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Opinión

Monte Dobra: crónica de una muerte anunciada

ESMERALDA MARTÍN
Jueves 29 de noviembre de 2007. Número 66

Al igual que el argumento escrito por el premio Nobel García Márquez, en el que se anuncia la muerte de un hombre, todo el pueblo lo sabe y nadie lo avisa, en esta situación se encuentra el Monte Dobra.

Este pico tiene una altura de 606 metros, una superficie de 9 por 5 km y se ubica entre los valles del Pas y Besaya, recorriendo los municipios de San Felices de Buelna, Torrelavega y Puente Viesgo. No es un lugar yermo e inhóspito. Está dotado de una gran variedad de fauna y flora que está protegida por las leyes europeas. Los valores prehistóricos e históricos que alberga son tales como las cuevas del Castillo, la cueva de Sovilla, y castros cántabros como Pico Loro o Toro, Las Varizas y Las Lleras. Todos estos valores, que pueden ser utilizados para estudio y educación de los ciudadanos, desaparecen paulatinamente, día a día, bajo las palas y cazos de las empresas extractoras de piedra caliza, y las del Gobierno Regional de Cantabria, para hacer una carretera.

Creamos habitáculos para conservar todo lo que nos parece bonito y digno de admirar, como museos, pinacotecas, bibliotecas, etc. Todo lo apreciamos por su valor económico, por el que le hemos otorgado las personas. Sin embargo, somos incapaces de valorar en su justa medida la naturaleza y la cultura, seguramente porque no tienen precio.

En este estado se encuentra el Monte Dobra, a merced de aquellos que no ven en él más que áridos. Pero no sólo de una o de dos, sino de ocho empresas que han establecido canteras por ambas faldas de la montaña y la están ‘mordiendo’, sin que nadie pueda salir en su auxilio.

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