Periódico Diagonal

ENTREVISTA A HUWAIDA ARRAF, INTEGRANTE DE LA FLOTA DE LA LIBERTAD Y COORDINADORA DE FREE GAZA MOVEMENT

“No pararemos en nuestra lucha por romper el bloqueo”

Tras su liberación, después del abordaje del ejército israelí, charlamos con Arraf. Un día después, el 4 de junio, volvía a ser detenida en una protesta noviolenta junto al muro en Bilin.

Izaskun Sánchez Aroca / Redacción (Ramallah, Palestina)
Martes 8 de junio de 2010.  Número 127  Número 128
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ARRAF. La activista denuncia malos tratos por parte de los policías israelíes. Foto: Freegaza.org

DIAGONAL: La Flota de la Libertad formaba parte de una estrategia de resistencia noviolenta articulada a lo largo de Palestina, algo que Israel intenta deslegitimar. ¿En qué consiste dicha estrategia?

HUWAIDA ARRAF: Desde Free Gaza tenemos la consigna de no caer en sus provocaciones, de no responder a la violencia. Israel trata de mostrar que quienes afirmamos no ser violentos, lo somos. En el abordaje nos requisaron nuestros equipos así que las únicas imágenes son las suyas. De hecho, ellos fueron los únicos que atacaron. Todo el mundo estaba desarmado, tan sólo había cuchillos, como en cualquier barco. Afirman que el Marmara atacó primero, pero antes de tomar el barco los israelíes ya habían disparado, así que la gente se defendió. No había armas. Quizá algunas personas utilizaron sillas o lo que encontraron para defenderse.

D.: Esta resistencia se articula desde la base, desde la sociedad civil.

H.A.:Sí. Es un movimiento que cada vez crece más. Desde la sociedad civil llamamos a la comunidad internacional a sancionar a Israel, a boicotearlo. No importa cuanta violencia usen, no van a ser capaces de parar este movimiento. El ataque israelí demuestra que su política no tiene nada que ver con la seguridad, sino con el control y el aislamiento de la población palestina. No pararemos en nuestra lucha por romper el bloqueo a Gaza.

D.:¿Qué pasó al llegar al puerto?

H.A.:Querían que abandonáramos el barco. Había muchos medios de comunicación e intentaban mostrarse muy amables. Dijimos que no íbamos a abandonar el barco porque estábamos en aguas internacionales. No queríamos ir a Israel. Entonces nos dieron de nuevo con la pistola eléctrica y nos forzaron a salir. Fui una de las últimas en abandonar el barco y no supe qué le pasó a mis compañeros. Durante varios interrogatorios me negué a responder a sus preguntas, ya que había sido secuestrada por soldados armados y quería un abogado o un representante consular. El abogado nunca llegó, así que nunca respondí. A las pocas horas decidieron que querían liberarme porque tengo dos ciudadanías, estadounidense e israelí, no me pueden deportar. Si querían mantenerme detenida debería ir ante un juez para que decidiera, y en ese momento no les interesaba llamar más la atención. Cuando me iban a liberar les respondí que me habían quitado todos mis objetos personales. No quería separarme del resto de la gente. Me golpearon varias veces en la cabeza y me agarraron por el pelo para que entrara en un coche de policía. Después me sacaron por la fuerza y me tiraron al suelo. Lo siguiente que recuerdo es estar en un hospital.

D.:¿Fue denegada la ayuda a los heridos en el barco?

H.A.:Sí, sé por otras fuentes que en el Marmara fue así. Al llegar al puerto había un montón de ambulancias y comenzaron a hacer chequeos a la gente ante los medios de comunicación. Nunca supimos a qué hospital se llevaron a cada persona, ni cuántos muertos había.

D.:¿Cómo valoras las distintas reacciones internacionales?

H.A.: Muchos países se deberían haber posicionado hace tiempo en contra de la política de ocupación ilegal por parte de Israel. Además, la postura de otros países, como EE UU, no es muy buena. Nosotras íbamos en un barco estadounidense que navegaba en aguas internacionales, con bandera y ciudadanía también estadounidenses. Sin embargo, no han dicho nada de manera contundente. En cambio otros países sí lo han hecho, y eso es algo muy positivo.

D.:Sin sanciones parece que Israel goza de impunidad total.

H.A.: Es cierto. La condena no es suficiente. El ataque israelí a los barcos ha demostrado el nivel de violencia que este Estado utiliza para mantener el control sobre Palestina. Es importante demostrar esto, porque el silencio de algunos gobiernos europeos o de EE UU es lo que permite a los israelíes actuar así. Israel dice “Gaza está bloqueada”, pero este bloqueo es ilegal. Supone un castigo colectivo porque Israel niega bienes de primera necesidad. Lo hacen para presionar a los palestinos y palestinas, para que derroten a Hamas. Esto es ilegal, viola la IV Convención de Ginebra, pero nadie le sanciona.

D.:¿Cuáles son los siguientes pasos a dar?

H.A.: A pesar del nivel de violencia utilizado contra la Flota vamos a seguir organizando más barcos y trabajando hasta que termine el bloqueo de Gaza y la ocupación. Más gente se ha ofrecido a dejar sus barcos para romper el cerco a Gaza. Ya estamos planificando los próximos pasos que vamos a dar. Es bueno que haya más atención internacional ante el bloqueo a Gaza.

“Intentamos defendernos con nuestros cuerpos”

DIAGONAL: ¿Cómo fue el ataque a tu barco, el Challenger One?

HUWAIDA ARRAF: A cien millas de Gaza la armada israelí nos contactó por radio. Nos identificamos y dijimos que teníamos bandera estadounidense. Como a todos los barcos, nos pidieron que nos volviéramos.

Nos amenazaron con usar la fuerza si seguíamos adelante. Les contestamos que éramos civiles con ayuda humanitaria y que al no ir armados no suponíamos ninguna amenaza. Cuando la armada se aproximó, intentamos defender el barco con nuestros cuerpos.

Vimos cómo atacaban al Marmara. Vimos comandos navales armados en zodiacs y oímos explosiones, bombas de sonido. Dispararon incluso antes de llegar a los barcos. También llegaron helicópteros.

La gente de los barcos echó agua a las zodiacs para que no llegaran a su barco. No vimos más del ataque al Marmara, porque intentamos huir y comunicarnos con el exterior, pero habían interferido los satélites.

A los diez minutos nos abordaron con bombas de sonido, también usaron pistolas eléctricas. Reventaron la cabina de cristal donde nos refugiábamos, a mí me aplastaron la cabeza y me pusieron las manos en la espalda. Después nos grabaron con sus propias cámaras, intentando parecer muy amables, dándonos agua, etc.

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Portada número 167
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Boletín radiofónico Diagonal 150
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