Hortalizas tan conocidas como el tomate, el maíz o la zanahoria… provienen de variedades silvestres que se han ido perfeccionando a lo largo de los siglos en distintas regiones del planeta en diversas culturas y civilizaciones. Dando como resultado una gran variedad de caracteres organolépticos, formas, colores… base de muchos pueblos y mercados que mantienen nuestra alimentación mundial. Pero, ¿cómo se recogen, seleccionan y se conservan estas semillas? ¿Cómo se van creando todas estas variedades?

Para ir seleccionando y conservando toda esta información lo primero es pensar en guardar la semillas con dos objetivos, una parte para utilizar a mano y otra para almacenar. Es lo que se conoce como colección activa y colección base, respectivamente. Debemos tener cuidado con el punto de recolección de la semilla, ya que hay que estar seguro de que las semillas hayan madurado en su mayoría. Por lo que en algunas ocasiones, la recolección de fruto no coincide con la de semilla (habrá que reservar algunas plantas para ello). Un ejemplo claro es el del calabacín, que requiere de 14 semanas aproximadamente para asegurarnos la mayor madurez de las semillas.
Por otro lado, si queremos que no se pierda nuestra variedad y la información que contiene, no debemos plantar cerca diferentes variedades de la misma hortaliza, para evitar cruces. Especialmente con algunas hortalizas que se polinizan a través del viento, como el maíz, que requiere aislamientos de más de mil metros. Este punto es importante si tenemos en cuenta que la patente de semillas que tanto ha desarrollado las empresas de transgénicos, ha originado cruces que han acabado en juicios sobre la propiedad genética de las mismas y el derecho de las poblaciones campesinas.
Otro aspecto a tener en cuenta es el método de recolección, que varía según la hortaliza. De forma resumida existen tres tipos: extracción seca, húmeda y fermentación. Las dos primeras son las más simples, ya que se trata de extraer la semilla en seco, muy común en hortalizas con pequeñas flores: espinaca, lechuga, zanahoria y cebolla. La extracción húmeda se realiza en cucurbitáceas como el melón, la sandía o la calabaza. La fermentación es un caso particular de extracción de la semilla del tomate y el pepino. Consiste en exprimir el zumo en un recipiente y dejar fermentar dos días, justo cuando se ha formado una pequeña película blanca (un hongo). En ese momento, colar y dejar secar las semillas en papel de periódico. Por último, debemos almacenar y conservar las semillas, guardándolas en un lugar hermético, seco, a baja temperatura y sin luz. Es muy útil un bote de cristal, etiquetado con la fecha y la variedad, y en muchos casos, si es posible, guardarlas en la nevera.
Artículo: "España ocupa el quinto lugar entre los países importadores de semillas"
Venta de semillas ecológicas y variedades regionales:
Semillas Madre Tierra
Clemente Viven
Huerto Urbano
Bibliografía:
Josep Roselló i Oltra "Como obtener tus propias semillas. Manual para agricultores ecológicos". Ed. Fertilidad de la Tierra. 2002