
“Un país asolado por la corrupción y el desorden económico, con infraestructuras destruidas y una administración arruinada”: La Venezuela de Hugo Chávez que presenta El País es una república al borde del colapso. Con Evo Morales en el poder, Bolivia tampoco goza de mayor suerte en sus páginas. Hace pocas semanas, el diario de referencia de Prisa alertaba: “El creciente papel de Caracas y La Habana en el devenir de Bolivia comienza a crear un serio malestar, tanto de la oposición política como de distintos sectores de la sociedad”.
Pese a estas informaciones, distintos sondeos de opinión llevan a cuestionar este malestar entre los ciudadanos. Según datos del último Latinobarómetro, el 65% de los venezolanos aprueba la gestión de Chávez al frente del país, un porcentaje muy superior a la media de América Latina. En Bolivia, a su vez, Morales obtuvo mayoría absoluta con el 54% de los votos y su popularidad ha aumentado con la nacionalización de hidrocarburos.
Imperio mediático
Repasar los intereses económicos de
Prisa en la zona es un ejercicio útil
para comprender mejor el choque
entre la realidad que perciben los ciudadanos
de ambos países y la que
aparece en los medios de este grupo.
Porque en algo sí aciertan las críticas
de El País. Un ejemplo: en el mismo
artículo sobre Morales, el periódico
afirma que “la prensa boliviana refleja
casi a diario el creciente malestar
por el aquí llamado ‘tutelaje’ de
Chávez sobre Morales”. Teniendo en
cuenta que el grupo Prisa es el principal
accionista de la mayor cadena
televisiva de Bolivia (ATB) y que además
edita tres de los diarios más importantes
del país (Extra, El Nuevo
Día y La Razón), probablemente esa
aseveración resulte irrebatible.
Las críticas de la prensa no son menores en Venezuela, ni la presencia de Prisa resulta menos desdeñable. Jesús de Polanco posee allí inversiones cruzadas con el grupo Cisneros, que con la cadena Venevisión por bandera constituye el mayor grupo mediático del país. En 1996 Cisneros se hizo con un 6,9% de Vía Digital, una plataforma que terminó integrada en Sogecable. A ello se suma el nexo de unión entre ambos que constituye el grupo empresarial Valores Bavaria. Cisneros es uno de los socios estratégicos de esta compañía, a través de la cual tiene presencia en el Grupo Latino de Radio, el holding en el que, con un 87% de acciones, Prisa agrupa toda su actividad radiofónica fuera de España. Y Bavaria reaparece en Caracol Radio, cadena líder de Colombia donde Polanco posee el 19% de acciones.
En cuanto a sus contenidos, el socio de Polanco en Venezuela está lejos de ser un ejemplo de objetividad. Su canal televisivo, Venevisión, no sólo constituye uno de los pilares de la oposición a Chávez. También ha sido denunciada por su implicación directa en el intento de golpe de estado de abril de 2002. Los grandes medios del grupo mantienen desde entonces una guerra abierta contra el gobierno. En este enfrentamiento, los intereses comunes con Cisneros hacen que a Prisa no le cueste decidir en qué trinchera situarse.
Colonialismo en red
En la red de negocios de Prisa no cabe
ignorar los vínculos con las demás
empresas que también han
desembarcado en América. En publicidad,
Repsol-YPF invierte cada
año cantidades millonarias en medios
del grupo. Telefónica, operadora
líder en telefonía en la zona, es
dueña del 20% de la acciones de una
de sus empresas: Sogecable. Por otro
lado, el imperio de Polanco también
mantiene lazos accionariales con las
dos primeras entidades financieras
en América Latina, BBVA y BSCH,
lo cual genera una red de confluencias
entre las grandes empresas españolas
de los sectores financiero,
energético y comunicativo. El proceso
de nacionalización del gas en
Bolivia ha sido el ejemplo más reciente
de este fenómeno. De forma
directa o indirecta, los problemas a
los que se enfrentan algunas de estas
empresas acaban afectando al resto.
Los intereses comunes tienen reflejo en las páginas de El País. El pasado 13 de marzo, bajo el titular de ‘España se la juega en el extranjero’, el diario iniciaba una serie de artículos donde aplaudía “la gran aventura empresarial en América Latina” como “una apuesta sumamente audaz”. Y añadía: “Bancos Santander y Bilbao pasan a convertirse en poderosos instrumentos de influencia de la política exterior, que anuncian el regreso de España como agente activo de la vida internacional”. Pero en medio del optimismo El País ve algunos riesgos. Saltándose su propio libro de estilo, donde se establece que “el uso de adjetivos calificativos debe restringirse en los géneros más puramente informativos, en los que prima la objetividad”, el periódico carga contra los movimientos que hacen frente a esta colonización empresarial. La objetividad brilla por su ausencia a la hora de describirlos: “explosiones telúricas de un magma indigenista, etnopopulista y nacionalista, más o menos hostil al capital extranjero”.
