“Uno vuelve siempre, a los viejos sitios, donde amó la vida…”. La voz sentida y desgarrada de la cantante Chavela Vargas cierra la proyección de una nueva joya del cine documental mexicano, que aborda el tema de la inmigración desde un punto de vista completamente innovador y con una delicadeza que conmueve. Detrás de esta sutil cámara que logra captar el día a día y los sentimientos de los familiares que “extrañan” a los que se fueron, está Juan Carlos Rulfo. El apellido de este cineasta pesa, pero pocos fuera, e incluso dentro de México, saben que el hijo del fallecido escritor mexicano Juan Rulfo (autor de Pedro Páramo y El Llano en llamas) decidió dedicarse al cine.

Juan Carlos Rulfo (45 años) no tiene la fama internacional que han alcanzado Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón o Guillermo del Toro, pero eso es lo de menos; lo de más es la calidad de los cuatro trabajos cinematográficos que ha realizado hasta la fecha, y que se han quedado fuera del círculo comercial. El más reciente lleva por título Los que se quedan (2009). En esta cinta no hay datos estadísticos de inmigrantes mexicanos que viven en EE UU, tampoco cifra alguna de las alucinantes remesas que envían a sus familias, y menos reflexiones políticas o académicas. En este documental lo que hay “son sentimientos; gente de carne y hueso que de pronto te abre las puertas de su casa y te cuenta cuánto y cómo extraña a su marido; cuánto a su papá; el miedo y la soledad que a veces les invade, y la incertidumbre que tienen respecto al futuro, un futuro que su propio país, México, les ha negado”, nos dice Rulfo en una entrevista. Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman (codirector de la cinta) recorrieron seis estados de la República Mexicana –Yucatán, Chiapas, Michoacán, Puebla, Zacatecas y Jalisco– en busca de las historias de ‘los que se quedan’. Se trata de familias que experimentan una profunda desazón ante la partida y lejanía del ser querido. “Estas personas tienen mucho que decir, y esto merece un tiempo y un ritmo suave y pausado de rodaje” dice Rulfo. Ésta es, precisamente, una de las características del cine de este director. El trabajo sin prisas. “Todo fue relativamente fácil, porque en realidad era colocar la cámara y ponerte a platicar con las familias, sin cuestionarios previos ni nada; simplemente hacer una especie de charla de sobremesa. La idea era que se pusieran a hacer su vida cotidiana al mismo tiempo que nos hablaban de ella con libertad absoluta; incluso existen charlas y discusiones entre los mismos personajes. Y finalmente con todo ello nos vamos dando cuenta de la gran fortaleza y dignidad que tienen estas personas”.
Voces del otro lado
Ahí está Maricela, una joven mujer de Yucatán con cuatro hijos, cuyo esposo está “al otro lado” desde hace tres años. Ella cuenta, como si de pronto la cámara fuera una de sus amigas: “Es mucho aguantar estar sin esposo, le digo a él cuando me habla (por teléfono). Son tantas cosas que te pasan como mujer sola con hijos... Aquí me han venido a golpear la puerta, a burlarse porque estoy sola, eso es lo que yo ya no aguanto. Eso es lo que le digo a él: aguantar todo eso sin ti... no”. Pascual y Juanita son una pareja mayor de campesinos que viven en la sierra de Puebla (centro de México). Antes de partir hace ya ocho años, su hijo Marcos les dejó un sembradío de ajos para que sobrevivieran. “Le digo a Marcos, mi hijo, que cuando se fue mi pelo era negro y ahorita mi cabeza ya parece como el volcán de Orizaba [blanco]”, dice Juanita resignada. Pero quizá la historia más terrible es la de Raquel, una indígena chamula de Chiapas a quien hace cinco años le mataron a su marido en EE UU. Ella recuerda la última vez que habló con él: “Fue un domingo, me habló por teléfono como las 4 o 5 de la tarde, me dijo que estaba bien y que ya tenía ganas de venir. ‘¿Por qué no regresas?’ le dije, ‘es que allá no hay mucho trabajo, además no tengo dinero’, me dijo. ‘No importa... ¡regrésate!’, le dije”. “Esta es la historia quizá mas impactante –reconoce Rulfo– porque, aparte de la marginación que sufre por ser indígena, ya no espera a nadie. Ya no hay esperanza de que su marido vuelva. Todas las familias de la película viven de alguna manera con la esperanza de volverse a encontrar, y ella ya no”. Pero no todo es drama, y los momentos de humor e ironía dan alegres respiros: “Es que al final la gente es increíble, y siempre guarda espacios para reírse de todo, hasta de sí mismos”, comenta Rulfo. “A mí lo que me gustaría con esta película es universalizar el fenómeno de la inmigración. En México fue muy fácil encontrar estas historias, porque casi donde te pares vas a encontrar alguien que te cuenta que tiene a un familiar ‘al otro lado’; y una familia nos llevaba a otra; pero esto está sucediendo en gran parte del mundo. Desde este punto de vista, hay que ver a la inmigración como un fenómeno global, con el que tenemos que aprender a convivir mientras en algunas partes o países persista la pobreza y desigualdad social”, agrega el cineasta.

Un fenómeno global
El caso de México siempre ha sido llamativo por estar al lado de la primera potencia del mundo: “Somos vecinos de EE UU, y hay libre comercio, eso está muy bien ¿no?” –ironiza Rulfo– “pero lo que está cabrón es que esa relación sea tan poco benévola. ¡No vale que nos vengan a hablar de legales e ilegales, es tremendamente injusto, hay intercambio de seres humanos y punto! Hay que ver que nadie se quiere ir por que así lo desee”, añade. El director se enteró de que la esposa del actual presidente de México, Felipe Calderón, entregó a Michelle Obama y a todas las esposas de los mandatarios reunidos en una reciente cumbre internacional una copia de Los que se quedan. “Está bien que la hayan entregado y ojalá el matrimonio Obama la vea y se sensibilice”, pero cuidado, que las críticas no son sólo para EE UU. “México se está quedando abandonado, porque las familias no pueden hacer un plan y estructurar una vida mirando al futuro. La economía es terrible, la educación está por los suelos, no existe la justicia, tenemos a los peores políticos, la violencia y el narcotráfico se apoderan de todo. México se ve como un país del que hay que huir. Explícate esto teniendo reservas de petróleo tan altas, con recursos naturales y humanos valiosos. Explícate que México no haya podido salir adelante y dado a su gente una vida con sistemas educativos y de salud dignos”, expresa con coraje Rulfo. “Fueron 70 años de PRI, vamos en el segundo sexenio del PAN y el país va para atrás. Esto es imperdonable. ¡Ya basta!, la gente tiene que decir ya basta, los políticos no dan posibilidades de hacer otro país. Son unos ineptos”, ataja finalmente.
GALARDONES
Cabe mencionar que Los que se quedan obtuvo el Premio del Jurado de Largometraje de Creación del Festival Documenta Madrid 2009. Además ha sido reconocido como mejor documental del Festival de Cine Independiente de Los Ángeles 2009 y del Festival Internacional de Guadalajara. Ahora Juan Carlos Rulfo confía en que su trabajo –que se exhibió en la Casa de América–, se estrene comercialmente en Madrid a principios del 2010. Y no niega que le gustaría ser nominado para un Goya el año que viene…