
Pocas informaciones abordan la gran riqueza humana, cultural y económica que esconde el continente vecino. Pocos medios hablan de Senegal que, por ejemplo, afronta elecciones generales el próximo 25 de febrero. Y eso que son temas centrales de su debate electoral la masiva emigración, incluso sin papeles, en busca de mejores oportunidades, y las recientes deportaciones de senegaleses desde Canarias.
Yaye Bayam perdió a su único hijo, Alioune, el 26 de marzo de 2006. Murió ahogado en el naufragio de la embarcación con la que trataba de llegar a las Islas Canarias. Con él, además, viajaban otras 80 personas. Ninguna sobrevivió. Para Thiaroye Sur Mer, una aldea de pescadores situada a 20 kilómetros de la capital, Dakar, la noticia cambió por completo la vida de la comunidad. De allí habían salido la mayor parte de los ahogados. Algunas familias llegaron a perder hasta cuatro hijos. Un año más tarde, Thiaroye aún no se ha repuesto. Los cuerpos no han sido recuperados. Y a la tristeza se unen los problemas económicos. Varias familias se endeudaron para costear el viaje. Todavía hoy, muchos habitantes siguen debiendo dinero.
Hasta aquí, la situación de las familias de Thiaroye no se diferencia de la que se vive en otros países de África subsahariana. A lo largo de 2006 se calcula que fallecieron 1.167 personas a bordo de los cayucos, según los datos registrados por la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA). El número sólo cuenta las víctimas de las que existe registro. No es posible conocer la cifra exacta. Incluso para algunas fuentes la cifra podría alcanzar los 7.000 muertos.
En Thiaroye, sin embargo, las mujeres decidieron no dejarse llevar por el fatalismo y unirse para dar una respuesta al dolor. “No hacíamos más que llorar y llorar, pero un día me dije: ‘basta de llorar’, asegura Bayam. “Teníamos que secarnos las lágrimas y buscar cómo sobrevivir”. Así, pocas semanas después de perder a sus familiares, ella y otras madres y viudas de los cayucos formaron una asociación para ayudarse y buscar soluciones a los problemas que llevan a la inmigración. Desde entonces, la asociación ha crecido hasta congregar a cerca de 550 familias.
En este tiempo Bayam ha pasado a dedicar su vida a la asociación. En Thiaroye, su casa ha pasado a ser el punto de encuentro para decenas de mujeres. Allí se acompañan y consuelan. Para apoyarse económicamente se ha establecido una colecta. Cada integrante aporta una pequeña cantidad que se distribuye a las víctimas con mayores dificultades. A su vez, con el dinero se forman microcréditos para levantar la economía con la venta de zumos, cus-cus o máquinas de coser.
A estas actividades se une otra tarea: sensibilizar sobre la inmigración. A un lado y a otro. Con esa intención, el 31 de enero Yaye Bayam presentaba su asociación en la sede de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) en Madrid. Para Senegal, indicó, su objetivo es lograr convencer a los jóvenes de que no se jueguen la vida. “Senegal es un país en construcción. Debe ser construido por los jóvenes y para los jóvenes”, afirma. “Si sevan el país no puede construirse”.
Por este motivo, dadas sus experiencias personales, la asociación trata de sensibilizar a los jóvenes contra los viajes en las actuales condiciones. Una tarea que acompaña con la denuncia de los ‘pasadores’. Hasta la fecha, la asociación ha denunciado a cinco traficantes de inmigrantes, que se encuentran ya en prisión.
Oportunidad para el desarrollo
Todo ello, no obstante, no hace que desde Madres y Viudas de los Cayucos se olvide reclamar el derecho de libertad de movimientos para los inmigrantes. “Tenemos derecho a la inmigración”, subraya Bayam. “Pensamos que la inmigración es una oportunidad para el desarrollo de Senegal, y también de España”.
Para intentar aprovechar estas oportunidades, Bayam se ha entrevistado a lo largo de las últimas semanas con autoridades gubernamentales, ONG, agricultores y empresarios. Espera contar con apoyos para los proyectos iniciados en Senegal y que sus productos puedan venderse en el mercado español.
Al respecto de cambios en la política migratoria, Bayam aseguraba no conocer en profundidad las normas actuales. “No conocemos las leyes, no nos preguntan para hacerlas, sólo las padecemos”, reconocía en declaraciones a DIAGONAL. Pero aun así, explicó, cuenta con poder sensibilizar sobre las causas que llevan a la inmigración. Una causa poco conocida ha sido el abuso de los recursos de Senegal. “Ahora los jóvenes salen a pescar y no encuentran nada. Los barcos de Japón y de Francia nos quitaron el pescado”. En porcentaje, CEAR calcula que un 80% de las reservas pesqueras de Senegal se encuentran sobreexplotadas por Francia y Japón. La pesca artesanal ha dejado de ser rentable.
Lo mismo ocurre con otros sectores. Según CEAR, “los precios internacionales del cacahuete y el algodón, los principales cultivos del país, se han derrumbado debido a políticas proteccionistas de los países desarrollados”. Los jóvenes se sienten frustrados al no aportar ingresos a sus familias, pero es difícil encontrarlos. La primera opción es la emigración del campo a la ciudad, pero allí tampoco existe un tejido industrial que cubra la demanda. Para muchos, la inmigración se ve como la única salida. El caso de Alioune, ahogado en el estrecho, fue otro más de ellos. “Un día me dijo ‘mamá, reza por mí, hay dos cayucos que salen para las Islas Canarias”, explica Yaye Bayam. Como ocurre a cientos de madres en Senegal, fueron las últimas palabras que recuerda de su hijo.