El mediador familiar de la Plataforma de Afectados de San Ramón prepara a los hijos adoptados y las madres para un posible encuentro. El proceso requiere un protocolo.

Jaime Ledesma es el mediador familiar de la Plataforma de Afectados de las Clínicas San Ramón, Santa Cristina y Belén. Los adoptados de manera irregular que sufrieron las consecuencias del tráfico de bebés preparan el encuentro con su familia adoptiva en el caso de que tengan datos y deseen conocerla. Es un proceso largo que requiere la labor de un profesional que prepara psicológicamente a las dos partes. El adoptado cierra un círculo que se inició hace años.
DIAGONAL: ¿Cómo arranca el
proceso para que el adoptado contacte
con su madre biológica?
JAIME LEDESMA: Cuando el afectado
lo solicita, el mediador familiar
empieza a preparar un posible
encuentro. Antes de hablar con la
madre biológica tenemos que preparar
al adoptado o adoptada. Es
necesario que tengan claro cuáles
pueden ser las situaciones que se
podrían presentar y qué expectativas
tienen puestas en esa persona.
Cuando el adoptado se encuentra
fuerte y no atraviesa problemas con
su pareja, y ésta, o los amigos, le
acompañan en el proceso, no está
sólo el mediador social, iniciamos
el contacto con los familiares.
D.: ¿Usted llama por teléfono a la
madre? ¿Cómo actúa?
J.L.: Sí. Se hace entonces una primera
llamada. El mediador explica
un poco el porqué de la llamada,
con mucho tacto. Y se le sugiere
a la madre hablar por teléfono
en otro momento. En general,
ella cae en la cuenta de lo que
le dices, y casi nunca puede hablar
en ese momento.Yo lo entiendo,
porque, seguramente, hay
otras personas cerca, su marido o
algún hijo. En otra segunda llamada
se concierta un encuentro
con esa madre. Si es posible, por
la cercanía, procuro quedar en
persona a hablar con ella.
D.: ¿Toda esa información se trata
de forma confidencial?
J.L.: Sí. En el proceso de mediación
hay confidencialidad, por una parte
y por la otra. Hay preguntas que le
gustaría tener a una de las dos partes,
pero si una de ellas no quiere,
como por ejemplo dónde vive la
madre o el hijo, no se dice. Si no, se
truncaría el proceso.
D.: ¿Cuánto dura el proceso?
J.L.: Hasta que llegan a encontrarse
madre e hijo, el proceso puede
ser largo. Si quieren encontrarse.
Muchas veces lo que el adoptado
quiere es conseguir respuestas a
sus preguntas. Esos interrogantes
son básicamente dos: si fue una
adopción regular o no, o si fue
abandonado. Muchas personas
adoptadas dicen: “Bueno ya sé que
está bien y cómo fue todo, no necesito
encontrarme con ella”. En
otros casos, no se sienten preparados
y prefieren esperar. El hijo tiene
ansiedad por conocer a esa madre,
pero hay que entender que
ella necesite un tiempo. Los adoptados
necesitan respuesta a sus
preguntas. No es lo mismo saber
que fuiste abandonado que robado.
Hubo muchas irregularidades
en las adopciones.
D.: ¿La madre necesita también esa
mediación?
J.L.: Es muy importante que los
adoptados desde pequeños, a partir
de los cinco años, sepan que son
adoptados. La persona que se entera
con treintaytantos de que es
adoptada, tiene que recolocar su cabeza.
Surgen las preguntas. No se
trata de separar a nadie. Su madre,
es su madre, y con la madre biológica
hay otro vínculo. Por eso, el
mediador habla con los padres
adoptivos, que muchas veces se
sienten dolidos. Hay que explicarles
que su hijo necesita ese proceso.
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