Habría que recordar a algunos periodistas –por llamarles algo– que la huelga es un derecho fundamental que no se puede conculcar y que se hace en respuesta a una agresión. Para ellos es violento un piquete que informe sobre el derecho a la huelga y no lo es pedir a la policía que se emplee a fondo para garantizar el “derecho al trabajo”.
¿Qué significará para ellos eso? ¿La explotación en silencio, el derecho divino por el que una España tiene que sangrar y la otra sólo bostezar?
¿ No será más bien ese concepto vacío, ancestral, atávico de los señoritos de esta tierra por el cual, si no aceptas tu papel –tu papelón– en silencio resignado, se te puede masacrar alegremente? Ya están las fuerzas de seguridad bien entrenadas para eso, pero antes también están los ‘calumnistas’, la caverna mediática, la Brunete de los medios; la desfachatez de la derecha: los que desinforman, confunden, justifican y, después, condenan a sus enemigos –ellos sí tienen claro quiénes lo son– y defienden las intervenciones de la policía.
No hacen sino lo que han hecho siempre los agradecidos muchachos de la prensa al servicio del capital. Unos con más finura y otros más toscamente. Unos, como Vicente Lozano, de El Mundo, sostienen que hay que cambiar el modelo productivo del país y que hacen falta sindicatos menos politizados; otros, directamente, como Pablo Molina de Libertad Digital, sostienen que los sindicatos van a impedir a los empresarios crear empleo. Y que en realidad la huelga es para curarse de la dura vuelta de las vacaciones.
Olvidando el discutible papel de los sindicatos, desde el blog de El Mundo, un tal Salvador Sostres llama “holgazanes” a la gente que vaya a la huelga y afirma que el derecho a hacerla es algo “perverso”.
No obstante, algunos pocos, como Isaac Rosa, avisan de lo que están haciendo sus colegas y de la idea fuerza con la que nos golpean y que no es otra que “como la huelga va a fracasar, mejor no te sumes, y así seguro que fracasa”.