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ANÁLISIS | EL CANDIDATO DEMÓCRATA, MÁS ALLÁ DE LAS PROMESAS ELECTORALES

Obama, el reformador

Edward Baker (hispanista estadounidense)
Miércoles 1ro de octubre de 2008. Número 86
La prensa española y europea ha vendido al candidato Barack Obama como un auténtico reformador. Sin embargo, las posibilidades de que pueda realizar una mínima parte de sus promesas son más que reducidas.

Se ha observado infinitas veces en estos meses que en las elecciones generales norteamericanas Barack Obama es con una diferencia aplastante el candidato predilecto del mundo entero. Que lo sea también de nuestro electorado es otra cuestión cuya respuesta se verá el 4 de noviembre. Pero lo que no es probable es que, de salir elegido –y es muy posible que no salga– el senador por Illinois instituya reformas en profundidad, y ello por dos razones. En primer lugar, porque salvo en el plano simbólico es sensiblemente menos reformista de lo que da a entender la prensa española y, en general, europea, y además porque aunque lo fuera, no habrá dinero para los grandes cambios que como reclamo electoral anuncia su campaña a bombo y platillo.

La reforma desde la presidencia de nuestra vida política y económica pasaría por cinco temas fundamentales:

1. El restablecimiento del Estado de derecho. La derecha norteamericana pura y dura llegó hace tiempo a la conclusión –tras el batacazo de Vietnam y la identificación como causante del mismo de los que nos oponíamos a la guerra– de que con menos democracia, con una democracia reducida a su expresión puramente formal, se gobernaría mejor. Que con una concentración de poder poco menos que absoluta de la presidencia y contando con un Congreso infinitamente sumiso, se gobernaría mucho mejor. De ahí la transformación en estos años de la Presidencia en comandancia, de la República en cuartel, y de los ciudadanos en adoradores del comandante en jefe. En resumidas cuentas, fascismo electoral, intervención sin límites de las fuerzas de “seguridad” dentro de EE UU y agresión también sin límites en el exterior. La cosa fracasó no porque la ciudadanía se opusiera sino por la incompetencia en todos los órdenes de quienes pusieron en práctica aquella política.

2. La paulatina –y siempre relativa– desmilitarización de la vida norteamericana, empezando por un Ministerio de Seguridad, la Homeland Security, que no es otra cosa que una gigantesca transferencia de dinero público a manos privadas.

3. La reforma de un sistema impositivo en que el capital prácticamente no contribuye.

4. La reforma de un sistema sanitario que desde hace varias décadas está en caída libre.

5. Una inversión cuantiosa en las innovaciones tecnológicas en el sector energético cuya finalidad sería la superación del petróleo como fuente de energía principal.

De los cinco temas, el primero es medianamente realizable, porque el sector menos montaraz del electorado lo recibiría de buen grado y no cuesta dinero. El último, en el mejor de los casos, se podrá llevar adelante a medias pero solamente a medias, porque su plena realización supondría un enfrentamiento con las grandes petroleras que un político centrista –Obama es un centrista norteamericano clásico– no está en condiciones de emprender. Los temas 2 a 4 no se llevarán a cabo apenas porque el dinero que hay se dedicará a dos cuestiones que dentro de la realidad imperante son impostergables. La primera es el apuntalamiento con el dinero del contribuyente de un sistema financiero que hace aguas por los cuatro costados. El segundo es el reforzamiento de un Ejército gravemente maltrecho por una guerra imperial de agresión planteada desde la prepotencia descerebrada de la actual administración. Porque no vayamos a engañarnos: el imperio es el imperio. El duopolio político norteamericano –lo mismo demócratas que republicanos– comparte los fines, pero se diferencia, y sólo hasta cierto punto, en los medios.

Obama intuyó desde el primer momento, desde la invasión de Iraq en marzo de 2003, que nuestros dirigentes se habían equivocado no de propósito sino de sitio, porque donde había que hacer la guerra era en Afganistán. Y si sale elegido, la hará. ¿Significa esto que lo mismo da Obama que McCain? No exactamente. McCain significa cuatro años de lo mismo y si a su muy avanzada edad le liquida un infarto está detrás la infumable Sarah Palin que, al igual que George W. Bush, está continuamente de cháchara con el Todopoderoso y por Él se deja guiar en todo lo que atañe a la política. O sea que, igual que el actual presidente, es una solipsista profunda que lleva en la faltriquera un desconocimiento enciclopédico de la política nacional e internacional. Oremus.


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SARAH PALIN. Es integrante de la Asociación Nacional del Rifle.

PARTIDO REPUBLICANO //

La banda de John McCain

PABLO ELORDUY
Hace unos meses, antes de que la crisis sacudiera el proceso electoral, John McCain calculaba que alguien de clase media ganaba “unos cinco millones de dólares al año”. Días atrás, su esposa Cindy aseguraba que el único medio para viajar dentro de su Estado (Arizona) es a bordo de un jet privado. Al margen de esas ensoñaciones de Tío Gilito, antes de que comenzara la campaña, McCain representaba al sector moderado de los republicanos. Podían apreciarse matices que lo diferenciaban de Bush en temas como la religión –aseguran que se enfrentó con los sectores ultras de su partido– y con respecto a la política sobre inmigrantes (no se opone por completo a la posible legalización de trabajadores extranjeros). Sin embargo, ha endurecido su discurso con la sutil búsqueda del voto racista contra Obama y, sobre todo, dando entrada en la campaña a Sarah Barracuda Palin.

Lo poco que sabe la candidata a vicepresidenta sobre la política exterior de su país no parece importarle al equipo de su jefe. Lo importante es que se identifiquen con ella aquellas creyentes que fueron ‘Miss Simpatía’ en el instituto. Todas las norteamericanas que no ganan cinco millones al año. Pero ése no ha sido el único guiño del equipo de McCain a la derecha tradicional. Para América Latina, han enrolado a Otto Reich, un viejo agente que últimamente se dedicaba a sus negocios en empresas como Bacardi o Lockheed Martin. Amigo de Posada Carriles, ideólogo del fallido golpe en Venezuela y responsable de otras operaciones contra Panamá, Haití o Cuba, Reich es el prototipo de personaje horrible del espionaje estadounidense. Tanto que el propio Bush tuvo que retirarle de circulación después de sus últimos desmanes en Caracas.

El plan de McCain para el resto del mundo consiste en permanecer en Iraq mientras el cuerpo aguante, “enfrentarse directamente con la amenaza iraní”, vigilar a China, a Corea del Norte (“odio a los amarillos y los odiaré mientras viva”, explicó, recordando sus años de prisionero en Vietnam). Sin olvidar a Rusia, a Chávez, a Zapatero, a Almodóvar o a cualquiera que se cruce en su camino. Para ello, insatisfecho con las pegas de la ONU, McCain ha planteado que en su mandato nazca la Liga de las Democracias, una especie de Club de las Azores de carácter permanente.

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