Con más personas como Ted Leo este sería un mundo mejor… y más divertido. No sólo porque es un tipo comprometido con discurso tan lúcido como honesto, sino por su manera de hacerlo llegar: en forma de melodías impecables, de rabioso power pop. Gira estos días por España con su banda The Pharmacist, tocando en locales de mediano aforo, presentando los temas de su reciente The Brutalist Bricks (Matador-distribuido en España por La Castanya).

Las críticas te suelen situar en algún punto entre la música mod y el punk. ¿No crees que son diferentes reflejos del mismo fenómeno: el grito de una juventud que empuña sus guitarras como un rifle de asalto?
En una palabra ¡sí! Lo has descrito perfectamente. Por supuesto, la mayoría de los aspectos de la cultura son cíclicos, y se manifestarán de diferentes formas en distintos momentos, con preocupaciones y motivaciones específicas. Pero es un espíritu de juventud singular el que fluye a través de todos ellos. “La idea de los jóvenes” tal cual proponen tanto The Jam como Fugazi.
Tu trayectoria despega en pleno período hardcore, sin embargo tu estilo mucho más melódico te separa de tus compañeros de generación. ¿Te has sentido en ocasiones un hombre fuera de su tiempo?
Debo decir que me siento más un hombre fuera de su tiempo ahora que en aquel entonces. Siento que en aquel momento la escena punk y hardcore, incluso la indie, eran mucho más tolerantes con artistas que saltaban las barreras hacia géneros distintos. Realmente, había una gran diversidad, e incluso destacamos un poco por nuestra abierta adopción de la imaginería mod. Hacíamos conciertos hardcore todo el tiempo y la gente entendió que tenía sentido. No estoy completamente seguro de que eso pudiera pasar hoy. Creo que internet, que permite a las personas comunicarse tan fácilmente con otras personas de intereses similares, ha llevado, irónicamente, a una excesiva estratificación en la mayoría de las áreas de la música “alternativa”. También me siento un poco a la deriva en términos de mostrar una conciencia social en tu música y un código por el que vives, y se refleja en la forma en que diriges tu negocio. A veces siento como si el mundo anarco fuera el único lugar para encontrar gente que vive sus ideales hoy en día. La idea de no firmar con un sello importante o no vender tus canciones para anuncios, a veces me da la sensación de que un montón de gente en el mundo “indie” lo ve como una broma y eso me hace sentir desplazado y viejo.
Publicas The Brutalist Bricks con el sello Matador. ¿Qué te ha aportado el cambio de discográfica?
Mi último sello, Touch & Go, se vino abajo y tuvo que cerrar sus puertas, al igual que Lookout! hizo antes. Yo estaba feliz en Touch & Go y no habría ido a buscar otro si no hubiera sido necesario. Dicho esto, respeto profundamente la historia y el catálogo de Matador, me gusta y confío en todos los que trabajan allí y me sentí orgulloso de que me pidieran formar parte de él.
¿Crees que el artista, aquel que tiene posibilidad de acceder a un público más o menos amplio, tiene el deber de expresar sus opiniones políticas?
Yo respondería sí; de esto trata la canción The High Party. Es mi opinión sobre lo que me gustaría que los artistas hicieran. Pero no es asunto de nadie decirle a otro lo que debe o no debe abordar en su arte. El arte, en primer lugar, debe ser profundamente personal y lo que el artista cree es cosa suya.
Bottled in Corck refleja el sentido del humor de tu banda, demostrando que la militancia es compatible con el sentido del humor.
Todos nacimos donde lo hicimos por casualidad, ninguno lo eligió. El mundo puede ser un lugar terrible, y a veces es difícil reír; pero el mundo es también bello y si lo puedes apreciar debes hacerlo. Además, si tienes sentido del humor, si encuentras cosas divertidas, ¡ríe! Y si puedes crear algo divertido, ¡hazlo! Aunque discutiría el uso de la palabra “militancia”, entiendo lo que dices y digo por supuesto que es compatible, ¡es humano! Aquí estoy, viviendo una vida llena de ira y frustración, pero también de esperanza y risa.
Imagino que tu canción dedicada a la Costa Brava fue fruto de tu participación en el Sant Feliu Fest. ¿Qué recuerdas de aquello?
Era el final de una larga etapa, de años muy duros, aparentemente muy importantes… Entonces, aquellos pocos días en Sant Feliu tuvieron todo lo que necesitaba que me recordasen sobre seguir adelante con el espíritu adecuado. Necesitaba reconectar con la belleza y con la idea de que la posibilidad de encontrarla está justo en nuestras propias manos. Y ese lugar me ayudó a hacerlo. También fue una reunión muy esperanzadora: verdaderamente tribal, más allá de la presencia opresiva de empresas de muchos festivales. Fue un momento verdaderamente orgánico y honesto, y eso fue muy importante en mi vida en ese momento.