Calero es autor de obras como
Isabel Muñoz Caravaca, una
biografía de esta militante socialista
y pionera del feminismo
que tuvo una importante labor
educativa en Guadalajara, así
como de una magnífica tesis
doctoral, Un siglo de Guadalajara,
1833-1931. En breve verá la
luz un libro suyo sobre los cinco
ministros anarquistas durante la
Guerra Civil española.
¿Cómo surge la idea de Cien
imágenes para un centenario.
CNT (1910-2010)?
El proyecto nació de las reuniones
de trabajo de la Fundación
Anselmo Lorenzo, que desde el
año 2006 comenzó a anticipar
diversas propuestas para la celebración
del centenario de la
CNT. La Fundación asumió con
entusiasmo mi propuesta y ahora,
después de 15 meses de trabajo,
el libro ha salido a la luz.
¿Qué destacarías de la obra?
Es el fruto de la colaboración de
casi un centenar de personas repartidas
por varios países. Casi
70 autores, más algunos que finalmente
no pudieron enviar su
colaboración por problemas de
salud; más de una docena de
amigos que nos han abierto y
prestado generosamente sus
imágenes o propusieron textos;
otros que diseñaron, maquetaron,
tradujeron textos o corrigieron
el libro… Es un esfuerzo
mancomunado y desinteresado
de tanta gente que, no por casualidad,
se refleja en un libro
sobre la historia de la CNT.

Se aborda la historia del movimiento
libertario desde los orígenes,
retornando a los inicios
del industrialismo en España,
hasta hoy. ¿Por qué este modo
de datación y no el propio del
centenario de la CNT?
El propósito era hacer un recorrido
por la historia del obrerismo
anarquista. La CNT sólo es
el resultado final de un largo camino
que los obreros de orientación
anarquista iniciaron en
1868 con la fundación de la sección
española de la Internacional,
que a su vez recogía la
herencia de las luchas acometidas
por los trabajadores desde
que en 1836 se puso fin al sistema
gremial. No es posible entender
la trayectoria de la CNT sin
conocer sus raíces.
¿Qué puede aportar al contexto
historiográfico actual?
Creo que el valor principal de este
libro es la diversidad de enfoques.
Han colaborado historiadores,
pero también sociólogos,
economistas, pedagogos, abogados…
No es posible abarcar la
historia de la CNT desde un punto
de vista exclusivamente laboral,
renunciando a estudiar sus
propuestas educativas, económicas,
sociales, culturales, recreativas…
El obrerismo anarquista ofrecía una alternativa para
la sociedad española de su
tiempo y para la vida de sus clases
populares. Estudiar a la CNT
es estudiar sus Ateneos, sus escuelas,
sus editoriales y periódicos,
sus cooperativas de consumo,
sus sociedades recreativas y
excursionistas, etc.
¿Cómo ves el trabajo de los
historiadores comprometidos
con el movimiento libertario?
Creo que muchos historiadores
estudian a la CNT, y al movimiento
libertario en general,
desde presupuestos y con herramientas
que no siempre resultan
válidas para analizarlo.
Por poner un ejemplo, los grupos
de afinidad que sirven de
cauce orgánico a los anarquistas
en largos períodos de nuestra
historia contemporánea no
dejan una huella documental,
su presencia no puede resumirse
en largos listados de sociedades
obreras o de huelgas laborales;
muchos estudiosos en lugar
de rastrear otras huellas reducen
o minusvaloran la presencia
y actividad libertaria.
¿Qué crees que este libro puede
aportar a la recuperación
de la memoria?
La memoria histórica, en lo que
tiene de conocimiento y recuerdo
del pasado de la CNT y, sobre
todo, la de los olvidados y
perdedores de la Guerra Civil y
de todas las batallas, siempre ha
gozado de buena salud. Me gusta
recordar que, en la escisión
que sufrió la CNT en 1979, a los
anarcosindicalistas se nos conocía
como “los históricos”, reconociendo
con evidente desprecio,
por los que se creían “renovadores”,
el peso específico de
nuestra historia y el valor que
nosotros dábamos a esa memoria.
Desde ese punto de vista, este
libro es una aportación más a
esa memoria particular que atesoramos
los anarcosindicalistas.
Otra cosa es eso que se llama
memoria histórica desde un
punto de vista legal, impulsada
y subvencionada por el Estado.
Desde esta perspectiva nada tenemos
que hacer o decir; para
recordar a los míos, para estudiar
su pasado y divulgarlo aquí
y ahora no necesitamos permiso
de nadie. Lo único que se le pide
al Estado es que desentierre las
fosas y que abra las cunetas; y
esto, que ha de hacerse necesariamente
con una cobertura legal,
no se cumple y se prefieren
los fuegos de artificio.