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ORGANIZACIÓN | REPÚBLICA ÁRABE SAHARAUI DEMOCRÁTICA Y CAMPAMENTOS DE REFUGIADOS

Más que un movimiento de liberación

Sandra Lobato / Madrid
Jueves 9 de noviembre de 2006. Número 41
Desde hace más de 30 años, los saharauis exiliados en los campos de refugiados de Tinduf (Argelia) han desarrollado, a pesar de las carencias económicas, todo un sistema de organización.
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Foto: Alejandro Zapico / graphicpress.org

A lo largo de estas tres décadas, el Frente por la Liberación de Saguia El Hamra y Río de Oro ha conseguido construir un auténtico Estado, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), que tiene su base en los campamentos de refugiados de Tinduf, en los cuales las mujeres han encontrado la oportunidad de participar en la organización y administración de la vida pública, por lo que hoy son consideradas pilar fundamental de la supervivencia y desarrollo de su pueblo.

Los campamentos, ubicados en un territorio cedido por Argelia, se levantan sobre un desierto inhóspito (la hammada), donde las características de un terreno casi estéril dificultan la escasa actividad económica existente. Las aproximadamente 165.000 personas que allí viven dependen casi al 100% de una ayuda internacional que no llega a cubrir las necesidades básicas y que está condicionada por los juegos políticos de los países donantes.

Pese a ello, y gracias a la firme convicción de todo un pueblo de que su futuro incluirá la vuelta a casa, han sabido dotarse de un complejo tejido político-organizativo que desdibuja en nuestro imaginario la noción clásica de “campamento de refugiados”. Como cualquier Estado, el Gobierno de la RASD se articula a través de ministerios que van desde Asuntos Exteriores, Cooperación y Justicia hasta el de Asuntos Religiosos y de Territorios Ocupados y Emigración, encargado de mantener el vínculo con los saharauis que viven en la zona regida por Marruecos.

Los campamentos se dividen en cuatro wilayas (provincias), en las que el wali es el máximo representante. A su vez, éstas se dividen en dairas (municipios), en las que cada año se reúne el Congreso Popular de Base para elegir a los consejos populares, que son los encargados de la administración de la daira, tarea para la cual se sirven de juntas administrativas especializadas: Trabajo y Artesanía, Sanidad, Educación, Abastecimiento y Asuntos Sociales. La administración de la justicia se realiza mediante los tribunales primarios de Daira, la Corte de Apelación, y la Corte Suprema del Pueblo.

Además, existen organizaciones sociales que facilitan la participación de la ciudadanía en la organización de sus vidas, como la Unión Nacional de Mujeres, la Unión Nacional de la Juventud o la Unión Nacional de Trabajadores.

La sanidad es uno de los principales objetivos de la Administración. En todas las dairas hay un dispensario y una farmacia. En cada wilaya hay un hospital que ofrece servicios de medicina general, obstetricia- ginecología y pediatría. Y a nivel nacional, el Hospital General atiende los casos de mayor gravedad. El sistema sanitario es atendido por personal saharaui formado en países como Cuba y Argelia.

La educación, obligatoria, ha sido el otro gran logro del Polisario. La enseñanza primaria, donde el castellano sigue siendo el segundo idioma, se imparte en las dairas, la secundaria en las wilayas, y la universitaria se consigue mediante convenios culturales y de solidaridad con otros países. Además, cuentan con escuelas especiales para disminuidos físicos y ciegos. Sin embargo, este desarrollo se enfrenta a la paradoja de que, aunque hubiese medios, no se pueden construir infraestructuras estables, puesto que se levantarían sobre una tierra de paso, en la que los saharauis no desean vivir.

MUJERES SAHARAUIS Y SALUD
SANDRA LOBATO E IRENE PÉREZ
La salud de las mujeres y de sus hijas ha empeorado durante el exilio como consecuencia de la dependencia total de la ayuda internacional y de las políticas pronatalistas del POLISARIO, carentes de recursos sanitarios suficientes. Las presiones políticas, económicas y socio-culturales existentes en la crítica realidad de los campamentos repercuten negativamente sobre el cuerpo de la mujer y su autoimagen.

Por una parte, la baja proporción de hombres por mujeres, sumado al castigo social y efectivo hacia las madres solteras, potencia el común sometimiento de la salud a los cánones de belleza, en este caso de formas redondeadas y claras, promoviendo en muchas saharauis el consumo de corticoides y el empleo de hipopigmentantes naturales para blanquear su piel. Por otra parte, el elevado ritmo de natalidad, unido a una deficiencia nutricional durante el desarrollo, determina que la mayor parte de las mujeres adultas presenten anemias crónicas e incapacidad de mantener la lactancia. Como consecuencia, sus bebés nacen con muy bajo peso, agravado durante el desarrollo infantil debido a una propensión a padecer diarreas y enfermedades infecciosas. Según datos de la OMS en 2000, la mortalidad materna en el Sáhara es de 850 muertes por cada 100.000 nacimientos, con un riesgo de muerte materna de una por cada 26 embarazos. A pesar de ello, la presión social de su pueblo las carga con la responsabilidad de ganar la batalla demográfica en vistas al futuro referéndum. Y es frente a este aspecto donde el empoderamiento de las mujeres saharauis se evidencia, ya que en la última década han disminuido su tasa de natalidad, siguiendo su deseo de decidir sobre su salud y sus propios cuerpos.

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