
El 15 de diciembre se presentaba en las Cortes de Aragón una Iniciativa Legislativa Popular (ILP), avalada por más de 30.000 firmas, que pedía la protección de las zonas de alta montaña. Una propuesta que emanaba de diversas organizaciones de la sociedad civil (ecologistas, vecinales, deportivas...) con la intención de hacer frente a los desmanes que la Administración estaba promoviendo en el Pirineo aragonés, de mano de la sociedad pública Aramón.
La iniciativa pretendía frenar actuaciones como las ampliaciones de pistas de esquí en valles vírgenes, la creación de macroparkings para 2.000 coches, y sobre todo enfrentar los procesos de urbanización que se incluyen en estos proyectos como la contrapartida que permite hacerlos viables económicamente. Espuluciencha, Panticosa, Javalambre son algunos de los valles que actualmente se encuentran afectados, otros muchos se ven amenazados dentro y fuera de Aragón.
La propuesta presentada por la Plataforma en Defensa de las Montañas es el ejemplo más estructurado, la voz más legitimada, de quienes por todo el Estado luchan porque no le suceda a las montañas lo que desde los años ‘60 viene ocurriendo en nuestras playas: la implantación de un modelo turístico basado en la urbanización de todo lo posible, en el consumo insostenible de formas de relación con el medio y la destrucción de las culturas locales.
Quince minutos tardó el Gobierno de Aragón en decidir que esta iniciativa no era merecedora de ser tomada en consideración, de ser debatida y analizada. Los políticos no han estado a la altura de sus montañas, gestos de este tipo convierten las declaraciones sobre protección del medio ambiente y los cantos a la participación ciudadana en papel mojado.
Y a pesar de todo, esta ILP no es un paso en vano. La sensibilización producida, la experiencia acumulada, la legitimidad ganada, son pequeños logros que evidencian simplemente que no es el final del camino, que queda una partida por jugar en otros terrenos. Si algo enseñan las montañas es que para ascender a sus cumbres cada paso dado solo cobra sentido al llegar a la cima. Seguir, sigamos caminando.