DIAGONAL: ¿Cuándo fue la última
vez que vieron a su hijo?
LUZ MARINA: Tras parir, Celestino
Chávez, el médico, nos dijo que era
sietemesino, y se lo llevaban a la Casa
Cuna [orfanato de Santa Cruz], para
ponerlo en una incubadora...
_SANTIAGO CONCEPCIÓN: Luego
fui a verlo, aunque no me dejaron
acercarme a menos de tres metros.
¡Estaba tan precioso!
Pero al segundo día nos avisan por
teléfono que había muerto. Entonces
dijimos: “¿Cómo puede ser eso?”
_L.M.: Así que fuimos a la Casa Cuna a
por el cadáver. Pero cuando llegamos
nos dicen que ya lo habían
enterrado. No nos dieron ningún documento.
Ni libro de familia, ni de
nacimiento, ni de defunción. Nada.
S.C.: En el cementerio de Santa Cruz nos dijo el encargado: “No, aquí ayer no se enterró ningún niño. ¿Quiere comprobarlo? Pues vaya a donde se entierran los bebés y mire el suelo a ver si hay tierra fresca ya que no me cree”. Así que volvimos a Casa Cuna y entonces nos dieron otra versión: “No, lo enterramos con un soldado”. L.M.: Todo mentira. Tampoco había señales de nada. Pero cuando nombraban a los militares ya se sabía. Aguantarse. ¡Nos lo habían ‘raptao’!
D.: ¿Qué pasó con el médico? _ L.M.: Lo encontramos años más tarde en el hospital y le dije: “Mire, don Celestino, tengo una espinita clavada que no me deja vivir… ¿Usted podría decirme algo de qué pasó de verdad con mi hijo José María?” El médico era ya muy mayor ¿saben?, hoy quizás ya no vive, no sé. Entonces se dirigió a nosotros, nos miró fijamente y nos dijo: “¿Ustedes quieren saber dónde está? Averígüenlo. Investiguen…”. Esa respuesta supuso una esperanza para nosotros. Y se fue.
D.: ¿Conocen más casos? _ L.M.: Muchos. A Modesta, una vecina nuestra, le pasó algo parecido. Tras llevar a su hijo al hospital por una leve enfermedad les comunicaron por teléfono que había muerto. Prepararon la cajita y se fueron con ella al hospital. Al reclamarlo, la misma respuesta: “Ya lo enterramos con un soldado”. Siempre lo mismo. Siempre sin papeles. Era la señal.
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