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Que alguien dispare de una vez al pianista

¿Qué fue del periodismo musical en televisión? Convertido hoy en una especie en extinción o un transgénico sospechoso, este género nos dio alegrías y sorpresas. ¿Crónica de una muerte anunciada? Hagamos un poco de arqueología televisiva de mano de la doctora Schmidt.

DRA. SMICHDT
Jueves 19 de noviembre de 2009.  Número 113

Hoy me pongo seria. Frunzo el ceño. Me saco un cigarro, bajo las luces. Apago la tele. Hoy toca chassss. Y chass en la tele sólo ha habido uno. Chass entre Amigos. Viejos, efectivamente, ya, a estas alturas. Desde el fin de este programa ochenteno la tele no se ha dignado a mirar a este género musical, una de las madres de la cultura popular tal y como la conocemos. Whatever happened to Ángel Casas, ‘Cifu’, Carlos Tena, Paloma Chamorro o Diego A. Manrique? ¿Qué fue del periodismo musical televisivo? ¿Se extinguió en los ‘90? Los 2000 se asolaron con la pandemia del reality musical y desde entonces música y tele sólo son venta y promoción de productos, publicidad incrustada y galas interminables de gente imposible. Una vez le preguntaron a Bustamante si prefería cantar en directo o en playback. Ante mi estupor, contestó: “En playback”. Aunque lo terrorífico no fue la respuesta sino el impudor de la pregunta. Siguiendo esa lógica, se entiende que la música “sin más” o “en directo” baje las audiencias, y que por lo tanto las cadenas privadas no puedan programarla con el argumento de rentabilidad en la mano. Pero, ¿qué fue de “la corporación Radio Televisión Española” y la vocación de servicio público que se le presupone a toda empresa pública –mira que los dos conceptos no casan ni a patadas–? La última intentona medio seria fue Ipop, un programa breve y diario, dirigido por Jesús Ordovás y presentado por la China Patino. No es que fuera el maná de la música, pero al menos era más honesto, no demasiado mainstream y con actuaciones en directo.

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KIKE LAFUENTE www.enriquelafuente.com

Eso fue allá por mitad de los 2000, época que ahora, a la velocidad que va todo, nos puede parecer el Quattrocento de la televisión. Se acabó Ipop y TVE nos dejó a solas con Matar al Pianista, un guay-programa del que ya hemos hablado, donde realmente te dan ganas de que todos los cantantes patrios tengan el desparpajo de Bustamante y se pasen del tirón al playback endémico y por decreto. La última perla de este formato, No disparen en concierto, emitió un especial de Shakira con entrevista exclusiva y exhaustiva de un crecido Toni Garrido, en la que la cantante colombiana alcanzó también grandes cotas de estupor al declarar que “por fin, años después de rechazar el feminismo, miraba con mejores ojos esta ideología”. Y que por eso había hecho Loba, su último trabajo y controvertido vídeo. Olé. Pero, ya estoy como siempre yéndome por los Cerros de Utah. O no. En realidad, este highlight shakiriano habla mucho del lugar que ocupa la música en la televisión pública. Ninguno. La tele estuvo ligada desde sus comienzos con la música. En los tiempos del anticlimax, cuando una cabecera podía durar dos minutos (véase la impagable del antes mencionado Jazz entre Amigos en Youtube) y podías presenciar sin rubor todo un cambio de escenario alive o asistir a las veladas del Festival de Jazz de San Sebastián de modo íntegro. ¿Cinco horas de tele sin ni un solo corte publicitario? Donde ahora tenemos emisiones continúas de porno amateur y teletiendas delirantes de emisoras low profile que forman una favela informe que amenizan nuestras vueltas a casa de marcha –conveniente alguna sustancia psicoestimulante para poder reír y no llorar–, antes teníamos una improvisación de Chick Corea, Miles Davis o Max Roach. No digo que encontrarte a Miles Davis desatado fuera plato popular que a todo el mundo agradase, pero denotaba que aunque fuera arrinconado en la noche, el jazz y la música tenían su sitio dentro del televisor, lo que es igual a decir, dentro de nuestras casitas. Generaciones esquilmadas del glamour y el coolness de Carlos Tena y su Popgrama, Ángel Casas y su Musical Express, Paloma Chamorro y su Edad de Oro o incluso La Bola de Cristal –donde amenizaban a la mini-muchachada músicos y músicas bastante dignas– y gaseadas con la Bomba H de Operación Triunfo o Gran Hermano, mostrarán marcas reconocibles de encefalograma musical plano. Conclusión de este artículo, palabras de Paloma Chamorro: “En España, el hándicap que tenemos es el hiperdesarrollo de la bazofia de la televisión basura, pero todo esto se deriva del hecho de que en España no existe una verdadera televisión pública”. Anda, que te pones a hablar de periodismo musical y topas con la misma Iglesia de siempre. Huyan al regazo de Youtube. Pero, antes, por dios, que alguien Mate al Pianista.

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