Los negocios de Jesús de Polanco han confluido además directamente con los del Estado español. El ejemplo más nítido se da con Santillana. A través de ella, Prisa no sólo posee nueve sellos editoriales e implantación en un total de 22 países. Además, bajo gobiernos del PSOE, la editorial hace grandes negocios con Fondos de Ayuda al Desarrollo. Con frecuencia, el Estado español condona la deuda y el país empobrecido invierte parte del dinero en libros y material educativo de empresas españolas. Por lo general, las de Prisa. Esta práctica ha sido a veces denunciada como un escándalo. En 2000, la prensa chilena revelaba que durante su etapa en el Ministerio de Educación, el presidente Ricardo Lagos compró material con un sobreprecio de 664 millones de pesetas, un 70% por encima de su coste.
Bolivia vivió otro caso similar. Tito Hoz de la Vila, ministro de Educación durante el mandato del ex presidente Sánchez de Lozada, se vio obligado a responder en los juzgados por un manejo irregular en la licitación de una polémica reforma educativa que dejó en manos de Santillana la producción y venta de libros para los estudiantes de primaria. Y en 2002, el diario boliviano La Prensa denunciaba que una hija del ministro, María Cristina Hoz de la Vila, fue contratada en Madrid como consultora de recursos humanos de Santillana.
Treinta años después, el escándalo seguía el guión de una de las primeras maniobras de Polanco. Según relata Jesús Cacho en El negocio de la libertad, en 1970 el ministro franquista Villar Palasí ofreció a Santillana información privilegiada sobre su reforma educativa. Al curso siguiente, esta editorial fue la única con libros actualizados. Polanco se hizo rico. Años después, Villar fue contratado en Santillana. En América, estas complicidades no han faltado a lo largo de décadas. Ahora el mapa político cambia. Varios países se niegan a seguir el juego. Con tanto dinero en la zona, poco sorprende la hostilidad de Prisa hacia Chávez y Evo Morales.
Grupo Cisneros: el imperio del Berlusconi venezolano
Su fortuna personal se calcula
en unos 5.000 millones de
dólares. Gustavo Cisneros, propietario
del Grupo Cisneros, es
la tercera persona más rica de
América Latina y la más adinerada
de América del Sur. Las
empresas que forman su organización
operan en más de 50
países de América, Asia y Europa.
Entre las más destacadas
cuenta con Venevisión, la
mayor red de televisión de
Venezuela y la mayor productora
en español de Sudamérica;
o Direct TV, empresa pionera
en televisión por satélite. Más
allá de las comunicaciones, es
dueño además del equipo de
beisbol Los Leones de Caracas
o del concurso de Miss Venezuela.
Entre su círculo de amigos se cuentan personajes como el Secretario de Estado durante la era de Nixon, Henry Kissinger; el magnate David Rockefeller, o los dos George Bush (padre e hijo). Una prueba de su poder se produjo en 1985, cuando el economista Lyndon H. LaRouche intentó difundir en Venezuela el libro Narcotráfico S.A., donde se relacionaba a Cisneros con el lavado de dinero procedente del narcotráfico. Los servicios de inteligencia requisaron todas las copias y un tribunal prohibió su circulación.
La idea de Cisneros sobre el periodismo quedó de manifiesto en los momentos de mayor conflictividad social en Venezuela. Durante las movilizaciones que siguieron al paro petrolero, entre diciembre de 2002 y marzo de 2003, Cisneros decidió que en sus canales no se transmitiesen manifestaciones a favor de Chávez. En el intento de golpe de estado transmitió de forma ininterrumpida los actos de la oposición, suprimiendo la programación cotidiana y renunciando a emitir publicidad.
LOS INTERESES DE PRISA EN AMÉRICA
En 22 países hay colegios que estudian con libros de Santillana.
La editorial está presente en casi todos los países de América Latina.
A través del Grupo Latino de Radio, Prisa alcanza 13 millones de oyentes en Latinoamérica, Francia y EE UU. En México, el sistema Radiópolis, participado al 50% por el Grupo Prisa, cubre el 90% del país.
El pasado mes de abril, Prisa anunciaba la apertura de una radio en el sur de EE UU, concretamente en California.
A través de Vía Digital y Caracol Radio, Cisneros y Polanco mantienen intereses cruzados en Latinoamérica.