
Las reacciones al Anteproyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y Salud Sexual y Reproductiva aprobado por el Consejo de Ministros han sido rápidas y contundentes. Las organizaciones feministas consideran insuficiente y regresivo el actual texto y han advertido al Gobierno de que habrá movilizaciones si no se reconoce “verdaderamente” el derecho de las mujeres a decidir. Por su parte, la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción Voluntaria del Embarazo (ACAI), que representa a los y las profesionales del sector, pese a hacer “en términos generales una valoración positiva del proyecto”, confía que en el trámite parlamentario se puedan superar “algunas deficiencias importantes”.
Una amplia plataforma de más de 60 organizaciones feministas y colectivos sociales, agrupadas en torno al manifiesto Mujeres ante el Congreso, ha anunciado que si el Gobierno no rectifica, llamarán a la movilización social. El lema de su comunicado no puede ser más claro: “Damos al Gobierno tres días para reflexionar. Reforma sí, pero no así”.
Abortar fuera de plazo
El punto más polémico del proyecto,
que genera debate incluso dentro del
movimiento feminista, es el límite de
la libre decisión para la interrupción
del embarazo fijado en 14 semanas.
Empar Pineda, del grupo Otras Voces
Feministas, propone que exista
un período de libre decisión de 22 semanas,
alegando que a partir de este
momento el feto podría vivir de forma
autónoma, pero no acepta el límite
legal de las 14 semanas que
plantea el Gobierno, porque a su juicio
“se queda corta” y alienta la inseguridad
jurídica. Por su parte, Justa
Montero, de la Asamblea Feminista
de Madrid, lo califica de “restrictivo”
y asegura que establecer plazos es
una forma de limitar “el derecho legítimo
de las mujeres a decidir sobre
su cuerpo y su maternidad”. Añade
que la propuesta es “claramente insuficiente”
porque “miles de embarazos
no deseados” tardan más tiempo
en detectarse, sobre todo los que
se producen “en situaciones especialmente
sensibles”, como en casos
de marginación social o de embarazos
en adolescentes. En ello coinciden
otras organizaciones, como Mujeres
Jóvenes, que interpretan que
los plazos tratan de mantener “una
de las bases sobre las que siempre se
ha sustentado el patriarcado”, que es
considerar a la población femenina
como menor de edad, según su portavoz,
Mayka Cuadrado.
Las feministas denuncian que esta concepción está detrás de otro de los apartados más criticados del anteproyecto, el que establece que las mujeres deberán ser informadas por escrito de las ayudas públicas de apoyo a la maternidad, y pasar después por un período obligatorio de tres días de reflexión antes de solicitar la intervención. En este sentido, el presidente de la asociación de clínicas ACAI, Santiago Barambio, sostiene que es innecesario porque “cuando una mujer solicita un aborto, ya ha reflexionado sobre ello”. En el fondo del debate planea la reivindicación, tanto de feministas como de profesionales, de despenalizar el aborto de forma total. Para el movimiento feminista, el anteproyecto no satisface esta exigencia, sino que mantiene la inseguridad jurídica y amenaza la intimidad, pues las mujeres que interrumpan su embarazo después de las 14 semanas podrían ser denunciadas y terminar en los juzgados. Además, agrega Barambio, “según como se midan [los plazos] se pueden generar retrasos”. Y remacha: “Nos podemos quedar atrás” como otros países europeos cuyas ciudadanas se ven obligadas a salir a abortar a otros países. El anteproyecto de ley prevé permitir el aborto en algunos supuestos, como cuando en las 22 primeras semanas de gestación exista un grave riesgo para la vida de la mujer o graves anomalías en el feto. Tras este período, sólo se permitiría la interrupción cuando las malformaciones sean incompatibles con la vida. ACAI está de acuerdo con este punto, pero no entiende por qué el comité clínico que debe valorar estos supuestos tiene que contar con dos médicos, en lugar de uno. “Tenemos experiencia en ello, introduce retrasos y genera más angustia en la mujer”, declara Barambio. Por el contrario, sí valoran como positivo que sea la mujer quien elija a uno de sus miembros y que se cierren las puertas al comité a los profesionales que se hayan manifestado en contra del aborto.
Otra de las críticas es que la reforma no dice nada de la objeción de conciencia, un asunto que debería delimitarse para que “ningún médico de la sanidad pública se pueda negar a practicar un aborto”, explica Lucía Mazarrasa, del Fórum de Política Feminista. Santiago Barambio también cree que la objeción debe regularse aunque matiza que es un asunto complicado en el que entran en juego otros actores, como los colegios de médicos.
El anteproyecto de ley, que está ahora en manos del Consejo Fiscal, tendrá que pasar por el Consejo General del Poder Judicial y por las dos Cámaras, para convertirse en ley. Mientras, PP y PSOE eclipsan todos estos temas centrándose en la disputa sobre si se debe permitir a las mujeres de 16 años abortar sin consentimiento paterno. Para las feministas esto no genera discusión; puesto que la ley permite tener relaciones sexuales a esa edad, les parece obvio que también se pueda decidir sobre si se aborta. Santiago Barambio, añade que las chicas de 16 años que acuden a las clínicas por un embarazo no deseado tienen la misma madurez que las de 22 años, salvo en casos de marginación social.
Dos días antes de la aprobación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo, las ministras de Igualdad y Sanidad anunciaron que la anticoncepción de urgencia o píldora poscoital se venderá en todas las farmacias sin necesidad de receta. La medida se enmarca en la Estrategia de Salud Sexual y Reproductiva que apoya la ley y busca facilitar el acceso a los métodos anticonceptivos para reducir el alto índice de embarazos no deseados, especialmente en adolescentes. Las mujeres jóvenes, inmigrantes y de colectivos desfavorecidos afrontan grandes obstáculos para acceder al fármaco. Uno es su precio: según la Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE), en siete Comunidades Autónomas cuesta 19 euros. Entidades como la Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas y la FPFE vienen reclamando la financiación pública de los métodos anticonceptivos, incluida la anticoncepción de urgencia, como pilar de una política integral de prevención de los embarazos no deseados. La anticoncepción de urgencia evita el inicio del embarazo tras una relación de riesgo.