Periódico Diagonal

Reflexiones post-20N: jugando con los ejes

Es por todas sabido que PP y CIU no ganan la cita electoral del 20N sino que la pierden los socialistas y, en cierta manera, la izquierda en general. Una parte importante del electorado del PSOE se ha visto incapaz de apoyar a una fuerza política que desde mayo de 2010 solamente ha sabido obedecer a los dictados de los mercados.

- Tras el 20N, quedan las democracias, por TOMÁS R. VILLASANTE


GEMMA UBASART I GONZÀLEZ / Profesora de ciencia política en la UAM y activista
Miércoles 14 de diciembre de 2011.  Número 163

Me interesa plantear a modo de autocrítica el hecho de que en un escenario de excepcionalidad como el actual, desde posiciones transformadoras y de izquierdas, no hemos sido capaces de construir unidad, de forzar una estructura de oportunidad política, de provocar nuevos escenarios –también en el ámbito institucional– para poder contener el desmoronamiento del Estado del bienestar y del mismo Estado de derecho garantista. Utilizo el término izquierda para referirme a todo aquello que se sitúa más allá del PP-PSOE-CIU-PNV. He de advertir, antes de continuar, que no niego que una parte importante del electorado socialista, así como de sus dirigentes, sea de izquierdas; tampoco afirmo purezas ideológicas en el amplio espectro que dibujo; ni me olvido de que la política se hace dentro y fuera de las instituciones.

Las elecciones nos dejan un panorama realmente desolador. Una distribución no muy lejana a la que teníamos en el 2000, cuando el PP alcanza la mayoría absoluta y se desarrolla la dura legislatura conservadora. Aunque la situación no es la misma. Ahora vivimos una importante crisis económica y un intento de cambio de modelo. Existen dos vectores que operan cada vez con más fuerza: la crítica al bipartidismo y la desafección en la clase política. El reflejo en los datos electorales es débil pero constatable: aumento del voto nulo, blanco y abstención; así como también el crecimiento en número y apoyo a los partidos minoritarios de la Cámara. Y, cómo no, las demandas ciudadanas a favor de una modificación de la ley electoral cada vez más numerosas, aunque en mi opinión no siempre están bien orientadas.

Conviene recordar que es el tamaño de las circunscripciones –provincia– y el peso que se ha dado a cada una de ellas –y no la Ley d’Hont (aunque existen mejores métodos de reparto de escaños)– lo que provoca que sólo sean tenden-cialmente proporcionales las circunscripciones con muchos habitantes, mientras que las circunscripciones pequeñas –rurales– están sobrerrepresentadas. Y se concreta en dos efectos diversos: se premia el voto concentrado a la vez que el sufragio en áreas rurales tiene mayor peso. Esto es cierto pero la solución no puede ser la unionista propuesta de circunscripción única. Un sistema electoral, y más en un Estado compuesto, tiene que combinar la lógica poblacional con la de representación territorial. Unas circunscripciones de tamaño nacional y/o autonómico provocarían un efecto proporcional y respetarían la diversidad territorial; y, si se considera oportuno, se le podría dar más peso que el actual a las áreas urbanas y muy pobladas. Además, aunque la ley electoral es criticada básicamente por el efecto mayoritario que provoca, ésta también podría ser puesta en duda por el reforzamiento de los aparatos de partido en el juego institucional; y, en este sentido, el mediocre papel de la clase política actual.

En este contexto de excepcionalidad, no hemos sido capaces de forzar una estructura de oportunidad política y de provocar escenarios

Y aquí llegamos a otro tema. Conociendo el sistema electoral con el que operamos, aún es más irresponsable la división de voto por la izquierda. En el Estado español han concurrido IU y Equo compitiendo por el mismo espacio electoral, a parte de los grupos extraparlamentarios varios que se presentaban. Es cierto que las dinámicas que impone el PCE en el marco de IU dificultan un posible crecimiento y pluralidad dentro del partido y de su espacio de apoyo electoral, pero también lo es que la irrupción de Equo casi de la nada no es la mejor manera de construir frentes amplios. De nuevo los intereses de los aparatos de partido se sitúan por delante de los intereses electorales y políticos. Cabe decir que los 11 diputados de IU suponen un importante crecimiento pero quedan lejos de los 21 escaños que se obtuvieron con Anguita en 1996. Debemos reconocer que es un mediocre resultado, y más si tenemos en cuenta que estamos frente a una situación de debacle socialista.

Pero en este punto no se agotan las dinámicas políticas que se experimentan en el Estado aunque algunos actores –también desde los movimientos sociales y en concreto desde el 15M– se empecinen. En los Països Catalans, Euskal Herria y Galiza entra en juego el eje nacional que hace más complejo el mapa político y electoral. Las interpretaciones sobre estas naciones no pueden realizarse desde la anterior óptica si de verdad quiere comprenderse su realidad política y partidista. Todo aquello que está a la izquierda del PSC/PSE/PSG tiende a tener también sensibilidad por las reivindicaciones nacionales periféricas; respuesta antiautoritaria al Estado.

Los buenos resultados de Amaiur suponen una consolidación del proceso de paz en Euskal Herria pero sobre todo una lección de política para los espacios transformadores. Tejer una coalición con todo aquello que se sitúa a la izquierda del PSE y PNV ha supuesto la construcción de una estructura de oportunidad política, ha servido para dar la vuelta a la situación dada y construir nuevos escenarios políticos. Está claro que la apertura de un escenario sin ETA ha facilitado el crecimiento a la coalición, pero también ha sido fundamental la creación de este nuevo punto de partida amplio y plural. En los Països Catalans y Galiza este espacio de izquierdas y no unionista también existe, aunque aún no se ha articulado un cimiento social que le dé unión, vitalidad y fuerza. Aunque se están llevando a cabo procesos interesantes de confluencia en el País Valencià con Compromís (Bloc+Iniciativa) y en Balears (PSM+Iniciativa). En Catalunya los intereses partidistas aún constituyen una importante barrera entre ERC e ICV-EUiA –la primera con algunas tensiones hacia la derecha, la segunda hacia el unionismo–, y también para ir más allá y encontrarse con otros espacios políticos transformadores no estrictamente de partido.

En este sentido, las incursiones centralistas son peligrosas –estatalistas, pero también intervencionistas desde el Principat–. Los intereses partidistas, en este caso de Equo e IU, y en menor medida de ERC, pueden tensionar estos espacios de unidad que sólo pueden entenderse desde la óptica nacional. En los comicios estatales y en la constitución de grupos parlamentarios es interesante sumar fuerzas, si se hace desde la pluralidad y el respeto. IU debería tomar nota de que los territorios donde suma más diputados y voto es donde menos influencia ejerce el aparato del partido: Asturias, Zaragoza y Barcelona. Y Equo debe comprender que únicamente obtiene representación donde existía una dinámica previa que tiene un recorrido histórico.

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Portada número 174
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Boletín radiofónico Diagonal 150
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