Periódico Diagonal

MILES DE TUNECINOS LLEGAN A LA ISLA DE LAMPEDUSA

Los acuerdos con Italia, en cuarentena tras la revolución

Los cambios políticos en Túnez han dejado sin validez algunos acuerdos sobre fronteras establecidos entre Italia y el Gobierno de Ben Ali. Fruto de esto, aumenta la llegada de tunecinos a las costas italianas.

Stefania Muresu Sassari / Cerdeña (Italia)
Martes 8 de marzo de 2011.  Número 145
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Foto: Sara Prestianni.

Miles de tunecinos han llegado en las últimas semanas a la isla italiana de Lampedusa, a sólo 150 kilómetro de la costa de Túnez. Son más de 5.500, y todavía siguen llegando barcos. Aunque el ministro del Interior italiano, Roberto Maroni, ha definido como un “éxodo bíblico” los desembarcos, en realidad los flujos de inmigración desde el norte de África hasta Italia han sido constantes desde principios de 2011, y en comparación con la cifras del año pasado, 38.000 llegadas por mar, no cabe hablar de “invasión”.

Con la caída del régimen de Ben Ali, una dictadura apoyada por el Gobierno italiano, miles de jóvenes se han embarcado hacia Italia, aprovechando el menor control militar de las costas y la suspensión de los acuerdos bilaterales entre Italia y Túnez. Han salido principalmente de la ciudad de Zarzis, a 20 km. de la frontera con Libia, pagando más de 1.500 euros por pasaje a los intermediarios, aunque algunos se han organizado para comprar un bote.

Inmigrantes “de regreso”

¿Quiénes son los tunecinos que están viajando? En su mayoría se trata de varones jóvenes, con un nivel medio- alto de estudios, licenciados o con experiencias laborales en empresas. No necesariamente procedentes de zonas más pobres; por primera vez llegan a Lampedusa jóvenes de las zonas más ricas de la costa tunecina, en crisis económica por la caída del turismo y el caos político. Miles de ellos han emprendido el viaje en un momento de euforia colectiva, huyendo de un país donde no ven perspectivas.

Otro grupo lo constituyen los llamados inmigrantes “de regreso”: aquellos que vivían en Italia desde hace años y que fueron repatriados por el Gobierno italiano por medio de las leyes de expulsión, y que han aprovechado esta situación para tratar de reunirse con sus familias. Se trata de jóvenes que ya tienen vínculos de solidaridad con las comunidades de la diáspora en Italia o en Francia. Muchos de los migrantes llegados en las últimas semanas no piden asilo político ya que Italia es sólo un país de tránsito hacia otros destinos, y también porque tienen abierta la posibilidad de regresar a su país de origen.

Desde el 14 de enero de 2011, Túnez está atravesando un periodo de profunda transformación política, y las alianzas con el Gobierno italiano en tema de inmigración, garantizadas por el dictador Ben Ali, empiezan a no aplicarse. Los acuerdos bilaterales existen desde 1998, cuando se firmó el primer tratado de cooperación para la repatriación de los inmigrantes irregulares y se estableció un mayor control de las fronteras marítimas. Este acuerdo, todavía en vigor, prevé un procedimiento exprés para la repatriación de los sin papeles de nacionalidad tunecina.

Colaboración con dictaduras

En la base de los acuerdos que el Gobierno italiano ha firmado con la mayoría de los países del norte de África (Túnez, Libia, Marruecos, Egipto, Argelia) está la lógica de la política italiana sobre inmigración, que, a cambio del control interno contra la inmigración clandestina, garantiza a estos países el envío de fondos y suministro de equipos y tecnologías eficaces para combatir la inmigración ilegal.

De este modo, con estas subvenciones, Italia ha financiado en todo el Magreb la construcción de “centros de acogida” para los inmigrantes repatriados. En Túnez son 13, que funcionan como cárceles donde los inmigrantes repatriados viven encerrados, a veces torturados, en una constante violación de los derechos humanos. Como ha documentado el periodista Gabriele Del Grande, en varias ocasiones, Italia no ha respetado las directivas europeas en tema de inmigración, violando la Convención de Ginebra con las leyes de expulsión e instaurando relaciones bilaterales con los regímenes magrebíes, ignorando las procedimientos multilaterales exigidos por la UE.


ACUERDOS ENTRE BEN ALI E ITALIA

Desde 2009, Ben Ali había reforzado la cooperación con Italia para la repatriación en orden a diferentes motivaciones: a cambio de una re-documentación de los inmigrantes irregulares, su Gobierno recibía los fondos del programa europeo para “el regreso voluntario asistido”; legitimaba su régimen en Europa, buscando alianzas estratégicas con la UE, y por otro lado, a cambio de un mayor control militar de las fronteras, Italia establecía cuotas de ingreso de un cierto número de inmigrantes tunecinos en el país. Hasta hoy han sido 9.000 los inmigrantes tunecinos repatriados en virtud de los procedimientos de expulsión.

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Libia: Berlusconi ve peligrar el control de fronteras y una fuente de negocios

GIUSEPPE BOTTAZZI

Nadie había llegado de las costas libias y el Gobierno italiano (liderado por Berlusconi y apoyado por la xenófoba Liga Norte) ya pensaba en cómo instrumentalizar la tragedia de los refugiados. El plan: sacarle dinero a la UE para hacer frente a la “emergencia” y al mismo tiempo ganar consenso en el electorado de derecha en un momento muy difícil para su Ejecutivo. Con este propósito, el ministro del Interior liguista, Roberto Maroni, convocó una reunión entre todos sus homólogos de la Europa mediterránea (entre ellos Rubalcaba) en la que se ha alcanzado una posición común: la orilla norte no va a asumir sola la llegada de los migrantes procedentes de Libia. “Hay que enviarlos a Francia y Germania” dijo con su habitual xenofobia el líder de la Liga Norte Umberto Bossi.

El problema del Gobierno italiano es sencillo: con los “pactos de amistad” de 2008 entre Roma y Trípoli, Berlusconi había contratado con Gadafi la gestión de los flujos migratorios.

Por su cercanía a Sicilia, Libia es el pasaje obligatorio para quien quiera llegar a Europa pasando por el Mediterráneo. A cambio de dinero, Gadafi se había comprometido a parar la salida de barcos. Lo hacía a su modo, deportando al desierto a quien intentaba partir y dejándole allí. Ahora, con la posible salida de su socio en la zona en la orilla sur, el Gobierno italiano no podrá seguir con los “rechazos en mar”, es decir, devolver los barcos a Libia sin preocuparse de los refugiados.

Pero la gestión de fronteras no es el único negocio que tienen en común estos dos países. Según revela la asociación italiana Archivio Disarmo, las exportaciones de armas de Italia hacia Libia han crecido de manera constante desde 2006, alcanzando en 2009 los 112 millones de euros (eran 93 en 2008) en bombas, torpedos, aviones y equipos electrónicos de guerra.

El grupo clave de este comercio es la transalpina Finmecanica, holding de mayoría pública activo en el sector de la defensa (en la que Libia tiene un 2% del capital); este grupo ha vendido en los últimos años al régimen libio por lo menos 30 helicópteros militares. Además, el grupo tiene un acuerdo con Libyan Company for Aviation Industry para el mantenimientos de los equipos y la formación del personal y, a través de su controlada Selex Sistemi Integrati, ha firmado en 2008 un contrato de 300 millones de euros para realizar un gran sistema de protección de las fronteras.

Un acuerdo destinado a limitar los flujos migratorios cuyo beneficiario es en realidad la misma Italia.

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Portada número 174
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Boletín radiofónico Diagonal 150
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