
Algunos amigos de IU han debido leer la crítica que hacía en un número anterior de DIAGONAL sobre refundar la izquierda. La cuestión central es aún la credibilidad de las formaciones básicamente electorales que se dicen de izquierdas, pero que dedican más tiempo a sus debates internos de listas y juegos de tipo institucional que a la militancia en movimientos sociales. Y estar en los movimientos no es simplemente acudir a reuniones o foros a discutir programas, sino actuar con las demás personas de manera práctica. Decía Derrida que hoy lo que más se podía recuperar de Marx era el concepto de ‘praxis’. Tal como algunos lo entendemos sería ‘acción-reflexión-acción’, o si se prefiere “actuando localmente, y pensando globalmente”, en definitiva articulando lo local con lo global y la acción con la reflexión. No hay credibilidad en los movimientos ni en la gente desencantada para escuchar a quienes sólo aparecen con fines electorales, o para contarnos su programa o su ideología. ¿Para qué servís en lo concreto de nuestra vida cotidiana?
Pero en IU y otros colectivos hay gente que es sensible a estos planteamientos, y por eso en un reciente escrito – Anexo. Los Foros y los Grupos Motores…– retoman algunas de las cuestiones que planteo. Es de agradecer que se tengan en cuenta críticas desde fuera de la organización, y por lo mismo es de educación seguir el debate con quienes se interesan en discutir sobre la refundación de la izquierda. Pero a partir de ese texto nos siguen surgiendo algunas preguntas: ¿por qué se habla de los militantes de IU y de otras organizaciones, como si fueran aparte de los activistas de movimientos sociales, etc.? ¿No bastaría que el debate sea de quienes están en los movimientos sociales, etc., es decir, en la acción? ¿O es que hay militantes de formaciones electorales al margen de la acción de los movimientos y, en ese caso, para qué sirven? Espero que nadie piense que se puede ir a un proceso de refundación de la izquierda en calidad de ‘dirigente’ o de ‘vanguardia’ que nos va a explicar a los demás cómo son las cosas…
Muy de acuerdo en apoyar espacios como “plazas en las que puedan converger todos los ciudadanos activos o que aspiren a serlo”, “sinergias entre las diferentes luchas/ iniciativas locales”, que “se creen de abajo a arriba”, y con la “metodología conocida como Investigación Acción Participativa”, que “se actúe para transformar la realidad” y con que “estas prácticas deben conducir a una nueva forma de hacer política”… Pero, como estos compañeros piensan que “es poco realista que estas mesas van a formarse solas”, entonces IU debería ser el principal impulsor. Y aquí aparece de nuevo el problema de fondo: ¿cómo hacer ese impulso sin ir de partido de vanguardia, de coordinador de los grupos motores, de mezclarlo con la refundación de IU, que la gente pueda sentirse protagonista de un proceso de refundación de la izquierda?
Por el contrario en el escrito aparecen expresiones como: “esta Secretaría elaborará documentos y orientaciones de trabajo en el que se proponen procedimientos más detallados…”, “recibirán las orientaciones metodológicas necesarias…” y “establecer relaciones entre la ciudadanía e IU”, “se les deberá explicar la iniciativa que ha tendido IU respecto a la puesta en marcha del proceso de refundación…”. Si es poco realista pensar que un proceso de refundación se puede generar solo espontáneamente, no es menos irreal que estas últimas expresiones propias de colectivos de ‘vanguardia’ puedan atraer a quienes estamos en los movimientos de diverso tipo. Al menos podrían pensar en alguna plataforma independiente o algo que no suene a ‘correa de transmisión’ de arriba abajo.
Es lógico que haya debates de este tipo a partir de ideologías tan diversas como las que hoy podemos concurrir en la llamada izquierda. Pero, por ejemplo, el ambiente y el cuidado del Foro Social Mundial de Porto Alegre, o de la Asamblea de Movimientos Sociales de Belem para establecer puentes y sinergias, debería enseñarnos a todos para aprender a hacer las cosas con otro estilo político, que también es posible. Se habla de construir el Socialismo del siglo XXI, pero algunos siguen empeñados en ser “profetas ejemplares” –en un escrito que me envía Jaime Pastor a propósito de este debate– con un estilo de otros tiempos. Tal vez deberíamos aprender más de lo que está pasando en los movimientos y foros, donde se pide que las siglas o las ideologías “se guarden en un bolsillo” para no tener que aguantar sus charlas o sus pretensiones electorales. Esto no quiere decir que no haya un debate ideológico, que es muy necesario, pero a partir de lo concreto y de las acciones a poner en marcha, no de tirarnos ideologías o programas a la cabeza en la mejor tradición sectaria de la izquierda.
Está bien retomar el escrito de Boaventura Santos Aprender con el Sur a propósito de la refundación de la izquierda, y eso parece bastante lógico porque es en América Latina donde los movimientos sociales han llevado a varios procesos de transformación controvertidos pero reales. Sobre todo en la zona andina donde incluso han quitado o puesto gobiernos en procesos electorales. Pero incluso también cabe aprender de los movimientos zapatistas o de los ‘sin tierra’ brasileños que suponen también un factor político de primer orden en sus países.
Atajos
Precisamente donde se han producido
‘atajos’ electorales para llegar
al gobierno sin tanta presencia
de movimientos es donde ahora
hay situaciones de mayor dificultad
para la izquierda transformadora.
Tiene razón J. Pastor, después de
reconocer que la izquierda alternativa
aquí tampoco ha conseguido el
reagrupamiento más amplio, que
aún “sigue faltando un intenso y
continuado trabajo en torno a
campañas comunes… que permitan
verificar una práctica convergente…
todas las iniciativas de foros
abiertos deberían ser bienvenidas,
pero tendrán sin duda más
eco las que puedan provenir de
ámbitos –como redes de radios,
TV, revistas, fundaciones y similares–
no dependientes de una u otra
fuerza política”.
Habría que recoger la imagen que en algún momento Jorge Riechmann planteó de construir formaciones políticas tipo “arrecifes de coral”, es decir, tipo ecosistemas de tipo social donde nadie es imprescindible, pero todos somos necesarios. Más bien, si ha de haber partidos que sean de ‘retaguardia’ más que de ‘vanguardia’, que ‘cuiden’ los procesos sin pretensiones patriarcales. Hacer mediaciones y metodologías participativas, y que no sea solamente discursos para quedar bien. Empecemos por hacer plataformas comunes de acción, y los grupos motores que están surgiendo que sean más para hacer que para discutir, pues hay atajos que nos pueden dividir más que agrupar.
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (X)
¿Soñando desde la izquierda?
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (IX)
La huelga y las municipales
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (VIII)
(Re) Construir la izquierda. Ideas
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (VII)
Refundar la izquierda: una propuesta abierta
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (VI)
Los pilares de la izquierda (alternativa)
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (IV)
Copenhague, anunciado final de la ilusión reformista
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (III)
¿Refundar lo irrefundable? El escepticismo
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (II)
¿Foros para programas o movimientos?
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (I)
Hacia la refundación ciudadana de la izquierda