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Más de 70 años después del golpe de Estado, miles de cadáveres de las personas represaliadas por el bando fascista aún permanecen bajo tierra, sin identificar, enterrados en las cunetas de carreteras cercanas a los pueblos en los que se desató la barbarie.
Paco Etxeberria, médico forense, señala que se da la circunstancia de que la mayoría de las fosas están donde triunfó la sublevación al principio: ahí no hubo guerra, por tanto.
El porqué han permanecido así durante tanto tiempo obedece a distintos y complejos factores: el miedo tras la guerra, el rencor, la durísima posguerra y ya en tiempos de democracia la dejadez, en muchos casos intencionada, de los distintos poderes públicos. Aún hoy son contadas las ocasiones en las que alcaldes, fuerzas de seguridad o jueces se interesan por las exhumaciones.
Exhumación en La Mazorra
Luisa, a sus 88 años, ha llegado desde París con la esperanza de encontrar los restos de su padre enterrados junto a otras 12 personas. Cuando tenía 13 años, un 18 de noviembre de 1936, en el valle de Valdivieso, los falangistas organizaron una “saca de presos” de la cárcel de Villarcayo. Presos que eran vecinos y vecinas de la Merindad de Sotoscueva (Burgos) a los que asesinaron. Luisa quedó huérfana y al cargo de sus hermanos.
Los restos de los asesinados han permanecido desde entonces en el puerto de La Mazorra, maniatados, apenas a 50 metros de la carretera de Burgos a Valdenoceda. También han permanecido en la memoria del conductor de autobús de línea que casi presenció los hechos, y en la de los familiares y vecinos de los entonces desaparecidos.
Hasta hace unos años, y desde la muerte del dictador Franco, decenas de velas iluminaban cada noche ese campo cercano a la carretera.
Del 5 al 8 de mayo de 2011, un equipo de voluntarios de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, coordinado por el médico forense Paco Etxeberria, se ha encargado de la exhumación de estos 13 cuerpos.
Desde el primer momento han permanecido junto a ellos, y a pie de fosa, Pedro –hijo de otro desaparecido– y Elisa –su sobrina–. Decenas de familiares acudieron para facilitar su ADN a Aranzadi, con la esperanza de que, esta vez, entre aquellos restos se encuentren los de los suyos.
Pasará tiempo hasta que se pueda saber si alguno de los cuerpos es el de un familiar; mientras tanto continuarán los trabajos de exhumación, reclamando justicia para los miles de cuerpos de desaparecidos que permanecen a pocos metros bajo tierra, en campos y caminos del Estado.