social actuales, sino que su implantación debe suponer una transformación social y política de gran alcance, afectando sustancialmente a muchos aspectos de la vida social, como la distribución de la renta, el mercado de trabajo, el papel del trabajo (asalariado, doméstico, voluntario) y las motivaciones para su oferta, así como a la potenciación de los movimientos sociales y la participación ciudadana en la vida política.
La Renta Básica es un concepto
muy sencillo. Consiste en el derecho
que tiene cada ciudadano/a a
percibir una cantidad periódica para
cubrir sus necesidades materiales,
sin ninguna condición que lo limite.
Es decir, únicamente por el
mero hecho de nacer, por la singular
razón de existir, la sociedad está
obligada a proporcionar a cada
ser humano los medios materiales
que garanticen el bienestar social
que necesita para sobrevivir con
dignidad. Más abajo, al desarrollar
el modelo fuerte, explicaremos con
más detalle sus características principales:
a cada persona individualmente;
independientemente de
cualquier otro ingreso que perciba
por otros recursos; y sin necesidad
de tener un empleo asalariado, haber
tenido un empleo anteriormente,
ni estar obligado a aceptar un
empleo si le fuese ofrecido.
Consecuentemente, nuestra posición
consiste en optar por lo que
denominamos un modelo fuerte
de RB. Las cinco características
que definen nuestro modelo como fuerte son: que se proporcione a toda
la población, una parte de la misma
de manera personalizada; que la
suma a percibir por cada perceptor
sea la misma para cada persona; que
la cuantía por persona sea igual a la
definida como el umbral de pobreza;
que sustituya a casi todas las demás
prestaciones económicas en vigor
pensiones, subsidios, subvenciones,
ayudas, etc.-; y que el importe
total de la RB se divida en dos partes:
una la percibirán directamente
las personas, y la otra se dedicará a
las inversiones de carácter colectivo
sanidad, educación, vivienda, transporte,
medio ambiente, etc.
Este modelo fuerte asegura cuatro
de los objetivos que están en la base
de la elección del mismo: evitar los
costes burocráticos que supone administrar
la RB; no aumentar más el
control que el Estado ejerce sobre
los ciudadanos/as; erradicar la pobreza
al utilizar la mitad de la renta
per cápita, o umbral de pobreza, como
cantidad mínima de partida; y
asegurar la participación ciudadana
en la asignación de la parte de la RB
que se ha de dedicar a las inversiones
en bienes y servicios colectivos.
Inversión colectiva
La RB se orienta a la satisfacción de
las necesidades de las personas de
una sociedad. No obstante, las necesidades
no se resuelven todas a nivel
individual, sino que requieren de la
existencia de bienes colectivos. Por
ello, nuestra concepción de la RB supone
reforzar también la provisión
de éstos. Con este objetivo se plantea
que, de las aportaciones dedicadas
al Fondo de Renta Básica, se dedique
una parte a la satisfacción de
las necesidades colectivas. Esta dedicación
a la inversión de índole colectiva
responde a dos finalidades:
recuperar las virtudes del uso de los
bienes públicos frente al discurso actual
dominante de ensalzar el individualismo;
e instituir los medios por
los que los ciudadanos puedan participar
en las decisiones de la asignación
de los recursos. En sí misma, la
naturaleza de la RB es de carácter
colectivo; contiene la expresión de la
voluntad colectiva de asumir la necesidad
de proteger y asegurar el
bienestar de las personas consideradas
como individuos sociales.
Nuestra propuesta de la RB no va orientada a favorecer el crecimiento económico capitalista. Al contrario, en la base conceptual de la misma existe una fuerte motivación de transformación del actual modelo de producción y consumo capitalistas. Hay tres razones para apostar por la aplicación de este modelo: primero, la lectura anticapitalista de la RB que proponemos requiere por sí misma un modelo fuerte de transformación social; segundo, nos permite distinguirlo y distanciarlo de los modelos débiles de RB que se propugnan en otros estudios más en consonancia con la interpretación liberal/propietarista (éstos pueden tener más posibilidades políticas a la hora de conseguirlos, pero conllevan un sinfín de inconvenientes económico-burocráticos a la hora de aplicar estos modelos parciales); la tercera consiste en advertir que todos los subsidios múltiples que ofrece el Estado, o que reclaman algunas organizaciones, no son lo mismo que la RB, aunque frecuentemente nos los presentan y venden como si lo fuesen, cuando estos esquemas de protección social fomentan y amparan las trampas de la pobreza y del paro.
La RB limita el papel del mercado
de trabajo, fuente principal de la explotación
capitalista en la distribución
primaria de la renta, y anulando
el paso obligado por el mercado de
trabajo para que los ciudadanos tengan
acceso a los derechos sociales.
La RB, por ser un derecho ciudadano,
no tiene por qué estar legitimada
por el ‘derecho al trabajo’, ni por los
derechos emanados de la propiedad.
Además de defender la redistribución
estatal de la riqueza de los ricos
a los pobres, se opone frontalmente
a todas las políticas de degradación
de las condiciones de vida, del ahorro
público en gastos sociales, del
aumento de las diferencias que imponen
la moneda única europea y la
globalización económica.
Asimismo, aplicada como derecho
ciudadano mejora las posibilidades
de desarrollo de las mujeres al hacer
posible su independencia económica
a todos los niveles. La RB fomentará
la igualdad de la mujer y el hombre
en el mercado de trabajo.
En un momento en que los derechos
conseguidos tras años de lucha
que en buena medida se encuentran
plasmados en el Estado
de bienestar-, padecen un fuerte retroceso,
ante la importante presión
ejercida por el capital, la RB se convierte
en un instrumento de reivindicación
de garantías de protección
ante el Estado. Ha llegado el momento
de reflexionar sobre un nuevo
paradigma del reparto de la riqueza
que se produce socialmente.
