
Para llegar a la casa laboratorio del Odin Teatret hay que cruzar parte de la península de Jutlandia y detenerse en Holstebro, una pequeña ciudad danesa donde la compañía teatral desembarcó en 1966 para contribuir al desarrollo cultural de una zona rural y pobre. Lo que era una granja se convirtió aquel año en un laboratorio teatral en medio del campo, “unas Galápagos que hoy conservan especies extinguidas”, dice su director Eugenio Barba.
Varios edificios conectados entre sí albergan cuatro salas de teatro (la blanca, la negra, la roja y la azul), dos talleres para crear escenografías, un taller de vestuario, una sala de vídeo, y otra de música. Cada miembro del Odin tiene su oficina/camerino, la mayoría en un pasillo que termina en la biblioteca. Desde allí, una escalera de caracol desemboca en el Centre for Theatre Laboratory Studies (CTLS), espacio de investigación creado junto al departamento de Dramaturgia de la Universidad de Aarhus y sede del archivo histórico del grupo y del Odin Teatret Films. Otro pasillo comunica con las habitaciones para huéspedes, artistas e investigadores. El Planeta Odin, lleno de escondites con carteles, libros y máscaras, está tan lleno de vida y actividad que una vez entras es complicado volver a un exterior lluvioso.
La última semana de agosto el Odin organiza un festival muy particular, la Odin Week Festival. Durante diez días el teatro abre sus puertas a medio centenar de artistas de todo el planeta que aprenden los entrenamientos físicos y vocales de los actores Augusto Homulú, Roberta Carreri, Julia Varley, Iben Nagel Rasmussen, Tage Larsen, Kai Bredholt y Jan Ferslev, además de tener charlas diarias sobre dirección de actores con Eugenio Barba, y ver cada día varias obras de teatro y ‘work demostrations’, un género didáctico, a caballo entre la clase y la performance, que el grupo inventó para llegar a mucha gente al mismo tiempo.
La primera demostración fue Moon and Darkness (1980), de Nagel Rasmussen, y algunas de ellas han girado por muchos teatros, como The Echo of Silence de Varley o Traces in the snow, de Carreri.
Con una práctica experimental que abarca casi medio siglo, el Odin Teatret reformuló la enseñanza actoral, a partir de una dramaturgia del cuerpo. El cuerpo como primer material que puede ser transformado de cualquier manera. Las intenciones físicas (no mentales) como motor para crear formas no vacías, movimientos y acciones. El objetivo, romper los clichés del teatro convencional y presentar cuerpos/situaciones vivas y creíbles.
Para elaborar sus entrenamientos (los diez primeros años colectivos y después individuales), las actrices y actores del Odin partieron de las acciones y segmentaciones de Stanislavski, de la biomecánica de Meyerhold, y de las enseñanzas de Grotowski, con quien Barba colaboró durante tres años en Polonia. A partir de improvisaciones grabadas que luego debían ser repetidas, el grupo empezó a crear sus primeros montajes. El texto iría perdiendo progresivamente importancia hasta dejar de ser el punto de partida.
La composición teatral se articula entonces a partir de acciones físicas y vocales, de partituras que las actrices y actores presentan al director, quien selecciona y moldea los materiales. “Si cada cultura tiene una codificación (máscaras de Bali, kabuki, kathakali, teatro Noh, opera china, danzas orixás…), el Odin tiene su propia codificación personal”, dice Varley. El resultado es un compendio de trabajos orgánicos, basados en el ritmo, en la música en vivo y en la poética del cuerpo.
El Odin siempre se ha mantenido al margen de los ritmos de producción comerciales. Sus obras se cuecen a fuego lento y son el resultado de un trabajo que valora más los procesos de creación que el resultado, con los riesgos que eso supone. En este contexto, el medio centenar de artistas que participan cada agosto en el Odin Week festival aprenden ejercicios para ser en escena, no para actuar; para romper los automatismos de la vida diaria y conectar la voz con el movimiento del cuerpo.
Este agosto, además de los trainings se vieron trabajos ya conocidos como Inside the Skeleton of the whale (en la imagen), Great cities under the moon, Itsi bitsi, Salt, Judith, Doña Musica’s Butterflies, Ester’s Book, The Castle of Holstebro, y algunos más recientes y cercanos a la ‘work demostration’ como Orô de Otelo, My Stage Children, o Quasi Orpheus, the actor- musician.
Casi doce horas de actividad diaria entre clases, performances y entrenamientos para terminar con un trueque teatral donde cada artista presentó un trabajo para todo el equipo. “¿Cómo buscar la precisión en escena cuando estás cansada?”, se preguntaron el último día un artista taiwanés y una española.
El Odin Teatret forma parte de lo que su propio director denominó Tercer teatro, “prácticas que indagan en la antro- pología del espectáculo, a través del trabajo de energía, del cuerpo humano, de las acciones”.
El grupo, formado en 1964 en Oslo por Eugenio Barba y cinco estudiantes de teatro que habían sido rechazados por la escuela de teatro nacional, contribuyó a fragmentar en los años ‘70 el modelo único de teatro y a nutrir las prácticas del llamado teatro postdramático, ya sin trama aristotélica, sin relato aparente.
La compañía se convirtió pronto en referente de grupos de todo el mundo, en especial de Europa y América Latina, donde establecieron redes de colaboración que llegan hasta hoy.
The Chronic Life es su próxima producción y está dedicada a Anna Politkovskaya y Natalia Estemirova, las activistas rusas asesinadas por su opo- sición al conflicto checheno.
Después de tres años de ensayos, la obra se estrena el 12 de septiembre en Holstebro (Dinamarca) para iniciar una gira que llegará en mayo de 2012 al Teatro de la Abadía, en Madrid.