
De entre las emocionantes informaciones que trajo la prensa en agosto, que en muchos casos se reducen a variantes sobre las perogrulladas en torno al verano que comentan en profundidad que hace calor y que la gente se va a la playa, este año han destacado las referentes a Melilla y sus (dos) carteles. Marruecos y Cuba, ya se sabe, son dos de las capitales mundiales de las noticias sobredimensionadas. Aunque el caso marroquí siempre resulta más entretenido, se pasa de hablar de lo ‘amiguitos’ que son los políticos ibéricos y Mohamed VI a las paranoias más elaboradas y probablemente huecas respecto a este último y su relación con el Estado español con una facilidad asombrosa. Unos carteles con un diseño muy de orquesta de verano en las fiestas del pueblo pasaron a toda la prensa en menos tiempo del que tardaron en diseñarse, y a falta de fichajes futbolísticos de interés nos lo encontramos en casi todo lo que echaban por la tele.
Las amenazas de un bloqueo a Melilla por parte de un par de asociaciones hicieron que algunos pensaran que de pronto se criticaba a EE UU en la tele, hasta que se dieron cuenta de que tanto aspaviento no tenía nada que ver con los Castro y el Tio Sam. Un bloqueo más de andar por casa, y bastante más corto. Para la Historia queda la hazaña de Aznar, que de haber tenido el apoyo del pueblo hispánico –que andaba despistado por los decibelios de los hijos de los vecinos en la piscina– sin duda habría conquistado Marruecos, Argelia y el norte de Madagascar para ampliar nuestras gloriosas fronteras.
La idea del PP de convertir unos carteles en el Desastre de Annual de Zapatero no ha cuajado, entre otras cosas porque la mayoría de la gente estaba más preocupada por no encontrar tumbona libre en la playa que por la “unidad de destino en lo universal”, pero unos y otros sin duda han logrado que las denuncias por la actitud de las y los policías en la frontera hayan quedado en segundo (o vigésimo quinto) plano. Marruecos complica seriamente los libros de estilo de los periódicos, cada vez que toca el periodista de turno ha de preguntar si esa semana Mohamed VI es bueno o malo, pero no así la policía, que siempre es buena (salvo que sea la cubana o una autonómica a las ordenes de un partido que no gusta a la dirección del medio). Por si queda alguna duda de que la policía es buena y la gente con pigmentaciones o ideas distintas son malas vemos la convocatoria de los Premios Periodísticos “Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado 2010”, que el Ministerio del Interior ha dotado con 22.000 eurazos, y que premiarán los trabajos “que mejor reflejen la imagen, el esfuerzo y el trabajo de ambos cuerpos policiales”. Cabe suponer que los informes de las asociaciones de derechos humanos o los artículos del periódico Gara no encajan con ese “mejor reflejen”.
Las ‘hazañas bélicas’ coloniales ya no son lo que eran, como demostraron en su día Isla Perejil y sus cabras, pero al menos los criterios estéticos mediático-veraniegos han avanzado lo suficiente para ahorrarnos ver a Fraga en bañador. Algo es algo.