
¿Cómo interpreta la
entrega de las firmas?
LUIS MONTES:Conseguir 400.000
firmas es un hecho importante, un
esfuerzo que se ha hecho por algo
que, entiendo, es un clamor popular:
la defensa de lo público. Por
otra parte creo que tiene que servir
para que el PSOE se ponga las
pilas, sobre todo en la Comunidad
de Madrid. Creo que este partido
se tiene que definir porque es aquí
donde el proceso de privatización
es ya obsesivo. Las últimas declaraciones
de Tomás Gómez que
planteaban que se podía privatizar
un 15% o un 20% de la red pública,
son lamentables. Yo creo que la
entrega de las firmas puede ser un
punto de inflexión para que se derogue
una Ley que ya se sabe por
dónde ha derivado: o se participa
de esa derivación hacia la privatización
o la derogan, porque ha
funcionado francamente mal.
¿Cómo llegamos al momento
previo a la libre elección y la eliminación
de las áreas?
L.M.: Justo con el inicio de la crisis
del hospital de Leganés entraron
en lo que llamo la “demagogia sanitaria”:
faltaba llamar a los ciudadanos
y preguntarles si tenían una
casa amplia para poner un centro
de salud en la terraza. Ahora vuelven
con otra mentira que es que
para seguir con esa “equidad” hace
falta la libertad de elección. La
realidad es que necesitan esa libertad
de elección para rentabilizar
los centros privados. No veo en la
oposición de Madrid un freno a
esta locura ni que empiecen a llamar
a las cosas por su nombre.
Como contraste, lo que está habiendo
es una respuesta ciudadana
cada vez mayor. En cada centro,
en cada barrio, en cada asociación
de vecinos, en cada municipio
se están creando alternativas,
grupos que defienden la sanidad
pública. Hay que esperar a ver qué
surge de estas plataformas.
¿Y qué relación tiene esta deriva
con su caso?
L.M.: Siempre hemos dicho que
el Severo Ochoa fue parte de la
cortina de humo inicial. El caso
coincidió con la concesión a empresas
privadas de la construcción
de los ocho hospitales, uno
de ellos totalmente de iniciativa
privada, como el de Valdemoro.
Sólo se habló de los 400 homicidios
en el Severo Ochoa. En esos
cuatro o cinco meses no se habló
de otra cosa que de sedaciones
irregulares, de sedaciones excesivas,
de homicidios con premeditación
y alevosía... Poco a poco
todo se ha ido poniendo en su sitio.
Primero fue el Auto de archivo,
después fue el Auto de la
Audiencia Provincial de Madrid
que planteó que del archivo se retirara
cualquier referencia a mala
práctica médica en la sedación de
enfermos terminales. Luego fueron
nuestras querellas, contra
Lamela, contra la Cope, Tele5,
TVE y diversas personas; y al final
se obtuvo algo que era un clamor
popular, por lo menos para
los que hemos estado alrededor
del caso, que es que Manuel
Lamela no se fuera impune. No
tenemos una conciencia ingenua,
ni tenemos una bola de cristal,
pero es la primera vez que una
autoridad sanitaria se sienta en
un banquillo como imputado, como
declarante o aclarador. Personalmente
creo que es un hito
de la lucha ciudadana, que un político
y ex consejero se siente en
un banquillo por un tema que no
sea el ladrillo.
¿Qué ha quedado del caso
Leganés?
L.M.: Pienso que entraron con un
tema muy sensible para la ciudadanía
como el de la muerte, y lo
trataron de una forma nefasta y
creo que esto sensibilizó mucho a
la opinión, por lo menos, la de la
gente sensata y con madurez. La
respuesta ciudadana ha sido claramente
de apoyo, y además ha
venido desde sectores inimaginables.
El apoyo económico ha sido
muy importante y además lo seguimos
precisando. En lo sanitario
creo que tuvo sus efectos colaterales:
se empezó a tener mucho
miedo en una práctica habitual
como es la sedación terminal.
Ahora se está recuperando el debate:
se está volviendo a hablar
de cuidados paliativos, la crisis
del Severo Ochoa ha servido para
abrir el debate sobre la eutanasia
como derecho ciudadano.
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