DIAGONAL: ¿Qué le ocurrió?
M.K.: No suelo ir mucho por San Francisco, pero aquel día quedé con amigos a cenar. Aparqué el coche y vi a un amigo. Bajé la ventanilla del coche y estuvimos un rato conversando sobre la música que tenía puesta. Había seis ertzainas, uno se acercó y me pidió que bajara la música, que la calle no era una discoteca. Yo no escucho la música alta, pero la bajé y le pedí disculpas a pesar de su actitud chulesca. Al salir del coche, el cinturón quedó enganchado en la puerta. Me dijo que lo pusiera bien. Yo lo hice, pero le contesté que consideraba que eso no era un delito. Entonces se fue.
D.: ¿Qué pasó después?
M.K.: Que volvió su compañero. Me preguntó a ver qué le había dicho. Le dije que nada. Me insultó y me llamó “cara de mono”. Le dije que me diera el número de placa, que eso no iba a quedar así. Entonces me empujó contra la persiana de un local. Me pidió que me girara, le pregunté por qué. Entonces vinieron los demás. Me dijeron que había desobedecido a la autoridad. Me pegaron en los genitales, caí al suelo y me pusieron la rodilla en el cuello. Tengo fotos de los moratones. Un amigo mío grabó hasta que le llamaron la atención.
D.: ¿Le detuvieron?
M.K.: Les dije que no había justicia. Me dijeron que si no había justicia aquí, que saltara las vallas y volviera a mi país con los míos. Ese día rompieron mi integridad moral. Me detuvieron y me tuvieron retenido hasta las dos del mediodía. He presentado denuncia y tengo testigos.
S.D. asegura que no había tenido problemas con la policía, pero aquella tarde le identificaron en un bar: “Se llevaron a un chico que estaba hablando con una chica blanca. Como tenía hambre, salí. Tenían al chico contra un coche. Me dijeron que no mirara. Yo les dije que había mirado porque estaban en frente del bar. Como contesté, uno me llamó y me preguntó si tenía documentos. Le dije que estaban en el bar y que iba a buscarlos. No me dejó. Miró en mis bolsillos y no había nada. Entonces comenzó a bajarme el pantalón. Le dije que si quería los bajara dentro del bar pero no ahí. Quité las manos de la pared y me dijo que si lo volvía a hacer me daba una bofetada.
Entonces uno dijo: “¿Para qué queréis pantalones si sois todos unos animales?”. Me desnudé, me pidieron los documentos, entré en el bar y al ver que no tenía problemas iban a marcharse. Les pedí la placa. Uno apuntó el número. Al decirles que les denunciaría, otro de ellos rompió el papel y me dijo que marchara rápido si no quería problemas”.