Explicar el carácter de las fuerzas
políticas que actuaban para entender
el triunfo de la Unidad Popular
(UP), tiene como objetivo mostrar
algunos rasgos que llevaron a definir
el proceso conocido como la ‘vía
chilena al socialismo’. Uno de sus
elementos históricos distintivos fue
la evolución de los mecanismos de
representación institucional de las
clases sociales populares y sus partidos
políticos. En estas luchas por
participar y construir ciudadanía el
pueblo chileno no ha dejado de sufrir
la represión política, sea en la
etapa oligárquica del siglo XIX o durante
gran parte del siglo XX. Pero a
diferencia de Colombia o Uruguay,
en Chile desde el siglo XIX organizaciones
de resistencia y mancomunales
dieron origen a los partidos
obreros. En 1922 se fundará el
Partido Comunista cuya fuerza se
trasmite por la presencia de dirigentes
como Luis Emilio Recabarren. En
1933 aparece el Partido Socialista,
que tiene en Marmaduke Grove a
una de sus figuras relevantes. En
1932, junto a otros correligionarios,
del 4 al 16 de junio, declara la primera
república socialista de América
Latina, cuya efímera existencia
tendrá, por sus decretos no derogados,
una gran importancia en el
Gobierno de la UP. Así, dos partidos
obreros de tradición anticapitalista
y marxiana marcan la hegemonía.
Igualmente, el sistema político contó
con una evolución de la derecha
cuya unidad ideológica se centró en
hacer frente a la propuesta socialista-
comunista, combatiéndola en medio
de la guerra fría y el triunfo de la
revolución cubana. En contrapartida,
fruto de la lucha política, nacía
una nueva izquierda latinoamericana,
crítica de los partidos comunistas
y de la URSS, de pensamiento
guevarista y con propuestas insurreccionales
de toma del poder político,
en Chile articulada alrededor
del Movimiento de Izquierda Revolucionaria
(MIR), fundado en 1965.
La vía socialista
La lucha social se agudizaba y la remodelación de la derecha era urgente, conservadores y liberales se refundan en 1966 bajo el nombre de Partido Nacional. Otros partidos con nuevos discursos, como la Democracia Cristiana (DC), nacida en los años ‘40, buscaban su sitio. Su éxito en las elecciones de 1964 era una voz de alarma. Un exuberante Eduardo Frei Montalva, ya presidente de Chile (1964-1970) se presentaba como centro derecha, e hizo que DC tomara un protagonismo hasta ese momento inexistente. Los nuevos sectores medios urbanos no eran la expresión ilustrada del orden social, por ello proporcionó el arsenal propagandístico del ideario anticomunista y principios católicos que apostaban por un cambio social ordenado y gradual, cuyos ejes eran proteger la familia, con un Estado benefactor de corte keynesiano. La Democracia Cristiana canalizó la militancia política y movilizó el país a través de una campaña de guerra psicológica incrustada en el discurso del miedo al comunismo y la propaganda anti- marxista, tan efectiva años mas tarde para derrocar al Gobierno de Allende. Con estos ingredientes, DC, en las elecciones a diputados de 1965, se transformó en el primer partido con un 42,3%. Cuatro años mas tarde, en 1969, DC sufrirá una profunda crisis por el abandono de su sector más progresista, que acabará en la UP, el Movimiento de Acción Popular Unitario (MAPU).
Llegados a 1970, Chile posee un sistema político claramente definido, una tríada. Una derecha articulada en torno a un proyecto refundacional, como se demostrará después del golpe, con una clara propuesta neoliberal presente en el programa electoral de la candidatura de Alessandri Rodríguez. Por otro lado se encuentra DC, cuyo Gobierno se desploma. La represión al movimiento obrero, ‘pobladores’ y campesinos, así como su marcha atrás a las reformas, deja sin salida y frustra las expectativas de una parte importante de su militancia. Las demandas por ampliar los derechos sociales y la necesidad de ampliar la democracia solicitados por las organizaciones populares, en el interior de una sociedad altamente politizada y con un nivel de organización social sin parangón en el continente dan como resultado una respuesta singular. La izquierda, tercer elemento, se prepara en dicha dirección. El cambio social se presenta cuestionando los gobiernos reformistas y sus políticas desarrollistas. Los acuerdos entre la izquierda marxista, sectores laicos, progresistas, cristianos, y socialdemócratas cuajan al introducir una opción socialista en la propuesta electoral. Emerge la UP, coalición formada por los partidos socialista, comunista, radical y social demócrata, el MAPU y Acción Popular Independiente. El candidato será Salvador Allende. Las fuerzas populares definen su propuesta de la siguiente manera: una alternativa popular y, por lo tanto con la tarea fundamental de que el Gobierno ‘del pueblo’ termine con el dominio de los imperialistas, de los monopolios, de la oligarquía terrateniente e iniciar la construcción del socialismo. El socialismo adjetiva el programa básico de transición. Eso fue lo que Allende denominó ‘la vía chilena’ en su discurso al congreso el 21 de mayo de 1971. Cinco son sus puntos estratégicos: 1)cambio de legalidad vigente; 2) transformación de la institucionalidad y reforma constitucional; 3) conquista plena de las libertades políticas; 4) respeto al Estado de derecho y no al uso de las armas; 5) socialización de los medios de producción.
Desde el triunfo de la UP, el 4 de septiembre de 1970, la derecha y la DC se coaligaron para desestabilizar el Gobierno, creando las condiciones para el golpe de Estado. El bombardeó del palacio presidencial el 11 de septiembre de 1973 es el símbolo de la ignominia y la traición a un pueblo y a su dignidad. Junto al imperialismo, las clases dominantes crearon las condiciones que han demostrado, no lo inviable de la vía chilena al socialismo, sino lo antidemocrático de la burguesía chilena. Aunque no se han abierto las grandes alamedas, llegará ese día y al decir de un poeta: “pagarán su culpa los traidores”.