
Cada día la prensa económica abre sus páginas con una estadística peor que la anterior. La morosidad en los créditos, que supuso el motivo de la crisis de las hipotecas basura en EEUU, también aumenta en el caso español. En el último trimestre de 2007, el impago creció un 116,2%. Mientras, el Instituto Nacional de Estadística (INE) cifra en 27% el desplome de la compraventa de pisos. Hasta el 52%, por ejemplo, llega la reducción de las solicitudes para edificar bloques de pisos. En apenas dos semanas varias compañías inmobiliarias y constructoras se han declarado en suspensión de pagos. Por un momento, incluso pareció que los promotores inmobiliarios admitieron la gravedad de la situación, al anunciar una caída de los precios del 8%, aunque al día siguiente, vistas las repercusiones del anuncio, optaron por desdecirse. La parte buena: acaba la burbuja artificial del ladrillo. La mala: la crisis inmobiliaria y financiera empieza a extenderse a la llamada ‘economía real’. El freno en la construcción afecta ya a los ingresos públicos. En los dos primeros meses de este año, el Estado recaudó un 8% menos del IVA que en 2007. A esto se añade el aumento del paro. Hasta la fecha, la construcción ha sido uno de los sectores que más ha absorbido a nuevos trabajadores. Según las previsiones, la crisis destruirá 600.000 puestos de trabajo, muchos de ellos de población inmigrante, con mayor indefensión ante un largo periodo de desempleo.
Antes de las elecciones del 9 de marzo, la prensa internacional advertía. “El dolor llega a España” titulaba The Economist. A la victoria en las urnas iba unido un regalo poco agradable: gestionar el fin del ciclo del ladrillo sobre el que se ha sostenido la economía española durante más de una década. ¿Cómo harán frente a la situación los actores económicos? De momento, el Gobierno ha dado órdenes a los ministerios para que aceleren sus licitaciones de obra pública, con la idea de mantener en pie la máquina constructora.
A su vez, las grandes constructoras, unidas en el lobby del G-14, ya están consiguiendo que el Estado les transfiera dinero público para pagar los patos rotos del desenfreno urbanizador. Son los primeros parches temporales. Después de años en los que se ha construido más que en Alemania, en Francia e Italia juntos, queda por ver qué será de la economía española una vez el ladrillo ya no dé más de sí.
LA DIMENSIÓN INTERNACIONAL
Atendiendo a los designios del Banco Central Europeo
FERNANDO B. (ECONOMISTA)
En el mercado español, al desplome
interno del ladrillo se une la crisis
financiera internacional. Debido
a la globalización, los mercados
financieros actúan en estrecha interrelación.
La crisis hipotecaria en
EE UU ha afectado también a Europa
porque bancos europeos habían
invertido en fondos que contenían
entre sus valores hipotecas basura.
Del otro lado, bancos estadounidenses
afectados por la crisis también
tienen inversiones en mercados
financieros europeos, lo que
explica el efecto contagio. Ante
esta situación, el Banco Central
Europeo (BCE) se ve obligado a
nadar entre dos orillas: si la desaceleración
económica aconseja
una bajada en los tipos de interés,
éstos se han mantenido en una tendencia
alcista, para frenar la inflación
(con tipos bajos, el crédito es
más barato, con lo que el consumo
se puede expandir).
Pero no son sólo las decisiones del BCE las que afectarán en los años próximos a la economía española. La incorporación a la UE de los países de Europa central y oriental ha producido una bajada en la media estadística de la renta per cápita europea, situando a España en los niveles medios. Esto conllevará la pérdida de los fondos de cohesión, que irán para los socios con menor renta, y convertirá a España en contribuyente neto a partir de 2013: por primera vez en décadas, el Estado pagará a Europa más de lo que reciba en concepto de ayudas.
SOLBES GANA PESO EN EL GOBIERNO
El superávit no verá el final de la legislatura
M.D.L.
Pedro Solbes acaba de celebrar un
particular cumpleaños. Según él
mismo recordó en un encuentro con
empresarios, el 18 de marzo de 1968
comenzó su carrera en la administración
pública. No ha aprovechado mal
estos años. Como ha publicado El
Economista, hoy Solbes recibe
10.600 euros al mes por dos sueldos,
como viceministro del Gobierno y
como ex comisario europeo. Su figura
se ha vuelto central en el Gobierno,
hasta el punto de que Solbes ha pactado
con Zapatero limitar las funciones
de la oficina económica de Moncloa
y fortalecer el papel del Ministerio
de Economía. De este modo, Solbes,
el ministro que llegaba a presumir de
no haber aumentado el gasto público
durante la anterior legislatura, contará
con más autonomía para sus decisiones.
Esto no significa, en cualquier caso, que la oficina de La Moncloa vaya a abandonar su papel de diseñar una línea económica acorde a las directrices neoliberales de Europa. Mantendrá un papel destacado David Taguas, principal asesor económico de Rodríguez Zapatero, y cerebro, por ejemplo, del primer paso hacia la privatización de la Seguridad Social (SS): una ley que permite que una parte de las reservas de la SS se destinen a fondos de renta variable. Otro hombre del presidente, el efímero candidato por Madrid, Miguel Sebastián, también destacó en la oficina por medidas propias de cualquier think tank neoliberal, como el tipo único en el IRPF. Por el momento, la primera medida concreta con fecha de aprobación para estos cuatro años es para una medida liberal, devolver 400 euros a cada contribuyente, independientemente de su nivel de renta.