NO TE ESCONDAS...ANÚNCIATE

Periódico Diagonal

GRUPOS OPUESTOS A LA PRECARIZACIÓN DE LA VIDA

Oficinas para poner freno a la precariedad

Miguel Ángel de Lucas / Redacción
Martes 17 de octubre de 2006. Número 38

El pasado 27 de marzo se alcanzaba el extremo. Juan Alberto Cárdenas, albañil colombiano de 30 años, moría en Madrid durante su primer día de trabajo. Sin papeles y sin contrato, falleció en el acto a las cuatro horas de su primera jornada tras desplomársele encima el techo de una nave industrial.

Su caso no es el único. Con cerca de tres personas muertas cada día en accidentes laborales, la siniestralidad en la construcción supone uno de los ejemplos más gráficos de la actual precariedad. Pero jornadas intensivas o subcontratación se extienden también a otros campos. Los datos al respecto producen sensación de vértigo. Uno de cada tres trabajadores es temporal. De ellos, el 24% firma contratos encadenados; es decir, se contrata al mismo trabajador, para el mismo puesto, por un nuevo período. Con este panorama a la vista, no es extraño encontrarse, por ejemplo con porcentajes según los cuales el 60% de los universitarios no encuentra un empleo acorde a su nivel de estudios; o que el 30% de los jóvenes de entre 30 y 35 años aún vive con sus padres. Y ésta es la parte privilegiada de la sociedad. Otros colectivos como inmigrantes sin papeles, amas de casa, becarios de investigación o trabajadoras del sexo apenas disponen de herramientas legales para protestar. En todos los casos se repite la misma situación: precariedad, una palabra poco utilizada hasta hace menos de diez años y un problema al que la lucha obrera tradicional difícilmente ha podido hacer frente.

Así al menos lo ven la mayor parte de las organizaciones que estudian este fenómeno. Precarias a la deriva, uno de los colectivos de Madrid pioneros en este campo, nació precisamente a raíz de la huelga general del 20-J en 2002, cuando una serie de mujeres vio que el modelo de huelga clásica poco podía hacer en beneficio de una serie de trabajos invisibles, en su mayoría realizados por mujeres o inmigrantes, que no se ven reflejados en el discurso de los sindicatos mayoritarios. Como se preguntaría una de ellas más tarde: “¿Cómo inventar nuevas formas de huelga cuando la producción se fragmenta y se deslocaliza, cuando está organizada de tal modo que dejar de trabajar por unas horas (aunque sean 24) no afecta necesariamente al proceso de producción, y cuando nuestra posición contractual es tan frágil que una huelga supone poner en riesgo la posibilidad de seguir trabajando mañana?”

Respuestas en marcha

Con estas y otras dudas similares en mente, en los últimos años han surgido una serie de iniciativas que tratan de responder a las nuevas formas de explotación en un momento en que la identidad obrera queda desdibujada. De forma progresiva, muchas veces integradas dentro del espacio de los centros sociales, se han ido formando grupos de análisis y oficinas para dar respuesta a la precariedad en diferentes partes del Estado. A finales de 2003 se ponían en marcha dos de los proyectos más consolidados: la asociación contra la exclusión Alambique, en Gijón; y la Oficina de Derechos Sociales (ODS), con cerca de un año de rodaje en la Casa del Pumarejo de Sevilla. Otras, la mayoría, se encuentran aún en estado embrionario. Es el caso del colectivo malagueño Entránsito o también el de Des-equilibris, el observatorio de la precariedad puesto en marcha en el Ateneu Candela de Terrassa. “Lo primero ha sido partir de nosotros mismos, también tenemos trabajos precarios e inestables”, explica Xavi M., uno de los miembros del colectivo. “Y a partir de nuestra experiencia vemos la forma de buscar alternativas con otras personas que pasan por la misma situación”.

A partir de ahí, el siguiente paso consiste en el trabajo cotidiano, la atención de casos concretos. “Nuestro objetivo es salir del reducto militante”, adelanta Xavi, “servir de ayuda a gente no necesariamente politizada”. La idea es similar a la que ahora se plantea desde Precarias a la deriva. Trabajo previo no les falta. En estos cuatro años el colectivo ha desarrollado un importante seguimiento de los grupos de población más castigados por las dinámicas del mercado. Y ahora, después de la teoría, el próximo 7 de octubre abrirán también su propia oficina, la agencia precaria.

Un referente en Barakaldo

En Barakaldo (Vizcaya), después de diez años en activo, la oficina alternativa de bienestar social Berri- Otxoak se ha convertido en uno de los referentes más consolidados. Su función, según explican, es dar a conocer servicios sociales que con frecuencia se pierden por no demandarlos. En 2005 atendieron a 398 familias, un 7,5% más que el año anterior. Y asesoran en toda clase de situaciones. “Se equivoca quien piensa que aquí sólo se acercan colectivos marginales”, advierte Juan Carlos, quien lleva en el proyecto desde sus orígenes. El último año por sus oficinas pasaron mayoritariamente mujeres con hijos a su cargo y trabajos temporales o pensionistas. Y lo que cada vez es más frecuente: trabajadores con contrato. “Antes era impensable, ahora ni con un trabajo pueden independizarse”.

Informar y reclamar

Para atender a estas situaciones, las oficinas parten de dos principios. Por un lado, informar de los derechos disponibles. Por otro, conseguir que se cumplan. Mercedes, de la Oficina de Derechos Sociales (ODS) de Sevilla, se muestra convencida de que hay que ir más allá del asistencialismo. “No podemos hacer como las instituciones, que dan la pastilla de información y dan paso a la siguiente persona”, asegura. Para la ODS, la información es el comienzo, no el final. Cuando llega alguien con alguna duda o problema, después de asesorarle se realiza un seguimiento personal hasta solucionarlo.

Y si no, se pasa a la protesta. La actividad contestataria, la participación en marchas junto a inmigrantes o la denuncia pública de empresas que abusan de sus empleados son también otras de las herramientas de estos colectivos. En Terrassa, por ejemplo, el colectivo Des-equilibris participó en el último encierro de inmigrantes dejados fuera del proceso de regularización de 2005. “Para muchos de ellos se consiguieron contratos más tarde”, recuerda Xavi. “Eso se logró. Nuestra idea es ir consiguiendo pequeñas victorias”.

Juan Carlos, de Berri-Otxoak, insiste también en esa idea: la única forma de no perder derechos es luchando por ellos. Es un trabajo que no puede detenerse. Por eso cada dos semanas su oficina buzonea miles de panfletos denunciando cada recorte. De fondo, su propósito es el mismo que ha elegido por lema la Oficina de Derechos Sociales: “Por falta de información, no te quedes sin derechos”.

Enviar | Imprimir | delicious Delicious | meneame Meneame | facebook Facebook | twitter Twitter

Carné Diagonal
CreativeCommons Diagonal. C/ de la Fe, 10. 28012. Madrid. Tel.: +34 91 184 184 6 || webmaster[@]diagonalperiodico.net
RSS || Hecho por dabne.net con SPIP en Nodo 50