BASURAMA.
Una oportunidad
Vuestro comisariado de La
Noche en Blanco nos ha sorprendido,
entre otras cosas
porque es una fiesta asociada
al consumismo y vosotros
defendéis algo en las antípodas
de éste. ¿Habéis intentado
reutilizar/reciclar La
Noche en Blanco? ¿Lo habéis
conseguido?
Ésa era una de nuestras intenciones.
Para nosotros es un
reto darle la vuelta a una
situación y siempre hemos
tratado de trabajar cuestionando
nuestros marcos de actuación.
Por otro lado es importante
romper con inercias
que nos invitan a percibir las
cosas de una manera determinada.
Si se corta la Gran Vía y
se paraliza media ciudad es
una oportunidad para todos
de expresarnos y activar el espacio
público según nuestros
criterios y no asumir necesariamente
que las cosas tienen
que ser de una forma determinada.
Queremos que la gente
se apropie de este tipo de situaciones
de forma activa y no
se limite a asumirlas de la forma
que se les trata de vender.
Queríamos provocar un cambio
en la manera de plantear
un evento de estas características
y transmitir una visión
diferente de las cosas.
Entendemos que es una ocasión
de llevar a cabo proyectos
de gran visibilidad y esto
representa una oportunidad a
la vez que un riesgo. Hemos
invitado a artistas que, creemos,
tienen la capacidad para
llevar la situación a su terreno.
Creo que en algunos aspectos
sí hemos conseguido,
al menos en esta edición, ese
cambio, tanto en la gestación
como en la percepción de los
proyectos.
¿Creéis que el modelo de cultura
que propone La Noche
en Blanco puede evolucionar
a una idea distinta de la que
hemos visto en sus primeras
ediciones (masificación, mercantilización,
etc.)?
Para empezar creo que La
Noche en Blanco no propone
un modelo de cultura concreto.
Es una amalgama de actividades
e intenciones diversas.
Las instituciones, la organización,
los comisarios y los
artistas desarrollan trabajos
independientes y es responsabilidad
de cada uno tener una
percepción crítica y reflexiva
de lo que ve.
Es difícil que La Noche en
Blanco pierda su carácter masivo,
pero sí debería alejarse
de la mercantilización. Que
suceda o no ya no depende de
nosotros. Hemos intentado
apropiarnos de las condiciones
del evento y llevarlo a
nuestro terreno. Contábamos
con la masificación (aunque
en algunos casos ha llegado a
superar la idea que teníamos),
y con respecto a las marcas y
patrocinios hemos marcado
una línea muy clara: ningún
proyecto del programa de comisariado
ha sido condicionado
por posibles patrocinadores.
Nosotros propusimos trabajar
con menos recursos y
que las actividades de nuestro
programa no fueran patrocinadas.
Finalmente, de los 21
proyectos que hemos llevado
a cabo, sólo dos han contado
con patrocinios de empresas
privadas porque los artistas
así lo han querido y siempre
según sus condiciones.

DI NO A LA NOCHE EN BLANCO.
Autoritarismo suave
El tema de La Noche en Blanco
2010 ha sido “el juego”. ¿En
qué consiste realmente este
juego?
Lo que se juega aquí es la legitimación
de un modelo en el que
se confunde lo cultural y lo artístico
con su presentación puramente
propagandística. La instrumentalización
de La Noche
en Blanco es evidente, ya que se
busca consolidar una imagen de
marca de la ciudad que viene impuesta
por el Ayuntamiento. No
vamos a ser tan ingenuos para
creer que dicha instrumentalización
no se da en otras situaciones,
pero es en La Noche en
Blanco donde más se radicaliza
y donde la independencia de los
productores culturales queda
más coartada.
Al público se le presenta una
idea de lo artístico y lo cultural
asociada al consumo compulsivo,
propio de la industria cultural,
en el que los espacios para la
creación de sentido por parte del
espectador quedan eliminados,
ya que todo se convierte en un
gran anuncio en el que prima lo
festivo, lo superficial, escenificando
un consenso en torno a
las políticas urbanas y el concepto
de ciudad que el Consistorio
municipal quiere imponer.
Lo que nos estamos jugando
aquí, en definitiva, es si estamos
dispuestos a aceptar la imposición
de un modelo de cultura
oficial que, con un impulso totalizante,
pretende que toda praxis
vital esté vehiculada por la
obsesión de un hiperdiseño de
toda experiencia posible. En definitiva,
anular, de facto, cualquier
posibilidad de autonomía
no sólo en lo cultural, sino, extensivamente,
en lo experiencial,
en su vertiente colectiva.
¿Cuál es el papel que tienen los
‘ciudadanos’ dentro de este espectáculo?
El papel de la ciudadanía aquí se
ve reducido al de figurantes de
un macroevento que se vende en
el mercado turístico doméstico e
internacional como un simulacro
de identidad colectiva.
Mientras al ciudadano se le
imponen cada vez más trabas
para el uso del espacio público,
en La Noche en Blanco es, literalmente,
“movilizado” a través
de una intensa campaña publicitaria,
autorizándole, ahora sí, a
tomar las calles. En este sentido
podemos detectar un perfil autoritario
en el modelo de La Noche
en Blanco, un autoritarismo
dulce, sofisticado, diluido por el
carácter progresista que da toda
manifestación de cultura contemporánea.
Es curioso también que se
venda La Noche en Blanco como
el momento en el que la imaginación
tomará las calles (¿no
suena eso, un poco, a proclama
setentayochista?), se nos conmina
a ser imaginativos por una
noche, quizá porque el resto del
año no debemos serlo, ya que
nuestro papel es asentir ante la
visión del mundo que el poder
nos pone ante los ojos.
¿A esta cultura de masas pueden
planteársele alternativas?
Claro que sí, pero de ningún
modo pasan por “reformar” el
modelo de La Noche en
Blanco. Frente a la fiesta de un
día se ha de imponer una construcción
de la cultura desde
abajo, desde los espacios y
agentes que día a día trabajan
con el contexto social y cultural
de la ciudad, preservando
su autonomía e independencia.
"DI NO A LA NOCHE EN BLANCO"
“La iniciativa Di no a La Noche en
Blanco quiere oponerse a la confusión
entre prácticas artísticas y
propaganda institucional según el
modelo propuesto por La Noche en
Blanco, así como visibilizar esa
misma oposición a través de nuestros
modestos medios de comunicación y
participación. Realizar una crítica a
la política cultural del Ayuntamiento,
empeñada en actos celebratorios,
mientras el resto del año los productores
culturales están trabajando en
condiciones de precariedad. Asimismo
buscamos plantear una reflexión
dirigida a los artistas y productores
culturales para que cuestionen su
papel en estos eventos, ya que si
finalmente existen es por su disposición
a dotarlos de contenidos”.