Periódico Diagonal

“Quedamos bien en muchos sitios”

Bradien pueden presumir de hacer una música única, instrumental e inclasificable. Afincados en Barcelona, charlamos con su cabeza más visible, Matías Rossi, para que nos adentre en su universo.

Arturo Ochoa
Viernes 10 de septiembre de 2010.  Número 132
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Texto foto: Escena cotidiana en el bar Montse en la calle Arc de Sant Agustí.

Un despegue sin prisas ha dado como resultado la edición de tres trabajos, a cual de mayor duración, en cinco años y les ha llevado este año a festivales como el Sónar (en breve estarán en su edición de Chicago), el Rojo Nova brasileño, el Pop Arb o el Here I Stay de Cerdeña. Su propuesta sonora les aleja de cualquier etiqueta y les mantiene a medio camino de la electrónica a pequeña escala y de la sutilidad del pop instrumental.

¿Cuál es la historia de Bradien hasta la actualidad?

La palabra más importante de nuestra historia sería “casualidad”. Yo empecé a ayudar a un chico con su proyecto musical a tocar la batería, él tenía un estudio, yo tenía unas canciones a las que no sabía dar salida y empecé a grabar. Me sugirió sacarlas con su pequeño sello, y un colega que lo escuchó me ofreció dar un concierto, monté el grupo para llevarlas al directo, de ahí surgió otro concierto y las cosas se fueron encadenando. Así en un ataque de entusiasmo les escribí un mail a Yo la Tengo, y al venir a Barcelona nos invitaron a tocar de teloneros. El grupo se terminó de montar en ese momento. Desde entonces va pasando gente por el grupo hasta ahora que somos tres fijos más un Video Jockey.

Vuestro último trabajo (Linden) es vuestra gran carta de presentación, ¿Cómo llegáis a él?

También es casualidad, pero es verdad. Un miembro del grupo estaba escuchando nuestra música en el trabajo, apareció un tipo que le pregunto por lo que escuchaba, y resultó ser Simon Walbrook, el productor del Return of Dr. Octagon de Kool Keith, que se interesó por ello. Nos terminamos haciendo amigos y según fuimos conociéndolo empezamos a creer en que las canciones podían tener salida, el proceso fue muy artesanal y duró un año, hasta que el disco sonaba como quería. No había prisa porque saliera, y eso creo que es bueno porque te limita menos. Hay veces que la urgencia es interesante, pero no era nuestro caso.

¿Cómo habéis visto la aceptación de vuestra música?

Hay mucha gente a la que le gusta y lo que hemos recibido a través del disco ha sido muy bueno. En la sociedad en la que vivimos hay mucha gente más preocupada por dónde está que por lo que está haciendo. Para mí lo más importante es lo que se está haciendo, no dónde se está con respecto a lo que se está hace.

¿Cómo es Bradien sobre un escenario?

El directo cambia continuamente. Casi siempre actuamos más de los tres que formamos el grupo. La parte visual es muy importante, nos lo curramos casi como si fuera la letra de la canción, buscamos algo que tenga una sincronía grande, como los conciertos que estamos haciendo junto con un poeta que se llama Eduard Escoffet. En Bradien por un lado la música está cerrada, pero por otro, hay huecos para completar, cuando tocamos nosotros por ejemplo con las imágenes o con los otros músicos. Lo que hacemos es sumar y completar el discurso de otra manera.

La inclusión del Video Jockey os da un punto muy visual...

Hay una educación bastante alejada de la música instrumental, creo que tiene que ver con la educación y con la expresión humana. La música instrumental está totalmente relegada, así que siempre se necesita algo más. Nosotros usamos las imágenes porque como dijo alguien, yo hago mejor las cosas si no me están prestando atención exclusivamente a mí.

¿Dónde crees que está el límite en lo que a público se refiere?

Somos conscientes de la música que hacemos, y lo bueno y lo malo es lo mismo. Al no tener un mercado definido lo malo es que no tienes un horizonte para dar un salto, pero lo bueno es que quedamos bien en muchos sitios. Somos muy pop para lo electrónico y muy electrónicos para lo pop. Cuando tocamos con Eduard Escoffet vamos a festivales de poesía y por otro lado vamos a festivales electrónicos. No tenemos un grupo parecido al que mirar y ver cuáles son los pasos a seguir, lo que es algo bueno. Una vez nos dijeron que el no parecernos a nadie es un milagro que debemos cuidar, porque es algo muy difícil. No veo un límite para nosotros, no nos veo en ningún sitio en particular, pero no veo que desencajemos mucho en casi ningún sitio. Donde menos a gusto nos hemos podido sentir es donde se valora más la forma y la imagen que lo que se está haciendo, pero no nos verás mucho en esas situaciones.

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Portada número 167
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Boletín radiofónico Diagonal 150
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